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Siempre he defendido la creación de carriles-bici en las ciudades como manera de lograr varios objetivos todos ellos deseables de alcanzar: mejora de lo que ahora se llama movilidad urbana, menos contaminación, más salud, ciudades en definitiva más habitables. Es bueno salir por ahí para darse cuenta de la generalizadísima utilización de bicicletas en países centroeuropeos: Holanda, Bélgica, Alemania. Incluso, Suecia, Noruega, Dinamarca… En fin, una gozada ver a una abuela de sonrosado rostro y de 80 años ir a comprar el pan en bici.
Sin duda es una cultura y una secular tradición lo que hay detrás de esos comportamientos. Y también en muchos casos aunque no en todos, otra estructura de ciudad más extensiva y menos vertical. Pero salvando las distancias, en España tenemos otros factores positivos que no tienen más al norte: el buen tiempo general aunque con una orografía más difícil. Y dicho todo lo anterior, es muy positivo hacer lo que ya están haciendo muchas ciudades, que es construir carriles-bici en toda nueva obra de urbanización en la que sea posible técnicamente o en toda obra de reposición importante que se lleva a efecto. Esto supone que el Ayuntamiento adopta una decisión de carácter general y la lleva a efecto, todo ello sin demasiado sobrecoste. No estaría de más que el Plan General de Ordenación Urbana de los municipios se estableciese la obligatoriedad para los promotores de obras de urbanización de construir carriles que vayan conectándose unos con otros para crear una malla tupida. Y para que una persona que quiera ir en bicicleta de un sitio a otro en una ciudad no sólo para pasear, sino para hacer cosas, pueda hacerlo sin peligro y sin tener que ir agradeciendo a los automovilistas no ser atropellados y no tener en otro caso que ir pidiendo perdón a los peatones que pasean tranquilamente por las aceras. Ahí van brevemente unas ideas: Los carriles-bici deberían conectar grandes sectores de la ciudad. O sea deben ser útiles para desplazarse en la vida diaria y no sólo desde el punto de vista recreativo. Deberían ser de una dimensión adecuada: ni muy anchos ni muy estrechos (hay algunos que parecen autopistas y tampoco es eso), ya que la estructura y la anchura de las calles son las que son y deben satisfacerse si es posible los intereses de los automovilistas en tener una circulación fluida y en poder aparcar (en estos momentos existe un evidente disgusto generalizado por la eliminación de plazas de aparcamiento que se está produciendo por la creación de los carriles) , los intereses de los ciclistas en disponer de un espacio seguro y por último de los peatones, con espacio suficiente para pasear. Debería hacerse una fuerte campaña de concienciación y provocación que incite el uso de la bici. Para ello se puede realizar una campaña publicitaria fuerte y se pueden establecer –con imaginación- incentivos fiscales o ayudas de cualquier tipo. Se debería poner a disposición de los ciudadanos lugares baratos y adecuados donde aparcar la bici cuando uno sale por ahí y para poder guardarla cerca de casa. SI es muy incómodo guardar y sacar la bici no se usará.
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