El proceso de implantación de la robótica y de la inteligencia artificial en la Administración pública durante los próximos años puede seguir estas tres fases (Anson, 2017):

  1. Primera fase: Tímidos avances de la automatización. Los expertos en cada ámbito sectorial definirán para los sistemas de inteligencia artificial lo que los robots deben hacer. En esta fase convivirán: (i) los sistemas tradicionales sin apenas informatización;  (ii) sistemas informatizados que no tienen o solo parcialmente disponen de inteligencia artificial; y (iii) otros avanzados, dotados de inteligencia artificial, que se encuentran en fase de implementación y de pruebas, y que apenas tienen impacto en la actividad de la Administración. La actividad del sector público apenas presentará variación, salvo el incremento natural de los servicios al ciudadano en el marco de la administración electrónica. Fuerte tendencia a que todo se informatice, sin que este proceso signifique realmente un cambio de enfoque y mentalidad de la gestión pública. Ahora nos encontramos en esa fase que ya se está dilatando en exceso.
  2. Segunda fase: Consolidación de los sistemas basados en inteligencia artificial. En esta fase la informatización de la administración pública en los países más desarrollados será prácticamente total, y razonablemente avanzada en los países en desarrollo. Los sistemas basados en inteligencia artificial sustituirán las actividades tradicionales por sistemas automatizados de relación con el ciudadano. Los sistemas que no estén dotados de inteligencia quedarán obsoletos y habrá una fuerte tendencia a sustituirlos por inteligencia artificial. Esta etapa reclamará una gran actividad de supervisión y retroalimentación sobre el trabajo de los robots. La función consistirá en asegurarse de que todo está marchando correctamente y de que se corrigen los errores iniciales de programación y de aprendizaje. Los expertos en cada ámbito sectorial seguirán siendo un eslabón básico en la producción del resultado, pero el número de los que están en tareas de campo disminuirá rápidamente. Un buen ejemplo es lo que se pronostica que sucederá en el ámbito médico. En esta fase una buena parte de los médicos ya no se dedicarán a la medicina, sino a hacer que los sistemas de inteligencia artificial aprendan a diagnosticar.
  3. Tercera fase: Los sistemas de inteligencia artificial predominarán en la Administración pública. Gran impacto en la función pública porque el perfil de los empleados públicos habrá cambiado radicalmente. Los funcionarios conocerán sus respectivos espacios sectoriales, pero desde el punto de vista de su gestión automatizada, y serán sobre todo expertos en automatización y en el manejo de máquinas dotadas de inteligencia artificial. En este momento los verdaderos expertos serán los sistemas dotados de inteligencia artificial aplicada. El número de empleados públicos directos habrá disminuido radicalmente. La dirección de los grandes servicios se llevará a cabo por personal reducido desde centros de control remoto. Muchas empresas especializadas trabajarán para la administración para asegurar que sus sistemas funcionan y son seguros (Anson, 2017)

Ante estas tres fases de implantación de la robótica y de la inteligencia artificial en las administraciones públicas habría que reflexionar, al menos, sobre los siguientes cuatro elementos conceptuales:

