No sé si alguien recordará haber visto alguna de las películas del malvado Fu Manchú, en las que, tras enormes cataclismos en los que se suponía que tenían fin sus correrías, el siniestro personaje salía en una escena final anunciando: «el mundo volverá a saber de mí»

Por otra parte, prácticamente todos los profesionales de la Administración Local hemos convivido con algún miembro de la Corporación, de uno u otro sexo, «especial», de esos que se hacen querer y son queridos por donde pasan. En estos tiempos en que están tan en boga los sondeos, las evaluaciones y los estudios de opinión, no estaría de más que, aparte de la voluntad del aparato de cada organización política de incluir a una persona en sus listas para las siguientes elecciones municipales, se añadiera la superación de alguna medida selectiva del corte de las apuntadas, y en algunos casos incluso algún buen test psicotécnico.

Pues bien, circunscribiendo estas consideraciones a los casos «especiales» –afortunadamente no todos los casos son así y «quien se pica ajos come»-, llega a veces el feliz día en que su organización no incluye al Fu Manchú de turno en las listas electorales, o en el que, con gran contento para todas las partes afectadas menos para el personal profesional del nuevo «destino», se van a continuar su «carrera» en otras administraciones o en las asambleas legislativas estatales o autonómicas. Es entonces cuando parece que todos los males se han terminado, pero…

A veces llega el momento, pasado el tiempo, en que en las listas electorales para posteriores mandatos nos encontramos con la desagradable sorpresa de ver cierto/os nombre/s incluidos, comenzando así a hacerse efectiva la amenaza de Fu Manchú: «el mundo volverá a saber de mí», y más en concreto la entidades locales afectadas, que muy posiblemente lo volverán a padecer bien dentro del gobierno o dentro de la oposición. Un poco más tarde llega el retorno, y aquellos «malos rollos» que ya creíamos superados vuelven, pero con mayor virulencia. Cuando ya nos habíamos acostumbrado a la buena vida, de nuevo empiezan a ocurrir cosas extrañas y los fenómenos más o menos paranormales se repiten.

Descartado en el actual cuerpo legal el sistema de listas abiertas en las elecciones municipales, es físicamente imposible que una Ley niegue el acceso a la condición de miembro de la Corporación a las personas indeseables; ojalá pudiera ser, pero el concepto es tan aparentemente subjetivo que hoy por hoy no se vislumbra la posibilidad de detectar a tales individuos. Otra posibilidad sería la realización y superación de un test psicotécnico, antes mencionado, pero aun así habría  «cualidades» que podrían escapar de éste.

Tal vez sí sería posible, con las dosis necesarias de imaginación e ingeniería normativa, que se legislase en el sentido de que los miembros de la corporación que no desempeñaran sus cargos ininterrumpidamente aparte de las renovaciones de corporación, no pudieran volver en futuros mandatos a ostentar esa condición; pero además de ser como matar moscas a cañonazos, acabarían pagando justos por pecadores, pues también es cierto que podrían verse afectados muchos corporativos que no fueran como aquellos «especiales» a los que se refiere esta colaboración. Además, es más que dudoso que tal iniciativa prosperara, ya que en definitiva en la inmensa mayoría de los casos los legisladores son de las mismas formaciones políticas que los eventualmente afectados.

En cualquier caso el retorno y todo el tiempo que le sigue son  tremendos como ya se ha apuntado antes, a lo que hay que añadir que el personaje vuelve con una serie de supuestos agravios que vengar y con una mayor experiencia, maleado como la vaquilla que ha pasado por otros pueblos donde hayan tenido la desgracia de soportarle. Y así se pasa realmente mal hasta que se tenga la suerte de que Fu Manchú desaparezca de la escena otra vez. No obstante, siempre queda la desagradable sensación de que en cualquier mandato posterior resurja de las tinieblas, cosa perfectamente posible ya que suele tratarse de personas sin otra cosa en la vida que merezca la pena y sin oficio ni profesión conocidos o solventes, y es muy posible que se pasen toda su existencia en ese continuo entrar y salir, mientras tratan de ver si les va bien en otra institución, cosa poco probable su escasa valía, por lo que acaban regresando, tras haberse metido de rondón y parasitado en cualquier lista electoral cerrada.

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