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El Ciudadano ¿Un Cliente Irresponsable? PDF Imprimir E-mail
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Mª Esperanza Serrano Ferrer   
06.02.2007
ImageLa teoría de la responsabilidad objetiva logró finalmente abrirse paso por el camino señalado y marcado por el profesor García de Enterria; un camino que tuvo que ser excavado entre las duras rocas que la doctrina y jurisprudencia tradicionales llevadas por la inercia habían bloqueado, en perjuicio del todavía entonces llamado “administrado”. Después, y como suele suceder con los caminos, pasó de ser un tortuoso sendero al mas puro estilo de la clásica poética de Fray Luis de León ([1])a convertirse en una moderna autovía con libertad de acceso e implicando importantes beneficios para los usuarios.

Al final, como estamos en un país y en un planeta de extremos, la autovía ha ido adquiriendo un uso torticero: la responsabilidad objetiva se ha convertido en una responsabilidad universal y ello ha dado lugar a una nueva generación de “administrados”, ahora llamados “ciudadamos/cliente”, que se desenvuelven en la vida sin guardar las mas mínimas normas de prudencia, con la seguridad de que si sufren cualquier tipo de contratiempo la Administración será declarada responsable. Hemos llegado a una situación alarmante desde el momento en que un padre se despreocupa de comprobar los posibles peligros a los que potencialmente puede estar expuesto su hijo porque si el niño se lesiona en un área de juegos será responsable la Administración que ha proporcionado esa zona de ocio para el menor. La vida implica un riesgo constante, pero existen situaciones en las que ese riesgo se ve aumentado cuando el individuo asume de forma libre la participación en una actividad en si misma peligrosa. Este hecho debería bastar para romper el nexo causal, pero no es así: si la Administración está ahí, es la responsable. No importa lo irresponsable, irregular o poco coherente que haya sido la conducta del ciudadano que se ha limitado a recibir un servicio; no importa que esa Administración esté prestando el servicio por encima de sus posibilidades financieras y más allá de los mínimos competenciales legales; ni siquiera importa que el funcionamiento del servicio se haya prestado con normalidad: si existe algún modo de conectar a la Administración con el servicio, aunque sólo sea que se prestó con su anuencia, es la responsable. Así pues, en estos momentos nos estamos desenvolviendo en la vida como ciudadanos en unos términos que rozan la total irresponsabilidad por nuestra parte. Con la seguridad de que los Tribunales finalmente indemnizarán, y muy bien por cierto, el daño que se produzca como consecuencia, de nuestros propios actos imprudentes e irresponsables.

De esta manera, junto al “vuelva usted mañana” de Larra o el “Oposita, que algo queda” del Profesor A. Embid, podemos añadir una nueva sentencia que ha surgido del más profundo y rastrero saber popular: “pide, que algo te darán”.El actual sistema de responsabilidad objetiva puede ser modulado incluso hasta el límite mismo de la responsabilidad subjetiva, sin que ello implique el más mínimo ataque a nuestra Constitución ni a la Constitución Europea (si al final acaba siendo tal), puesto que ni una ni otra constitucionalizan la responsabilidad objetiva como un principio infranqueable por los posteriores desarrollos legislativos. El art 106.2 CE no impone la responsabilidad objetiva global a nuestras administraciones públicas, puesto que, a diferencia de la redacción de los art 121 LEF y 139 LRJ PAC, no hace alusión expresa al funcionamiento normal de los servicios públicos. Tal y como nos recuerdan las Partidas de Alfonso X el Sabio, cuando la ley calla no otorga, simplemente, no dice nada: dentro de nuestra Carta magna tiene perfecta cabida un sistema de responsabilidad subjetiva, y por ello, menos objetivo, pero más justo, racional y equilibrado. Recordando que, además, el Tratado por el que es establece una Constitución para Europa (Constitución Europea) en su art II 101.3 hace expresa referencia al tema de la responsabilidad (dentro de lo que denomina Derecho a una buena Administración) en los siguientes términos: “Toda persona tiene derecho a la reparación por la Unión de los daños causados por sus instituciones o sus agentes en el ejercicio de sus funciones, de conformidad con los principio generales comunes a los Derechos de los Estados miembros”. La responsabilidad objetiva y global de la Administración no sólo es insostenible económicamente sino que tampoco es un buen instrumento de canalización de la solidaridad social. Y ello porque: a la Administración se le aplica el principio de la reparación integral (daño emergente y lucro cesante: SSTS de 4 de mayo de 1995 y 30 de junio de 1999) y no de cuantificación del daño (art 141 LRJ PAC y SSTC 181/2000 de 29 de junio, 244/2000 de 16 de octubre y 21 /2001 de 29 de enero y por todas STS de 28 de noviembre de 1998).

