La crisis condicionará el campo de juego de nuestros actores políticos. La imagen y valoración del gobierno Zapatero comienza a erosionarse. Son cada día más los que sospechan que tras las palabras hermosas del presidente no existe un proyecto de gestión que cimiente el futuro. El PP –que ha subido – ya le iguala en intención de voto. Hasta aquí, el guión conocido. Avancemos a continuación algo más. Dado que la crisis aún durará un tiempo – sobre todo en desempleo, ya que la actividad económica comenzará a recuperarse antes de lo que nos pintan los augures -, el desgaste del gobierno continuará durante los próximos meses. El PP se siente fuerte en materia económica y de empleo, dado que el balance de su gestión pública en esta materia fue muy positivo. Para el imaginario colectivo, la derecha es mejor gestora y la izquierda más social. La realidad tiende a parecerse a eso, sin que profundicemos en debates filosóficos sobre lo que podemos entender por social, por derecha e izquierda.
La estrategia de la oposición, por tanto, está clara. Debe golpear al gobierno por donde más daño le hace, en su ineficacia frente a la crisis. A corto plazo, le irá bien. Pero no debe olvidar que esta dinámica tiene dos puntos flacos. Primero, que la simple crítica agota al mensajero. ¿Dónde están las soluciones alternativas? Los equipos de Rajoy deben devanarse los sesos construyendo una alternativa económica sólida y creíble, lo que hasta ahora no ha conseguido. El segundo punto débil es el tiempo de duración de la crisis. De no mediar anticipo, las próximas elecciones acaecerán allá por el 2012, cuando – con casi toda probabilidad – el mundo haya iniciado una nueva etapa de crecimiento. Zapatero sabe que su única opción de revalidar las urnas es aguantar el chaparrón hasta que la crisis amaine. Los viejos del lugar recuerdan que tras la tempestad regresará la calma, y que lo único que tienen que conseguir es mantenerse a flote en el barco, por muy zarandeado que se sientan en estos momentos de turbulencia. La parroquia, angustiada por las penurias, aplaudirá al partido que lidere España en el momento de la recuperación. La memoria es débil y tenderá a creerse aquello que nos contarán: “La recuperación ha llegado de nuestras manos y gracias a nuestra acción social hemos atenuado el dolor a millones de familias”. Si Zapatero logra llegar al 2012 puede ganar las elecciones, si las celebra en 2010 las perdería. La previsible recuperación trituraría el discurso de oposición del PP, por lo que debe desarrollar otras alternativas de discurso. Por importante que sea la actual crisis, no puede dejarse obsesionar por ella al punto de otorgarle el monopolio de sus afanes. Zapatero se ha desvelado como un pésimo gestor económico. Pero tiene un fino olfato político que le lleva a saber hacia dónde debe caminar. El caso es que los otros lo dejen. Carece de la mayoría parlamentaria suficiente para garantizar la estabilidad a sus presupuestos. Sabe que tiene que conseguir aliados, ahora que el PNV ha salido en estampida y que IU, tras lo de Rosa Aguilar, se la tiene jurada. ¿Quién le queda? Pues como siempre, los catalanes. CiU volverá a convertirse en árbitro. Lo veremos en este próximo debate sobre el estado de la Nación. Comienza la partida de ajedrez. Ganará quién mejor domine los calendarios. ¿Y quién es el maestro? Pues juzgue usted mismo.
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