  • La meritocracia en la robótica: comprar un robot o un dispositivo de inteligencia artificial seguro que va hacerse en la Administración por concurso público previa evaluación de su calidad y de sus costes económicos. Pero adquirir estos dispositivos es una compra o un leasing que no tiene nada que ver con comprar una impresora, un armario o un vehículo. Los robots y los dispositivos de inteligencia artificial van a relacionarse con los ciudadanos, van a interaccionar con las informaciones más íntimas de los mismos, van a prestar servicios públicos y, por tanto, deberían pasar por unos filtros de carácter meritocrático y de valores públicos. La Administración pública debería tener un departamento de gobernanza de la robótica que, entre otras funciones, se encargara de la selección de los robots y de los dispositivos de inteligencia artificial. Los posibles candidatos deberían ser probados atendiendo al principio de capacidad y de que superen determinados filtros con valores públicos (no intrusivos, respeto al principio de privacidad, amables, etc.). Para la misma función no debería ser indiferente que un robot trabaje en una organización pública que en una privada. Todo esto tiene ahora un aroma a ciencia ficción de carácter lúdico pero habrá que plantearse estos temas y muchos más. Por ejemplo: estimular que haya un mercado competitivo en materia de robótica e inteligencia artificial para que la Administración pública no este capturada por una única empresa. También puede plantearse la opción de comprar robots y dispositivos de inteligencia artificial producidos por una institución pública nacional o extranjera. Establecer un debate social sobre si una Administración pública opte por comprar los mejores robots que hay en el mercado internacional o elegir la opción de comprar robots nacionales o de proximidad aunque no sean tan eficaces.
  • La eficiencia de la robótica: El coste de personal de las administraciones públicas alcanza el 23,1 por ciento del gasto público en la OCDE, siendo un 29,1 por ciento en América Latina y Caribe. En España oscila entre el 25 por ciento de la AGE y el 35 por ciento de las Comunidades Autónomas que son mucho más intensivas en materia de personal. El abaratamiento de las soluciones tecnológicas unido al alto coste del personal de las administraciones, impulsará una tendencia a automatizar nuevos servicios, aumentando las partidas de inversión y gasto en tecnología y disminuyendo las de gasto de personal   (Anson, 2017). Durante unos años la robótica puede aportar mayor calidad en los servicios públicos pero mayores costes económicos ya que habrá una duplicidad entre los sistemas robóticos y los sistemas humanos y habrá que invertir en un importante cambio conceptual que implicará un intenso reciclaje del personal y la contratación sobrevenida de personal con nuevos perfiles. Sería un error que con la robótica sucediera lo mismo que con el Gobierno electrónico, en el sentido que se está demorando en exceso en mostrar su vertiente más eficientista. Habría que fijar como  gran objetivo estratégico que la robótica, en cuanto implica automatización de los servicios prestados antes por operadores humanos, debería aportar eficiencia muy rápida al sector público para contribuir a mantener el Estado del bienestar.
  • La gobernanza de una robótica público-privada: la gobernanza de la robótica y de la inteligencia artificial va a implicar la renovación de viejos debates y la aparición de otros novedosos. Entre los viejos debates destacarían la gestión público o privada de la robótica que preste servicios públicos, la opción de robots internacionales o robots de proximidad (europeos, españoles o locales), cómo proteger la privacidad de los ciudadanos (robots y sistemas de inteligencia institucional que traspasan entre ellos todos los flujos de datos personales –sanitarios, educativos, etc.- o solo una parte de los mismos). A estos debates habría que adicionar otros de nuevos: que los datos y metadatos de origen público manejados por robots y por dispositivos de inteligencia artificial no puedan ser utilizados por actores privados.
  • Una robótica social: la Administración pública debería liderar, promover o subvencionar el diseño e implantación de robots de carácter social más allá de las lógicas del mercado. Es previsible que la industria de la robótica avance con rapidez en dispositivos eróticos y sexuales pero quizás no tanto en la robótica que sirva de ayuda a personas con minusvalías físicas o mentales, o que acompañe y preste servicios a los ancianos. La robótica puede demorarse en lograr ser una robótica de masas y asequible a todos los ciudadanos y las administraciones públicas deberían impulsar elementos correctivos para no agudizar las desigualdades sociales. En este sentido, una robótica bien gobernada y regulada podría ser una robótica social.

2 Comentarios

  1. Muy interesante!. Creo que el asunto es más complejo aun si se tiene en cuenta que donde se habla de “robots” muchas veces nos estamos refiriendo a “algoritmos” y sistemas de Inteligencia Artificial como machine learning y deep learning.
    Esto quiere decir que son sistemas que tienen unas capacidades iniciales que van mejorando con el tiempo según se alimentan con información y se les ofrece un feedback adecuado.
    Así que realmente cuando se “adquiere un robot” se adquiere todo un sistema que además no trabaja aislado sino interconectado a otros muchos.
    Vamos a tener que lidiar con muchas situaciones que hoy parecen de ciencia ficció,n siendo probablemente las más importantes el reparto de la riqueza en un mundo donde no habrá apenas trabajo pero una enorme productividad, la seguridad y la ética.
    Un saludo!

  2. Es interesante el planteamiento de introducción de la robótica en las AAPP y efectivamente no hay marcha atrás ante el avance de los robots, entiendo que a medio o a largo plazo, en todos los sectores, y en particular en las AAPP.
    También lo pudimos leer en una noticia en El País de hace unos días sobre startups españolas especializadas en gestionar la burocracia y que integran la automatización y la inteligencia artificial.
    Pero para arrancar con este proceso en las AAPP es indispensable un cambio de cultura interno a todos los niveles y la formación sería una de las herramientas claves para este cambio cultural. Esta formación debería liderarla el INAP aunque parece que está muy alejado de las nuevas tecnologías y las tendencias en gestión administrativa.
    También deberían reformarse normas legales proteccionistas y obsoletas que dificultan cualquier cambio o posibilidad de cambio en las AAPP. Entre ellas, las de contratos públicos.
    Y para finalizar, sin una política estratégica con proyección de futuro sobre las AAPP consensuada por todos los partidos políticos y con los mejores expertos en los sectores involucrados, liderada por el Ministerio de Administraciones Públicas y las Consejerías equivalentes de las CCAA, poco o casi nasa se puede hacer desde organismos individuales. Serían esfuerzos titánicos que morirían por agotamiento o extinción.

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