Esto ha llevado virtualmente a algunos Municipios a la situación de quiebra técnica (ver por todas STS de 30 de noviembre de 1992). La solución para los, sobretodo pequeños municipios, como se ha apuntado más arriba pasa por tratar de reducir al mínimo la prestación de aquellos servicios o actividades que generen riesgos. Recordamos, en este sentido, la regla 62 y la cuenta 142 de la Instrucción de contabilidad que entró en vigor el 1 de enero de 2006 que se refieren a la provisión para responsabilidades. La responsabilidad patrimonial no es un buen instrumento para hacer efectivo el principio de solidaridad social, ni como instrumento para asegurar la función redistributiva de bienes y rentas: la responsabilidad patrimonial, al tener sólo en cuenta el daño producido y no otros factores socioeconómicos de la victima no es el mecanismo correcto.Es cierto que la salud y, más aún la vida, no tienen precio; y precisamente por ello, no se debe mercadear con ellos, convirtiendo a las administraciones en aseguradoras universales, pero sin derecho al cobro de prima alguna. Para evitar un mal menor no se debe causar otro mayor (STS de 31 de mayo de 1999). Un fallo que produce la falta de cobertura en millones de móviles durante unas horas, corte de luz que produce la muerte de varios pacientes, virus informático que destruye millones de sistemas operativos, una epidemia de gripe, una manifestación que no nos deja dormir… las posibilidades son infinitas hoy día: la solución, calificar estos sucesos de “inevitables” y sus daños como “estructurales”, dando como resultado su aceptación como sucesos de la vida actual, inevitables y necesarios para el propio funcionamiento del sistema que nosotros mismos hemos creado, y deseamos que continúe.

Por parte de la Administración dos cautelas: 1) Tener preestablecidos de antemano los estándares de seguridad para prevenir los riesgos de cada actividad o servicio, cumplidos los cuales, los daños producidos dejarían de ser antijurídicos (SSTS de 9 de diciembre de 1993, 5 de febrero de 1996 y 16 de febrero de 1999. 2) Sancionar o multar adecuadamente a los titulares de los servicios en los que se produzca el daño cuando el pago de la indemnización provoque el cierre del servicio. Por parte de los titulares del servicio se les ha de exigir la aplicación de dichos estándares de prevención y vigilancia. Y por parte de los ciudadanos/clientes tener previstos tales riesgos mediante su propia diligencia (STS de 26 mayo y 10 marzo 2004, 23 y 15 abril 2003, 27 enero 2003, 21 octubre 2002). Es curioso que, nuestro ordenamiento jurídico no atribuye potestad alguna a la Administración para poder reclamar a los ciudadanos los daños causados al patrimonio municipal (STSJ Navarra 4 de julio 2002). Si es cierto que cada uno recibe en la vida exactamente lo que se merece, creo que los ciudadanos tenemos el sistema de justicia que merecemos: un sistema con dilaciones (por la gran cantidad de asuntos que acaban en los tribunales por el mero afán de litigar y que bloquean los Juzgados y Tribunales igual que las gripes bloquean los sistemas de urgencias con casos no urgentes); un sistema inseguro (porque no sabemos en que punto de la evolución jurisprudencial está la mente del Juez que va a conocer del asunto), y un sistema, en definitiva, con miles de abogados que cobran importantes minutas por defender teorías que sólo continúan manteniéndose porque algunos jueces las consideran todavía jurídicamente viables: al final, todo depende de la interpretación que el Juez haga del caso concreto (como se puede comprobar mediante una somera consulta de jurisprudencia): el sistema de responsabilidad objetiva se convierte así en un sistema de responsabilidad objetivada por el juez.

FIAT JUSTITIA, PEREAT MUNDI(Hágase justicia, aunque perezca el mundo) 

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[1] Fray Luis de León. Poesías. Edit. Planeta 1980: Poesía I “Vida retirada”: “!Que descansa vida / la del que huye el mundanal rüido/ y sigue la escondida/ senda por donde han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido!/ (...)

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Comentarios (6) >> feed
Excelente análisis
escrito por Alorza, February 06, 2007

¡Excelente análisis, Esperanza!

Una parte de la culpa de esta situación la tiene el modelo de gestión propuesto por la Nueva Gestión Pública, que ha importado la manera de hacer en las empresas, sin mayor adaptación. Cuando consideramos a la ciudadanía como clientela, la responsabilidad queda sólo en una de las partes: la de la empresa/administración.

Yo no diría que tenemos la administración que nos merecemos. La causalidad es circular: el sistema se equilibra a sí mismo. Habrá que ver donde apalancar el cambio, y desde luego, el aspecto jurídico debe ser uno de los que hay que considerar.

