En principio, concebir que existe auditoría de primer nivel es aceptar que existe una práctica de mayor altura o posición con respecto a otras, lo que implicaría  considerar que existen auditorías de segundo, tercero, u otros niveles más abajo. De tal forma que la idea del desarrollo o eficacia ha estado relacionada con la noción del primer mundo; no podía ser de otra manera, en los países desarrollados la puntualidad es la norma, en los subdesarrollados o en el tercer mundo es la impuntualidad. Pero más allá del cumplimiento a los convencionalismos del tiempo, se encuentra la arbitrariedad e incertidumbre por el cumplimiento legal. Por ello no es gratuito que los países con mayor corrupción sean los tercermundistas, aunque corruptores provenientes del primer mundo sean los que mecen la cuna de la corrupción.

Lo anterior viene a cuento porque el auditor superior de la federación en México, órgano rector de la fiscalización dependiente del Poder Legislativo Federal, ha manifestado “se merecía tener una instalación de primer nivel” en relación al nuevo edificio que estrenará el próximo mes de marzo cuyo costo es de más de mil 200 millones de pesos (60 millones de euros, aprox.). Y parecería lógico y razonable que la entidad de fiscalización que tiene como Misión: fiscalizar la cuenta pública mediante auditorías a los tres poderes de la unión, a los órganos autónomos y a los estados de la república cuente con las instalaciones adecuadas para desarrollar su trabajo, sin embargo, habría que preguntarse si se puede contar con instalaciones de primer nivel en la Auditoría Superior de la Federación cuando su trabajo profesional no lo es. Y además cabe dudar si se lo merece, cuando:

El país se encuentra en un escenario crítico, aunque el presidente Enrique Peña Nieto niegue que haya crisis, cuando es de todos los días la violencia e inseguridad, la corrupción, los abusos de los poderosos e impunidad, y cuando las finanzas públicas presentan graves déficits, y escaso crecimiento económico y todo un panorama interno y externo que no vislumbra mejoría. Y todavía el responsable de la máxima institución de fiscalización en México, declara que la Auditoría Superior de la Federación es digna de conseguir instalaciones apropiadas, y muy apropiadas de acuerdo al costo erogado, cuando en su historia no ha sancionado a ningún funcionario de primer nivel. Sí ningún presidente, gobernador, u otro funcionario de jerarquía han ido a la cárcel por denuncias derivadas de auditorías a las cuentas públicas. Pero para la Auditoría Superior de la Federación como en las entidades de fiscalización, con el futuro se olvida el pasado. Y recientemente con el Informe de la Cuenta Púbica 2015,  se manifiesta que se detectaron 165 mil millones de pesos (siete mil 500 millones de euros, aproximadamente) en irregularidades al gasto del gobierno federal, estados y municipios. Y el monto resulta efectivamente exorbitante, como lo ha sido cada año, no es nada nuevo, como cada año la esperanza y optimismo por revertir la espiral de la impunidad se trastoca en desesperanza y pesimismo al pasar el tiempo.

Aunque en un inicio el aplauso y reconocimiento a la actividad de vigilar los fondos públicos parece unánime, y más ahora que la Auditoría Superior de la Federación es la única instancia que participa en los Sistemas Nacionales de Anticorrupción, Fiscalización y Transparencia, sin embargo, éstos cambios legales no solamente son a futuro sino han partido de la  evasión u omisión al análisis y critica a la práctica de la auditoría, fundamento para llevar a cabo la fiscalización. De tal desgracia para la ciudadanía que la rendición de cuentas y transparencia se ocultan bajo el velo de la secrecía en la auditoría. Y de nueva cuenta la auditoría privada determina a la pública, cuando ésta debería reclamar su objeto y nuevas herramientas conceptuales. Pero tal pronunciamiento se pierde en el entresijo de intereses que apuestan que la auditoría en lo general no debe ser pública ni demostrable, es decir, que tiene que seguir sujeta a los técnicos, que responden al cómo, pero que evaden enfrentar el porqué de su actuación

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