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Ayuntamientos Bajo la Tormenta |
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Manuel Pimentel
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16.07.2008 |
Se habla mucho de las posibles bancarrotas de empresas y familias a la vuelta del verano, asfixiadas financiera y económicamente. Sin embargo, nada oímos de la situación en la que pueden quedar las distintas administraciones. Básicamente, adolecen del mismo mal de las empresas en crisis, a saber, más gastos y menos ingresos. Los europeos en general y los españoles en particular, tenemos mitificado al sector público, que se nos presenta como todopoderoso y seguro. Desde el gobierno se nos ha repetido hasta la saciedad que debemos estar tranquilos, que un sólido superávit garantiza la capacidad de reacción pública. Y nosotros nos lo creímos. Al fin y al cabo, necesitábamos de un cabo al que asirnos en la plenitud de la tormenta. Pero una cosa bien distinta es el gobierno central – que también las pasará canutas pues a finales de año entrará en déficit – y otra cosa bien distinta las finanzas autonómicas y las locales. Sobre todo las de los ayuntamientos, que están tiritando desde que se hundió el sector inmobiliario, uno de sus principales proveedores de fondos. Recientemente, una importante entidad financiera española se quejaba de las dificultades financieras por las que atraviesan algunos ayuntamientos y del grave daño que pueden ocasionar a los bancos que las financiaron y al sinfín de empresas proveedoras de bienes o servicios. Y aportaban datos. Algunas instituciones locales – pocas todavía, gracias a Dios – están pagando con 500 días de retraso, cuando la ley marca un máximo de noventa. Algunas empresas ya están cuestionándose emprender acciones judiciales contra las administraciones deudoras.
La crisis va a ser larga y profunda, y afectará con fuerza a unos ayuntamientos fuertemente endeudados y con unos ingresos menguantes, con escasa capacidad de reducción del gasto. Y con estas altas inflaciones, se verán obligados a subir los salarios de los empleados de las empresas municipales. Los funcionarios lo harán en consonancia a las otras administraciones. Esta debilidad económica de los ayuntamientos hará un gran daño en el tejido económico local y mermará aún más la confianza en lo público. Por eso urge también un plan de choque que facilite la refinanciación municipal, al tiempo que mejore su participación en los presupuestos generales del Estado. No tenemos demasiado tiempo. El otoño será tormentoso, y los ayuntamientos están desamparados.
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