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Los pasados días 3 y 4 de mayo tuve la ocasión de asistir al seminario organizado por la Diputación Provincial de Zaragoza en relación con el nuevo Estatuto Básico del Empleado Público.
Muchos fueron los ponentes, y como en todos los seminarios unos gustan más que otros, en especial, me llamó la atención la brillante exposición que realizó Carles Ramió Matas de la Universidad Pompeu Fabra, sobre las Técnicas de Gestión Pública y la E-Administración.
Su exposición versó sobre las Técnicas de Gestión Pública y la E-Administración, que en principio tenía poco que ver con el contenido del texto normativo objeto del seminario, pero sin embargo me pareció por su claridad de ideas y su amenidad una charla con mucho valor, de esas que dejan cierto poso. Principalmente me quedé con un par de ideas, aunque por supuesto lanzó muchas, y algunas incitaban a la reflexión (como por ejemplo el papel del Alcalde como empresario y el ciudadano como cliente). No obstante, como digo me quedé con un par de conceptos. Hoy en día se están aplicando las técnicas de gestión privada a la gestión pública, de tal manera que los Ayuntamientos se ven como empresas privadas. En este sentido, Ramió Matas, expuso que para ser un buen gestor en la Administración Pública es necesario un 60% de sentido común, un 20% de carisma y otro 20% de capacidad técnica. Afirmó que tradicionalmente el 20% de capacidad técnica podría suplirse con un poco más de los otros dos elementos, es decir de sentido común o de carisma que forman parte de las habilidades personales. No obstante, en la actualidad, dado el enorme desarrollo y la implantación de las TIC, no es viable que un gestor de la Administración Pública pueda suplir su carencia de capacidad técnica con los otros dos componentes de la receta (a saber, carisma y sentido común), es imprescindible tener cierto control y dominio del ordenador y de programas y aplicaciones informáticas que permitan crear, modificar y almacenar la información. Ramió Matas fue más allá, expuso que una buena implantación de las TIC en la Administración Pública conlleva necesariamente una inversión inicial en personal, en concreto él hablo de tres principios básicos que se deben cumplir a rajatabla para que la implantación de las TIC sean un éxito: Que exista en la Administración una buena organización o estructura de personal y de tareas definidas. Tener o en su defecto buscar un tecnólogo (informático) propio que entienda la aplicación y sepa utilizarla. Buscar un interlocutor válido, que haga de puente y de mediador entre la Administración y la empresa informática que haya implantado la aplicación.
Esto sin duda, implica un aumento inicial de costes pero es innegable que a medio o largo plazo conlleva una reducción de horas de trabajo administrativo. Brillante exposición, espero poder repetir en otra ocasión.
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