De ciudadano a cliente
escrito por José Torero, February 07, 2007

Las tendencias actuales de considerar al ciudadano como un cliente son las que collevan ciertas ideas envenenadas: la rezón absoluta del cliente, la necesidad de servicio y satisfacción, etc.

Hay que coger estas ideas con cautela, porque una administración no es una empresa, y por lo que yo recuerdo, un "ciudadano" continua siendo más importante que un "cliente".

Excelente artículo
escrito por Angel Asín, February 07, 2007

El concepto expuesto está basado en reflexiones realizadas con rigor.
Independientemente de otras valoraciones, ehorabuena por la exposición.

Angel Asín

Cambio moral
escrito por Ignacio Pérez, February 14, 2007

De acuerdo con tu exposición. Creo que un pais en el que los ciudadanos no son responsables de nada porque siempre hay alguien que pagará los platos rotos es un pais des-moralizado, que ha perdido los valores éticos de que uno y solo uno, en principio, es responsable de sus actos. Creo que es urgente un cambio normativo pero también un cambio social. En las escuelas se tiende desde la LOGSE a desresponsabilizar a los alumnos. Al final uno hace culpable al sistema de todo lo que pasa en su vida y no tiene ni las ganas ni la fuerza ni la voluntad de intentar cambiar las cosas, ni el propio comportamiento. Mucho menos de ser partícipe de formar parte como factor importante de un cambio colectivo. Responsabilidad de la administración, sí, pero atemperada a muchas más circunstancias.

SEPARACION DE PODERES
escrito por Dionisio, April 15, 2007


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¿EL PODER JUDICIAL ES INDEPENDIENTE?

Según la Constitución SI DEBERIA SERLO
Pero la realidad nos demuestra que NO.
Yo creo en la Justicia y la quiero independiente.
Por que creo que usted también, le envío este interesante artículo que refleja la realidad tal como es. (Es un extracto del Reportaje que publica la Revista MENSAJERO en su número 1.377 de Abril 2007, pags. 24,25 y 26).

Yo quiero colaborar para conseguir que la JUSTICIA SEA UN PODER SEPARADO de los otros Poderes, de una manera real y efectiva y que HOY NO LO ES.
Hago una PROPUESTA: El PODER JUDICIAL debería ser ejercido como cúpula por la JEFATURA DEL ESTADO. (En el artículo que cito se describen muy bien las atribuciones, manipulaciones, interferencias y desplantes de los políticos hacia la JUSTICIA que la consideran y ven desde sus posiciones ideológicas y no teniendo en cuenta el ALTO INTERES, RESPETO y NECESIDAD que tiene y debe tener de los ciudadanos todos)
(Si le parece bien la propuesta espero su adhesión y difusión)
Dionisio.
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Separación de poderes
¿Principio o defecto constitucional?
Eduardo J. Ruiz Vieytez

….. la separación de poderes entre ejecutivo (Gobierno) y legislativo (Parlamento) se hace menos evidente, y aún puede cuestionarse más en la actual democracia de partidos, en la que los grandes partidos políticos son quienes realmente mediatizan el poder y las instituciones.

