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Ignacio Pérez Sarrión
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13.08.2010 |
Hace unas semanas tenía puesto de fondo en la tele el debate sobre el Estado de la Nación, excelente runrún para el duermevela de la siesta. El nombre tiene su guasa en estos momentos y se podrían buscar variopintos dobles sentidos. ¿El estado de algo o de las cosas en general o el estado del Estado-organización? ¿El estado del Estado-nación o el estado del país y sus nacionalidades? Bueno la cuestión es que en un momento en que el duermevela me lo ha permitido escucho al Presidente replicar al Portavoz de CiU y hace alusiones al Estatut, al Parlament y al President. En vez de referirse al Estatuto (de Cataluña) o al Parlamento (catalán)
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Manuel Pimentel
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12.08.2010 |
Acabo de regresar de un viaje de cinco días por Marruecos, y leo en la prensa española los incidentes y las protestas acaecidas en Melilla. Diversas asociaciones nacionalistas marroquíes denunciaron unos supuestos maltratos racistas por parte de nuestra policía, lo que ha sido desmentido de modo tajante por nuestras autoridades. Pero el eco fue creciendo, hasta el punto de que Juan Carlos ha tenido que llamar personalmente al monarca alauita para poner las cosas en su sitio. Es probable que las aguas vuelvan a su cauce, y todo haya quedado en un pequeño incidente sin mayores problemas. Ojalá sea así una vez más. Llama poderosamente la atención, de todas formas, el dramatismo que adquiere cualquier roce, por pequeño que sea, con nuestro vecino del sur.
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Víctor Almonacid Lamelas
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30.07.2010 |
Es profesionalmente gratificante aportar un valor añadido a la rutina del día a día. Es estimulante hacer más cosas que dar fe y asesorar jurídicamente. Es bonito sentirse parte de un equipo. Es aún más bello conseguir cosas buenas con ese equipo –el tuyo-, concebir o apadrinar proyectos, ejecutarlos con éxito, percibir que la organización crece y se adapta a los tiempos con nosotros dentro y sentir que, en algo o en mucho, uno ha tenido que ver con esa metamorfosis positiva.
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Manuel Pimentel
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23.07.2010 |
El mundo se mueve, y no nos espera. Por inercia, tendemos a refugiarnos en aquello tan bucólico de ”cualquier tiempo pasado fue mejor” mientras no alcanzamos a comprender que muchos de los cimientos de nuestro mundo se desmoronan. El presente ya es futuro, y nos empeñamos en observarlo con ojos del pasado. Nosotros, nuestras empresas e instituciones pudieron ser muy válidas para las realidades pasadas, pero muchas de ellas se muestran obsoletas y oxidadas para la realidad de hoy. Los valores se mantienen jóvenes y lozanos, mientras que los instrumentos para alcanzarlos deben mutar en consonancia con una realidad cambiante cuyo destino no alcanzamos a intuir.
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Leopoldo Tolivar Alas
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20.07.2010 |
Que cada vez que hay una concentración, una huelga, una manifestación o simplemente una cola o una lista de espera, las versiones numéricas difieren profundamente según quien las dé, es una obviedad. Algo con lo que estamos acostumbrados a convivir y que, cuando no se refiere a hechos graves, hasta puede provocarnos una sonrisa. Que los promotores de un paro en una empresa, o en el sector público, digan a los medios que el seguimiento es diez o cien veces superior a lo que dice el empleador, es lo habitual. Que una procesión reivindicativa sea multitudinaria según sus organizadores o muy modesta, según quien se molesta por la misma, es el pan nuestro de cada día. Que las lecturas de la recuperación estival o navideña del empleo se vean con lentes muy distintas que reducen o amplían los guarismos reales, según quien escrute los números, también es algo normal que nos conduce, como vacuna, al escepticismo. Y lo mismo ocurre con las pandemias –ahí está el fiasco feliz de la Gripe A-, con la asistencia a recitales y conciertos (que si los organiza un Ayuntamiento nunca dirá que fueron cuatro gatos) o con las reuniones callejeras espontáneas con motivo de un éxito deportivo.
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Ignacio Pérez Sarrión
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16.07.2010 |
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El bienamado Estado Protector, velando por mí, me obliga a ponerme el cinturón de seguridad cuando circulo, a no sobrepasar los 50 km/h en ciudad (ahora ya en muchas calles 30 km/h), a tener un extintor en la escalera, a no fumar en casi ninguna parte y en fin, me obliga y me prohíbe un montón de cosas. El Estado me quiere, estoy realmente emocionado.
