El falso problema de la colaboración entre la auditoría pública y la privada

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La Organización Internacional de Entidades de Fiscalización Superior (INTOSAI) y el Instituto de Auditores Internos (IIA) en su conferencia anual en julio de 2007, subrayó los objetivos comunes del control externo e interno y la necesidad de una estrecha cooperación y un intercambio de experiencias y un desarrollo común en lo que se refiere a directrices y métodos. Y en los Congresos Nacionales de Auditoría Pública en España ha sido un tema recurrente, sin embargo, se ha afirmado “El objetivo fundamental de este trabajo es poner en evidencia la necesaria y urgente reforma de la normativa actual para contratar auditores privados en el ámbito del control público” (La colaboración entre auditores públicos y privados: necesario, urgente y posible, revista auditoría pública, número 68, p. 32). Luego, ¿Qué ha sucedido para que no exista un avance al respecto?

Sí vivimos en una era de corrupción, y aunque el mundo de la auditoría y fiscalización se muestra preocupado, en el fondo no se encuentra ocupado en desechar los falsos problemas que impiden enfocarse en construir un camino que enfrente a la corrupción. Dado que por una parte se ha pretendido deslindar a las entidades de fiscalización en su lucha al pasar la responsabilidad a agencias especializadas. Y por otra, conferir nuevas atribuciones y competencias a los órganos de control sin examinar las debilidades de los fundamentos de la auditoría en relación al campo público, lo que perpetúa los falsos problemas que han caracterizado al pensamiento de la auditoría y fiscalización, tal como “es preciso habilitar a los auditores privados para que colaboren en estos trabajos, y regular la manera en que puedan hacerlo estableciendo claramente las capacidades y responsabilidad tanto de los órganos de control externo como de los auditores privados” (ídem, p. 40) y añaden los autores que en la actualidad existen diversos programas formativos en relación a la Administración y el control de los fondos públicos.

Pero si realmente existieran los programas que capacitaran a los auditores para desempeñarse en el campo público no nos encontraríamos con las indefiniciones e indeterminaciones de su práctica. Veamos, en el primer párrafo del resumen del trabajo referido se apunta “Los casos de corrupción y fraude en la administración pública, siendo especialmente graves los relativos al ámbito local, han puesto de manifiesto las insuficiencias del sistema de control público español: un sistema que carece de medios suficientes para garantizar el control sobre la gestión  fiscalizar todo este ámbito de actuación. Por lo que infieren, se requiere la necesidad de aumentar las auditorías públicas a través de la contratación de auditores privados. Pero lo anterior es una falacia, porque:

En primero. La noción de auditoría pública es indefinida e imprecisa. Pareciera que ha bastado que las instituciones dedicadas a la fiscalización de fondos públicos en España la mencionen, incluso en sus leyes y normatividades. Aunque la denominación de la revista de la INTOSAI sea de Auditoría Gubernamental. Y en otros países se llama más así, que por su carácter público. No es un asunto menor, ni mucho menos los diversos tipos de auditorías que en cada país se aplican y que se justifican por las circunstancias específicas en donde se desarrolla cada auditoría pero que apelan invariablemente a su apego a las normas de auditoría. Y sí, todos afirman cumplir con la integridad y objetividad, la competencia y secreto profesional. Pero poco o nada saben de lo público ni de la objetividad. El maestro Ferrater Mora en su Diccionario de Filosofía, sobre el concepto de lo público apunta, “cuando se habla del sector público y sector privado se expresa implícitamente una teoría de objetos” Pero lo anterior no se reconoce en el pensamiento de la auditoría y fiscalización y es el origen de toda su confusión. Porque aplicar la auditoría en el campo público requiere determinar las especificidades, características o propiedades de un campo que es distinto del privado. Y que además el concepto de objetividad sólo tiene relación con el objeto y el método. De ahí se deriva la falta de rigurosidad en la auditoría y fiscalización, al carecer del conocimiento sobre lo público, el objeto y el método.

Segundo. Sí, efectivamente existe una insuficiencia del sistema de control público, pero no sólo en España, es prácticamente universal. La era de la corrupción no deja de lado continentes, regiones o países. La auditoría y fiscalización, tal como la conocemos en la actualidad es una práctica agotada, obsoleta y vacía. Sí carente de contenidos y herramientas conceptuales para enfrentar los enormes desafíos que enfrentan las sociedades. Por ello es preciso repensar sus fundamentos y construir una Nueva Auditoría Pública que sea verdaderamente pública, demostrable e imparcial.

Y tercero. Sí, quizá en España como en otras partes del mundo deploren la situación que vivimos en México por el sometimiento de lo económico, político y social a los carteles del narcotráfico, pero poco se dice sobre un mundo económico, financiero, y de la fiscalización que se encuentra sometido al cartel de las auditorías (El cartel de las auditorías, José Bautista, Viento Sur, 13/03/2017).

Pero no, no es tiempo de lamentarnos tanto unos como otros de un destino inevitable, dado que el hombre ha tenido y tiene la capacidad de construir  nuevos caminos que nos impulse al rescate de lo público, de las instituciones que verdaderamente velan por el bien de la sociedad.

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