Auditores ¿especie en extinción?

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Pareciera lo contrario, dado que se encuentra en los medios y en la red diversos artículos que hablan sobre el promisorio futuro de los auditores, y también organizaciones e instituciones promueven la idea, “auditoría una profesión de futuro”, tal como el Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España (ICJCE) en su reciente número del órgano de difusión. Luego, estaba equivocado José Antonio Gonzalo, otrora Presidente del Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas, al afirmar “Esta profesión corre el peligro de desaparecer por inútil, en el caso de que no se demuestre el interés social”. O, ¿acaso ya se demostró?

Según, Antonio Fornieles, vicepresidente del Registro de Expertos Contables (REC) sí, al sostener “Queremos que los expertos contables tengan un papel clave en favor del interés público” y agrega “La mayor parte de los más de 2.500 miembros que hasta la fecha tenemos en el REC, reúnen la condición de ser experto contable y auditor” (revista Auditores, número 23, febrero 2016, pp. 6-9). Pero, sí el Instituto de Censores Jurados de Cuentas ha propuesto una nueva regulación de la auditoría pública y un cambio en el modelo de supervisión, y su primer punto es “Definir un marco que obligue a la realización de auditorías externas en entidades públicas que reúnan unos determinados requisitos de dimensión (presupuesto, número de trabajadores, interés público, etc.)”. Entonces, sí el ICJCE propone una nueva regulación donde se considere el interés público es porque ni es condición ni es papel clave en los auditores.

Y todavía Mario Alonso Ayala, presidente del ICJCE, sostiene que “Estos últimos años hemos sufrido varios problemas. Uno de ellos, de los más significativos, no es nuevo, pero sí ha adquirido mayor relevancia: la dificultad que tenemos para comunicar qué es la auditoría, lo que afecta directamente nuestra imagen. Tenemos que aprender a comunicar bien, en qué consiste nuestro trabajo, qué es y qué no es una auditoría” (Ídem, editorial, p.3). Es decir, el problema de saber qué es la auditoría no se encuentra en la indeterminación de sus nociones fundamentales (como la independencia y objetividad) ni tampoco en la evasión de dar respuesta a las necesidades generales de la sociedad, como lo económico, laboral, político y social de un país sino se reduce a una cuestión de comunicación.

En el fondo, el pensamiento de la auditoría considera que las crisis y debilidades de su práctica se originan en causas externas, y no en el reconocimiento que el actual modelo de auditoría, y por ende, de la fiscalización se desmorona ante nuestros ojos, y se interpreta que la crisis de la auditoría es un fenómeno del pasado, por ejemplo Pilar García, responsable del departamento de calidad, dice “Los acontecimientos vividos a principio de este siglo, con sonados escándalos financieros, y muy especialmente la crisis económica mundial iniciada hace ocho años, han enturbiado la credibilidad en las auditorías. Reguladores y supervisores han centrado sus esfuerzos (…) al entender que la base de la confianza en el trabajo de las auditores es la calidad” (Ídem, Calidad en la auditoría, p. 38). Es decir, en el horizonte de la auditoría se considera que la falta de credibilidad en su trabajo se ha resuelto, en este caso por las auditorías de calidad, y en otros se ha propuesto que la solución es la auditoría de desempeño, auditoría forense, auditoría de gestión de riesgos y etcétera. Aunque en lo básico permanecen imperturbables ante la proliferación de la corrupción, los fraudes y la incorrecta gestión de fondos públicos, tal como afirmó Antonio López Díaz, Consejero de Cuentas de Galicia, “no puede hacerse recaer sobre las instituciones de control la responsabilidad por la no evitación de tales conductas. Debe tenerse en cuenta que esa no es su finalidad específica, ni tampoco disponen de los instrumentos” (revista Auditoría Pública, número 63, junio 2014, p. 7). Pero sí no se dispone de la herramienta que permita combatir los vicios que afectan no sólo a las administraciones públicas y privadas sino que lastiman a toda la sociedad, ¿Por qué no construirla? Sin embargo, los académicos de la enseñanza de la auditoría, y los líderes y responsables de sus Instituciones se aferran al pasado, a las viejas maneras de concebir y hacer la auditoría.

Y sí, probablemente se cumpla el augurio de José Antonio Gonzalo, dado que los dinosaurios de la auditoría y fiscalización se resisten al cambio y sea el camino para su extinción.

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Nacido en Morelia, Michoacán, México. Estudios en contaduría pública, filosofía, y un diplomado en contraloría social. Veinte años de experiencia en auditoría y diez en la investigación de la auditoría pública, ha publicado más de veinticinco ensayos que pretenden construir una Nueva Auditoría Pública.

1 Comentario

  1. Que una institución dedicada al ámbito privado, como el Instituto de Censores Jurados de Cuentas, solicite una nueva regulación del ámbito de la auditoría pública, que corresponde a la Oficina Nacional de Auditoría y a las instituciones de control externo (léase Tribunal de Cuentas y sus versiones autonómicas) puede dar lugar a pensar en la búsqueda de nuevos caladeros de negocio, más que en otra cosa.

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