Pueblos y aun ciudades, que conocieron su época de esplendor, se empobrecen advirtiéndose en sus calles y plazas las heridas producidas por los cambios económicos y  poblacionales hasta llegar a veces a ofrecernos un aspecto fantasmal, apto para rodar películas de misterio … todo ello es el paisaje ordinario de nuestra España una y mil veces estudiado y denunciado.

A los políticos “a la violeta” que creen disponer de una pócima para resolver este problema con fórmulas sacadas de prontuarios de ideas periclitadas, conviene recordarles el contenido de un informe exhaustivo de la Fundación alemana Bertelsmann de larga tradición y prestigio indiscutido. El análisis se refiere a Alemania, a ese país que es contemplado desde España como el paradigma de la seriedad organizativa.

Pues bien, lo que se denuncia es que la mismísima Alemania está amenazada y condenada a un deterioro paulatino pero cierto y masivo si no se deciden sus gobernantes a invertir grandes sumas de dinero en mejorar carreteras, hospitales, estaciones de trenes y aeropuertos, universidades etc. Y, además, a reducir la distancia entre la Alemania rica (la de Baviera o Baden-Württemberg) y la pobre (Sarre, Renania-Palatinado, los antiguos territorios de la RDA …) actuando precisamente sobre sus municipios.

Porque, en efecto, por un lado, están las prósperas ciudades y sus áreas metropolitanas y, de otro, el resto del territorio de la República, azotado por crisis sucesivas. Son estos últimos espacios los que viven una amarga coyuntura que provoca desasosiego en las poblaciones que ven cómo se deterioran sus servicios públicos, cómo se desconocen las conexiones seguras y rápidas de Internet y cómo se vacían sus núcleos urbanos, obligados sus habitantes a buscar lugares más mimados por los hados. Se habla con desesperanza del “círculo diabólico del endeudamiento”.

Lo interesante es la solución que apuntan los expertos de la Fundación Bertelsmann. Muchos lectores de este Blog saben que la Administración local en Alemania es competencia básicamente de los Länder (que serían nuestras Comunidades autónomas) de manera que en esta cuestión, en principio, la Federación (lo que aquí llamamos el Estado) carece de atribuciones directas (indirectas tiene obviamente algunas).

Por ello lo sorprendente es que se apueste decididamente por una intervención copiosa de la Federación en favor de esos Municipios “que se caen”, pasando por encima de sus Länder respectivos. Y alterando lo que ha sido la tradición constitucional histórica de Alemania pues materias como esta de la Administración local, de las escuelas y de la policía han sido siempre asunto de los Länder. Poco a poco van erosionándose estas competencias, en materia policial por la creación de servicios potentes federales para hacer frente al terrorismo y, por lo que se refiere al sistema educativo, hemos visto en esta pasada campaña electoral cómo se proponía acabar con una fragmentación que tantos quebraderos de cabeza causan a los estudiantes y a sus familias cuando se ven obligadas a desplazarse de un Land a otro.

Ahora observamos cómo hay otra pieza en juego, cabalmente esta de las Administraciones locales, que se verá profundamente afectada a poco que se avance en esta iniciativa propuesta por los expertos, lo que será inevitable.

En España sería prudente tomar nota de estas experiencias sobre todo si nos embarcamos en una reforma constitucional. Y el verbo “embarcar” lo empleo conscientemente, conocedor como soy de las distintas acepciones que del mismo ofrece el Diccionario de la Real Academia.

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