Recientemente Víctor Lapuente ha publicado un impactante y soberbio ensayo con el largo título El retorno de los chamanes. Los charlatanes que amenazan el bien común y los profesionales que pueden salvarnos (Ediciones Península, octubre de 2015). La tesis de este profesor de la Universidad de Gotemburgo es que ante la situación de crisis económica, política y social en Europa han retornado unos perversos chamanes encarnados por políticos pero también por intelectuales y académicos. Los políticos chamanes poseen una mentalidad idealista, cerrada e intolerante, muy jerárquicos, poseen planes globales que representan la mejor solución sin tener dudas, son unos obsesos de las leyes y de los reglamentos, poseen un espíritu de confrontación y son políticos profesionalizados con una tendencia a invadir todo el espacio público. Dice con ironía el autor: “la retórica chamánica penetra en todas las plantas del edificio público, hasta el aparcamiento subterráneo en sentido literal, a juzgar por cómo algunos políticos usan a los chóferes de los coches oficiales”.

En contraposición hay otro perfil: el de los políticos “exploradores” que son más realistas, prácticos, plurales y tolerantes. Se conforman con las soluciones menos malas ejerciendo una constante exploración incremental en colaboración con los empleados públicos (quiero remarcar que este punto es esencial). No poseen fetichismo con las leyes y los reglamentos sino que sus máximas son las misiones, motivaciones y, especialmente, la evaluación de los resultados. A diferencia de los chamanes, no están ungidos por la verdad absoluta sino que experimentan cooperativamente con los profesionales públicos para ir mejorando la calidad de las instituciones y de las políticas públicas. El autor considera que los políticos exploradores dominan el debate en países como Dinamarca, Suecia u Holanda.

En cambio, los políticos chamanes son típicos del sur de Europa y ahora se están apropiando del resto de Europa ya que en las situaciones de crisis es cuando recuperan espacio y reviven en su máximo esplendor. Esta distinción en dos perfiles de políticos es muy interesante y va mucho más allá de la típica división de estilo de gobierno entre la derecha y la izquierda ya que políticos de ambas adscripciones se pueden comportar tanto como chamanes o como exploradores.

El problema reside que en España, salvo muy raras excepciones, desde siempre ha dominado en su paisaje institucional el perfil político de chamán (los cargos políticos en el gobierno y sus asesores tanto internos como externos) tanto en los gobiernos de izquierdas, como de derechas y también en los gobiernos nacionalistas del nivel autonómico. Su perfil casi mesiánico tanto a nivel ideológico como instrumental y, en especial, su visión invasiva de las administraciones públicas y de sus empleados públicos deja muy poco espacio a la calidad y al refinamiento institucional. Domina el sistema una lógica política que atiende y entiende sobre todas las dimensiones e incluso se atreve con las más técnicas. En este escenario los funcionarios son meros ejecutores sujetos a una estricta jerarquía y ante la desconfianza que generan a los políticos y éstos tienden a invadir su espacio con nombramientos discrecionales y con personal eventual (personal político) que los vigilan.

Lapuente apuntala “en la retórica del chamán, el poder de decisión está en el generalato. La jerarquía es incuestionable y las iniciativas políticas fluyen en una sola dirección, del piso de arriba a los de abajo. Los empleados públicos son partes de una máquina, extraordinariamente inteligentes tal vez, pero inorgánicos, políticamente inanimados. No se les supone energía política, pues esta resplandece exclusivamente en la bóveda del Estado (…) El Político compone la partitura musical, elige los instrumentos y, si puede, selecciona también a los músicos”. En este sentido, se ha demostrado en este libro que en España sí que han logrado seleccionar discrecionalmente a los “músicos”. Estos perfiles de chamanes son muy permeables a dinámicas corruptas (mucho más que el perfil de líder explorador) ya que el ejercicio mesiánico y casi autista del poder y su supervisión invasiva de todos los resortes administrativos dejan, en la práctica, sin capacidad de control y de contrapesos a la Administración y a sus profesionales.

Sin lugar a dudas, una propuesta esencial pero extraordinariamente difícil de implementar sería promover en España un cambio de la cultura política para que los perfiles chamánicos se fueran mudando al nórdico perfil de exploradores. Con esta mutación la calidad de las instituciones y de las políticas públicas del país incrementarían de forma notable y, en paralelo, disminuiría de una forma radical las prácticas corruptas.

Los alcaldes y concejales con los que ustedes han trabajado, ¿a qué perfil responden? ¿a chamanes o a exploradores? Mucho me temo que la mayoría de los lectores van a responder chamanes y así nos va.

 

No hay comentarios

Dejar respuesta