Este poder judicial, formado por numerosos juzgados, audiencia y tribunales de diversos rangos, está gobernado por un órgano, el Consejo General del Poder Judicial (cuyo Presidente lo es al mismo tiempo del Tribunal Supremo), que tiene importantes funciones en la designación de algunos magistrados y en la organización del sistema judicial.
Junto al poder judicial, otro órgano de especial relevancia en nuestro sistema es el Tribunal Constitucional. Éste no forma parte del poder judicial, sino que constituye un órgano separado de importantes funciones en relación con el control de la constitucional de las leyes estatales y autonómicas y con la defensa de los derechos fundamentales. Sus sentencias tienen un valor jurídico y político indudable y, por ello su imparcialidad y profesionalidad resulta tan relevante como la de todos aquellos que componen el poder judicial, desde los Juzgados de paz hasta la Audiencia Nacional o el Tribunal Supremo.
Estamos habituados a observar enfrentamientos más políticos que jurídicos entre diversos órganos del Estado, que supuestamente tienen la misión de aplicar con objetividad las normas. Por citar algunos casos, son de todos conocidos los enfrentamientos actuales entre el Gobierno y el Consejo General del Poder Judicial; el del principal partido de la oposición con la Fiscalía General del Estado; el de los miembros del Tribunal Constitucional con el Tribunal Supremo y, en ocasiones el de éste con la Audiencia Nacional; o el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco con las instituciones representativas del territorio.
Así, resulta cuando menos sorprendente para muchos ciudadanos que una misma norma o un mismo caso pueda recibir calificaciones jurídicas tan diferentes en función de cuál sea el órgano que opine sobre el mismo o, incluso, en función de quiénes sean los miembros de dicho órgano que tendrán que decidir cada cuestión.
Es difícil de entender para el ciudadano de a pie, que la misma norma dé lugar a posiciones tan enfrentadas entre quienes son expertos en la materia. Pero, sobre todo, que unos y otros actuen de modo casi matemático en sus decisiones, inclinándose la balanza hacia uno u otro lado, más como si el órgano fuera un parlamento representativo que como si de un auténtico tribunal independiente se tratara.
Alguien puede señalar con cierta razón que el problema de estas situaciones que empañan nuestra cuestionable democracia se encuentra en el modo de elección de los miembros del Poder Judicial o del Tribunal Constitucional. En efecto, muchos de éstos órganos, como el Tribunal Constitucional, o el Consejo del Poder Judicial, además de otros como el Fiscal General del Estado o el Defensor del Pueblo, son producto de una elección parlamentaria o gubernativa, lo que no hace habitualmente sino reflejar las mayorías políticas que en cada momento imperan.
La democracia en España no es sólo joven, sino también débil, por cuanto el significado profundo de la misma no se ha extendido ni entre la ciudadanía ni entre la mayor parte de los representantes políticos.
……No es ningún secreto que los partidos buscan en demasiadas ocasiones asignar los puestos a personas que responden cercanamente a sus planteamientos ideológicos, lo que explica que podamos predecir el resultado de una futura sentencia simplemente sabiendo quienes tomarán parte en la decisión.
…En una sociedad con una perspectiva democrática consolidada poder efectuar un nombramiento relevante no implica la libertad de elegir a la persona de acuerdo a las convicciones políticas, sino al contrario, la responsabilidad de encontrar a la persona idónea para tal puesto.
…no deberían asignar los puestos entre los candidatos de su gusto, sino velar por el interés general del sistema y procurar que quienes ejercerán esas responsabilidades lo harán libres de toda influencia política y con la mayor imparcialidad posible. En este sentido, no se trata de que se repartan los asientos de estos importantes órganos, sino de que, precisamente por ostentar el poder que tienen, deben asumir la obligación (y la responsabilidad) de encontrar a las personas mas idóneas para que los órganos correspondientes pueden cumplir de maneras eficaz e independiente las funciones que les asigna la constitución.
Problema añadido es que no existe un control formal de dichos nombramientos ni de si los partidos asumen su responsabilidad institucional o se limitan a repartirse los asientos de determinados órganos.
Estamos habituados a que el combate político entre las dos fuerzas principales se extienda más allá del ámbito parlamentario y gubernamental, afecte a los tribunales más importantes, al gobierno del poder judicial, e incluso al Tribunal Constitucional, por no hablar de los medios de comunicación.
El fin único del PODER JUDICIAL es hacer valer el DERECHO y aplicarlo. Los partidos políticos no deben designar puestos judiciales según planteamientos ideológicos. La Justicia debe estar por encima de las ideologías o doctrinas.
Desde el Consejo del Poder Judicial hasta la designación de los Jueces de Paz, pasando por el Tribunal Constitucional; Fiscalía General del Estado y Defensor del Pueblo, los Partidos Políticos deben permanecer al margen de cualquier actuación o interferencia en la designación de sus miembros.
Y todo ello redunda en que el principio de separación de poderes sea algo mucho más formal que real en nuestro sistema constitucional.
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El fin único del PODER JUDICIAL es hacer valer el DERECHO y aplicarlo. Los partidos políticos no deben designar puestos judiciales según planteamientos ideológicos. La Justicia debe estar por encima de las ideologías o doctrinas.
Desde el Consejo del Poder Judicial hasta la designación de los Jueces de Paz, pasando por el Tribunal Constitucional; Fiscalía General del Estado y Defensor del Pueblo, los Partidos Políticos deben permanecer al margen de cualquier actuación o interferencia en la designación de sus miembros.
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¿y sobre la responsabilidad del ciudadano en admitir diariamente funcionarios corruptos?
escrito por aitor, June 30, 2007

Soy asalariado de una constructora.Muchos funcionarios que controlan nuestros trabajos cobran de bajo mano.En todo tipo de organismos públicos.Los políticos tanbién cobran.¿soy un ciudadano irresponsable porqué no sé cómo luchar contra este robo público? Una de las soluciones que se me ocurren es hacerme funcionario y hacer lo mismo.Porque en este país, de la altura de Argentina,ser corrupto funciona. Y nadie hace nada al respecto.

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