Ayer, por segunda vez, ejercí mi derecho de voto para elegir a aquella persona que quería que me representara en mi pueblo. Por fin, se acabaron los días en los que nuestros políticos nos prometen cosas imposibles que sólo ellos ven posibles, en los que dentro de un mitin sólo se escuchan palabras mal sonantes sobre los componentes de la oposición y en los que por fin, nuestro buzón sólo se ve invadido por las facturas de la luz, gas y agua, entre otras (aunque tampoco esto nos haga mucha gracia). Pero lo que ahora nos queda, salvo en alguna rara excepción, son las interminables negociaciones de los miembros de los partidos políticos, aquellos que no han conseguido el número de votos necesarios y quieren, después de haber criticado la política de sus adversarios, hacernos ver que siempre se han llevado bien…
No es mi intención mostrar ideologías políticas de ninguna clase, ni por supuesto enseñar a nadie como tiene que hacer las cosas. Lo que quiero es plasmar mis sensaciones vividas, que como ya lo suponía, han sido las mismas que hace cuatro años.
Quizá vosotros, pertenecéis a un municipio grande o a una capital de provincia. Supongo que allí las cosas serán diferentes a como las vivimos la gente que pertenecemos a municipios mas pequeños donde todos nos conocemos y en los que cuando al leer las listas de la gente que se presenta por los distintos partidos nos sorprendemos de alguien que presumiblemente creíamos que tenía unas marcadas ideas de derechas, y resulta que es todo lo contrario, por poner un ejemplo.
En municipios como el mío, muchos, más que preguntarnos quién queremos que nos represente, nos respondemos a la pregunta de quién no queremos que nos represente, porque quizás ya queremos jubilarlo de su sillón o porque pensamos que su sillón le queda un poco grande y más que un sillón parece un sofá.
Hace unos días le comentaba a un amigo cómo iba a vivir este día, vamos, quiero decir, cómo iba a ser mi llegada al colegio electoral (os puedo asegurar que he acertado de pleno). Mi amigo se sorprendía y yo me sorprendía cuando el me decía (y yo por una parte lo entiendo) que claro en su ciudad, en los distintos colegios y en concreto donde él había ido a votar años atrás, suele haber algún representante de los distintos partidos, con un cartelito colgado de su cuello y que te dan los buenos días y poco más. Bueno esto puede pasar en ciudades como las de mi amigo pero en municipios como el mío pasa lo siguiente (así me pasó hace cuatro años, así es como me lo imaginaba y así me pasó ayer).
Yo en mi casa, una vez estudiadas las fotografías de todos los candidatos (cosa que en ciudades como las de mi amigo no pasa), haber visto cómo van vestidos (porque claro eso dice mucho), haberme leído bien el «orden de actuación» (haberme llevado la consiguiente sorpresa, en referencia de lo que os he comentado anteriormente), haber hecho un cálculo aproximado de lo que se han gastado en publicidad y por último, echarle un vistazo a su programa electoral, me preparé mis dos sobrecitos. Con la tarea preliminar bien hecha, me dispuse a ir al colegio electoral único de mi pueblo. Una vez allí todo fue como yo esperaba. Todos los integrantes de las listas de todos los partidos políticos estaban allí (claro y eso lo sabía porque me había estudiado sus listas), y todos ellos te esperaban con la mejor de sus sonrisas, hasta aquellos con los que no habías hablado en tu vida y creías que ni sabían de la misma te preguntaban e incluso sabían de ella y hasta he podido recibir cordiales saludos (con besos en la mejilla de alguno de los candidatos).
Luego cuando he llagado a mi sección y mesa correspondiente (que yo me había estudiado también muy bien) tenía a dos convecinos esperándome, claro aquí lo que no me esperaba es que me dijeran que no pertenecía a esa mesa, pero claro, menos mal que allí estaba uno de los candidatos de uno de los partidos y le ha hecho volver a mirar la lista, y allí estaba mi nombre, mis apellidos y mi DNI y por fin mis sobres con mis listas correspondientes dentro de su urna correspondiente. Satisfacción.
Pero claro, después de todo esto, todavía quedaba salir del aula del colegio y volver a enfrentarme con los candidatos que te esperan de nuevo con la mejor de sus sonrisas, y llega la hora de la despedida, de ese «que vaya bien», «que haber si te vuelvo a ver pronto que hace mucho que no te veo»,… y otros muchos que no son oportunos en esta reflexión.
Todo ha salido tal y como esperaba, todos me han saludado y creo, o por lo menos me han hecho ver, que se alegraban de verme, y que esperaban verme pronto. Además, y una vez vistos los resultados en los medios de comunicación, casi definitivos, también creo que hemos conseguido hacer un cambio en mi municipio y ahora que ha terminado el periodo de campaña electoral y vistos los resultados obtenidos ¿nos volverán a saludar cuando nos vean por la calle?
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