Hace ya 80 años de la guerra civil española. Yo no la viví, pues mis recuerdos de infancia son de la época del despegue industrial y las noticias de la guerra de Vietnam en los telediarios me parecían muy lejanas. Para el niño que era lo más reñido que vivía eran los partidos de fútbol del Real Madrid con el Atlético de Madrid.

Ya adolescente sí recuerdo referencias familiares a episodios vividos durante la guerra por mi familia y por afición dediqué parte de mis lecturas a documentarme sobre ese período de nuestra historia.

Lo que no recuerdo haber asistido, hasta épocas muy recientes, es a ver enfrentamientos entre vecinos de nuestros pueblos por razón lo entonces acontecido. Pero a raíz de la conocida como Ley de Memoria Histórica observo con sorpresa que la gente se enfrenta por poner o quitar una Cruz, una estatua o un nombre de una calle.

Entiendo el argumento relativo a la imposibilidad durante cuarenta años a reivindicar nada que tuviera que ver con la República, pero durante más de otros cuarenta se ha limpiado la memoria de los partidarios del bando vencido, e incluso Carrillo, Pasionaria o mi pariente Alberti se incorporaron al Congreso de los Diputados…

Lo que ya no puedo entender es que se pretenda cambiar la historia con efectos retroactivos. La guerra civil fue ganada por el bando nacional y eso es tan inamovible como la conquista de gran parte de América o la cesión de Fernando VII ante Napoleón en Bayona. Para lograr que el bando republicano gane la guerra, sería preciso plantear una nueva, lo que no deseo para España y me parece estúpido a estas alturas del siglo XXI.

Por otra parte estamos asistiendo a la beatificación del bando republicano y la demonización del bando franquista. Pero la historia está escrita y ambos bandos cometieron barbaridades. El fusilamiento de Muñoz Seca es igual de injusto e ilegítimo que el de Lorca y no tiene ningún sentido coger el metro para medir cual de ambos bandos pudo llegar a cometer la barbaridad más grande. No debemos olvidar ni Guernica, ni Paracuellos, pero nuestro deber es recordar ambos para que ninguno de ellos se pueda volver a repetir; nunca para remediar uno, lo que es irremediable, y procurar ampliar el otro, lo que es indeseable.

El remozado de nuestras calles, con cambios de nombres, mudanza de estatuas, sustitución de placas conmemorativas, etc., me sugiere proponer la declaración de Fernando VII como un Rey nefasto, con la retirada de todas las calles que pueda tener dedicadas, destrucción de sus estatuas y quema de sus retratos… Si así se hiciera, Fernando VII nada sufriría, pero nos veríamos privados de magníficas obras de arte, incluyendo los retratos hechos por Goya del Monarca.

La historia debe estar en los libros y conviene ser conocida. Incluso episodios poco edificantes de la misma merecen su difusión, no tanto por morbo ni poder deshacerlos, sino para evitar su repetición. La guerra entre españoles fue posible por existir un clima de enfrentamiento radical. Desde la aprobación de la Constitución de 1978 se inaugura una magnífica etapa de nuestra historia en la que nos centramos en la concordia, que nos ha permitido progresar extraordinariamente. Por favor, evitemos volver al 36 y no volvamos a las disputas. Mejor recuperemos el diálogo

4 Comentarios

  1. Discrepo, apreciado compañero, pues a mi me parece impecable intentar ganar la postguerra y enviar a la papelera aquello que denominas”bando nacional”, que en realidad fue una rebelión fascista contra un gobierno democráticamente elegido que nos sometió a una larga dictadura y tuteló la transición a una democracia que, como se está viendo, dista mucho de ser lo que nos vendieron (corrupción cronificada, empresas parasitarias en manos de los herederos del régimen, falta de reconocimiento de la plurinacionalidad de España, entre otros muchos aspectos).
    Y dejar claro que unos eran “los buenos” aunque hicieran cosas malas y los otros, “los malos”, aunque alguna cosa buena harían en 40 años, no lo dudo.
    Saludos cordiales,