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Víctor Almonacid Lamelas
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13.07.2010 |
El presente comentario es la continuación, dos años después, del artículo “¡Podemos! ” publicado en este blog el 02/07/2008. Y como inicio a este de hoy, diré que si algo ha demostrado la selección española de fútbol (“La Roja”) precisamente durante estos últimos dos años que culminaron de manera épica y brillante el domingo, es que todos podemos ser mejores profesionales y mejores personas, y que ambas cosas están relacionadas… Y por cierto: esto no tiene nada que ver con que te guste o no el fútbol
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Ignacio Pérez Sarrión
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09.07.2010 |
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Por fin habemus sentencia sobre el Estatuto Catalán, aunque todavía no sabemos qué dice salvo en aquellos aspectos que nos van filtrando interesadamente. Informan los medios que la sentencia abarca más de mil folios así que la primera impresión es que en realidad todo el mundo va a hablar de ello pero no lo va a leer prácticamente nadie. Un político no lee más de un folio sin que algún acólito asesor le haga un resumen políticamente correcto y adecuadamente enfocado. Es que está muy ocupado gobernando. Por lo tanto, me permitiré poner en duda todo lo que se diga a partir de ahora acerca del texto normativo enjuiciado salvo que hable un profesor constitucionalista que sea neutral.
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Víctor Almonacid Lamelas
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08.07.2010 |
Después de un par de meses sin aparecer por este blog de espublico al que tanto me vincula, y una vez cumplidos mis compromisos profesionales y editoriales para el recién terminado curso escolar, me permito irrumpir de nuevo para comentar alguno de los temas más candentes que afectan a la Administración Pública Local, intentando por supuesto no caer en repeticiones de lo ya expuesto admirablemente por mis compañeros de pluma en este periodo, sobre todo por lo que respecta al desafortunado Real Decreto Ley de marras.
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Manuel Pimentel
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25.06.2010 |
Ahora que arrecian las críticas contra las organizaciones sindicales, debemos reconocer públicamente el importantísimo papel que han representado durante nuestra reciente democracia. No comparto la opinión de quienes las consideran un problema; más bien tiendo a pensar que son parte de la solución. Una vez dicho esto, como cualquier otra organización, tienen sus aciertos y sus errores, y últimamente, la verdad, no han estado muy afortunadas. Tampoco las organizaciones empresariales, todo sea dicho. En estos momentos de gravísima postración de nuestra economía, nuestro empleo y nuestro estado de ánimo colectivo, les rogamos hace dos años que llegaran a un acuerdo para reformar nuestro mercado laboral. Era evidente que el que teníamos no marchaba bien, y que precisaba ajustes para competir en un mundo que se mueve y que no nos espera. Pero ni unos ni otros han estado a la altura de las circunstancias. Debemos recriminarles su cómoda pasividad que ha conducido a un costoso fracaso. Todos hemos perdido con ello. También sindicatos y empresarios, que han visto mermada su legitimidad moral en la lucha contra la crisis. Se limitan a grandes declaraciones, pero no han sido capaces de ceder ni un ápice para consensuar un nuevo marco laboral. Al final, le tocó al gobierno hacer la tarea, con lo que, como no podía ser de otra manera, les ha costado sy correspondiente, habitual y consuetudinaria huelga general. Nada nuevo bajo el sol. En España ya sabemos lo que hay. De oficio, cada vez que el gobierno intente mover una coma del Estatuto de los Trabajadores la caja de los truenos se abrirá bajo la forma de una huelga general. Un pena, la verdad.
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Mercedes Fuertes López
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10.06.2010 |
Prestas aparecen cada día propuestas de reforma administrativa. Es cierto que la grave crisis en la que estamos inmersos podría servir para impulsar necesarios cambios. Muchos excesos y algunos errores se han cometido y podría ser esta situación momento oportuno para corregir el rumbo. Sin embargo, la lectura de los periódicos, inundados de declaraciones políticas, desalientan esa primera ilusión. Ejemplo lo tenemos en una de las últimas ocurrencias que ha saltado a la arena del debate político: ¡suprímanse las Diputaciones! Y antes de continuar leyendo, pienso: ¡precisamente las Diputaciones con su más que centenaria estela!
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