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Si alguien quiere echar una mirada crítica sobre la vida pública española y sobre nuestras instituciones jurídicas no debe perderse el último libro de Alejandro Nieto “El desgobierno de lo público” (editorial Ariel).
Los lectores de este blog conocen de sobra al Profesor Nieto. Catedrático de Derecho administrativo de varias Universidades, hoy se halla jubilado en el escalafón pero tan activo como siempre con la cabeza y con la pluma. Probablemente de sus obras constantemente consultadas por los prácticos y los aplicadores del Derecho, la más famosa sea su “Derecho administrativo sancionador” que ya ha conocido varias ediciones en la editorial Tecnos. Pero, junto a este trabajo de jurista minucioso al que no se le escapa un renglón de la materia que analiza, está su dimensión de ensayista que se mueve en el campo de la teoría política y de la ciencia de la Administración. En este sentido lleva años publicando libros polémicos que disparan sobre el blanco de nuestra realidad institucional.
El primero de ellos fue “La organización del desgobierno” que cosechó un gran éxito de crítica y en número de lectores. Incluso destacados miembros de los círculos gubernamentales lo leyeron con sumo interés. Lástima que el mismo interés pusieron en no hacerle el más mínimo caso y pasar página como si allí no se hubieran denunciado aspectos tremendos del mal funcionamiento de nuestras Administraciones. A él siguieron otros como “La nueva organización del desgobierno” y, más recientemente, “El desgobierno judicial” (editorial Trotta), una crítica demoledora de nuestro sistema judicial, de los mecanismos de elección de los magistrados que están en la cumbre de los Tribunales, de la contaminación política que ya resulta clamorosa y que ahora nadie se molesta en disimular. En fin, no queda títere con cabeza en las páginas que al gobierno de los jueces dedica Nieto. Lectura imprescindible para las personas a quienes guste prescindir de tópicos. Ahora, en “El desgobierno de lo público”, lo que trata de averiguar Nieto es “si la monarquía constitucional nacida en 1978 constituye un auténtico sistema democrático o si, por el contrario, se ha desviado en la perversión de un desgobierno”. Que el autor diferencia del mal gobierno definido como “el establecimiento o fijación de unas políticas públicas erróneas” y de la mala administración que sería “su gestión o realización desacertada”. El desgobierno supone, por el contrario, “una condición distinta puesto que lleva consigo la nota de intencionalidad y no la mera ignorancia o incapacidad que provocan un mal gobierno o una mala administración”. Me parece que simplemente estas líneas despertarán ya el apetito de las mentes sensibles y conscientes. Pero, a partir de ahí, el libro se adentra en asuntos como los partidos políticos o la corrupción para arribar a un análisis lúcido de la función pública española, donde podemos aprender una explicación cabal de sus actuales males y desgracias. Ya que estamos en pleno período electoral, me parece de gran actualidad reproducir sus palabras acerca de la manipulación a que nos vemos sometidos los ciudadanos: “gracias a estas técnicas manipuladoras puede desgobernarse descaradamente bajo la cobertura de un sistema formalmente democrátco. Los monarcas y los caudillos absolutistas no aceptaban el presupuesto electoral que para ellos suponía un cierto riesgo de fracaso. La clase política actual lo acepta puesto que sabe que con unas elecciones debidamente manipuladas (como sucedía hasta hace poco- se refiere a la Restauración-) o con unos electores debidamente manipulados (como hoy se practica) se puede entrar tranquilamente en el juego democrático sin riesgo alguno”. Animo a mis lectores a que, en lugar de oír los lugares comunes de las entrevistas o los mítines de esta campaña electoral tramposa, se decidan a leer a Alejandro Nieto.
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