  2. ¿Cuantas calles hay en Alemania que recuerden a Hitler o a sus generales? En cambio, en España hay todavía muchas calles dedicadas al dictador y a sus cómplices. Me parece higiénico borrar del callejero la memoria de tales individuos. No es válido mantener una equidistancia moral entre los dos bandos. Es cierto que ambos cometieron crímenes pero el primero y principal fue el de la sublevación militar. El franquismo los cometió sin límites durante la guerra, a diferencia del gobierno de la República, que intentó acabar con ellos, y, además, siguió fusilando y torturando una vez finalizada la guerra civil.

  3. Buenas tardes, el otro día, comentando en casa este asunto, me dijeron una frase que todavía resuena en mis oídos: “No perdono a quienes me privaron de vivir en una República moderna y democrática”. La República se traicionó a sí misma, durante su degeneración llegó a no poder garantizar la seguridad ni la vida de parte de sus ciudadanos, ya fueran religiosos o anarquistas. Grandes políticos y pensadores se vieron traicionados en sus ideales de democracia, progreso, educación para todos, así como mejora del bienestar de las zonas más deprimidas de España. Octubre de 1934 no lo protagonizaron los militares que dos años después se sublevaron contra un gobierno legítimamente elegido, así que a mí por lo menos me resulta muy difícil situar el primer y principal crimen. Os recuerdo que Calvo Sotelo buscaba regenerar la vida política municipal (Estatutos Municipal y Provincial) para luchar contra el caciquismo y ese sistema hunde sus raíces en la historia de España; y lo mataron personas ligadas con el Partido Socialista de entonces (“¿el era el malo y los otros los buenos? ¿o a la inversa?). La dictadura durante sus cuarenta años se califica a sí misma como un sistema injusto que amparó crímenes y abusos de toda índole. Es necesario estudiar la historia, analizarla, ponerla negro sobre blanco para no repetir los mismos errores, pero ¿cambiarla? ¿ocultarla? Hay personajes que por el mero hecho de haber militado en Falange o haber ocupado puestos de responsabilidad durante la dictadura no tienen por qué ser borrados del mapa ¿O no hicieron durante 40 años cosas buenas? Estoy de acuerdo con Fernando en que hay que superar determinadas perspectivas y tener más altura de miras; luchar porque se localicen cadáveres aún no recuperados y restaurar la memoria de quienes fueron injustamente borrados de la historia por la dictadura. Pero no pretendamos borrar a los que, ilegítamente, llegaron al poder y gobernaron durante cuarenta años. Suprimamos honores y distinciones si se quiere, quitemos sus nombres de las calles y plazas ¿Será menor el dolor que hubo en España durante gran parte del siglo XX? Aprendamos de nuestros abuelos, que en su inmensa mayoría no buscaron sembrar rencor, sino conciliación y concordia. Tenemos muchos retos de presente y futuro como para seguir peleando por lo que sucedió en el pasado. Y por cierto, en Madrid se sigue celebrando el 02 de mayo, que buscaba traer de vuelta a uno de los peores reyes de la Historia de España (como bien apunta Fernando); así que planteemos cambiar también estas festividades que aluden a un Rey traidor con su pueblo. Saludos

  4. José María, coincido contigo en todo. Lo que hace falta es que se conozca la historia de verdad.
    Y quien se saltara las reglas de juego, sea quien sea, no es ningún referente. Yo no quiero ser nunca de los suyos. Como no son los míos quienes desde cualquier partido se aprovecha de gobernar en cualquier ámbito y se aprovecha de los recursos de todos. Y me parece tan ilegítimo si se los lleva para él o para su Partido, no es de los míos.
    Necesitamos una regeneración en izquierda, derecha y centro… Hay que regenerar la sociedad.

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