Me temo que pintan bastos para las Corporaciones locales. Fracasó el intento de reforma de la legislación básica en la pasada legislatura y en la presente nadie parece acordarse de ella. No me parece mal porque muchas veces he escrito que los dos asuntos graves a resolver en este mundo son los de la reforma electoral y la financiación local, ambos pues al margen del contenido de la legislación local tradicionalmente considerada.
El asunto de la elección de los alcaldes duerme -como bien se sabe- entre las telarañas de los programas de los partidos políticos, papeles marchitos en cuanto se han celebrado las elecciones. Nadie se acuerda de ellos, a lo sumo son arma arrojadiza de los adversarios, poco más... Por el contrario, el de la hacienda local sí está en el candelero a juzgar por las noticias que viene generando desde que se ha iniciado el curso político. Hasta el punto de que un alcalde de un pueblo ha elevado su protesta al máximo rango que se pueda imaginar: la huelga de hambre. Ya es arrojo el de este hombre con hambre. Para llamar la atención, no me parece mal. Pero es claro que el camino para solucionar el problema son el análisis, la negociación y los acuerdos de las asociaciones municipales, especialmente la FEMP, llamada a desempeñar un papel central. Es decir, la disciplina en las reivindicaciones y el uso no partidario de las mismas. De momento alegra ver cómo alcaldes de significadas poblaciones, de todos los signos políticos, están dando muestras de imparcialidad y serenidad, alejados todos ellos del sectarismo que tan frecuente se ofrece desde las formaciones políticas. Y no les van a faltar ocasiones para demostrar templanza y control de nervios. Porque el Gobierno, por boca de sus representantes más cualificados, parece resuelto a dejar aparcado el problema, embrollado como anda con los dineros de las Comunidades autónomas que arman más ruido y ostentan mayor poder. Es significativo que un periódico nacional, habitualmente bien informado -sin duda por la sagacidad de sus periodistas- de las intenciones del Gobierno, ha llegado a titular: “Solbes cierra el grifo a los alcaldes”. Hay que reconocer que, como noticia periodística, es de gran impacto. Ahora bien, se presta a una pregunta malévola y que sería la siguiente: ¿y cuándo se abrió el grifo? Porque es bien probable que muchos alcaldes no se enteraran de en qué momento concreto se había abierto el mencionado grifo, es decir cuando empezó a manar el maná. El caso es que abierto o no, ahora se cierra porque los presupuestos para 2009 han de ser claramente “austeros” pues lo poco que hay debe servir a “relanzar la economía” y a la “protección social”. ¡Como si los Ayuntamientos no contribuyeran a relanzar la economía ni tuvieran protagonismo alguno en la protección social! A pesar de ello, el aviso es demoledor: la “entrega a cuenta” en 2009 descenderá un 0'6%, rebaja que ha puesto en pie de guerra a la FEMP porque -asegura- “esto no había ocurrido desde que en 2004 se aprobó el actual modelo de financiación”. El ministerio de hacienda maneja unas cifras, a ellas oponen otras los representantes locales entrando todos en una guerra de guarismos, difíciles de seguir por la opinión pública pero que esconden intereses vitales para la inmensa mayoría de los ciudadanos. Todos sabemos que la contabilidad se presta a todo tipo de trucos ¿qué ciencia o qué técnica no los alberga? Pero sería bueno que, para tratar asunto de tanta trascendencia, no olvidáramos que truco suena a trabuco y que quienes están en su punto de mira siempre son los mismos.
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