¿Hacia la inutilidad de la auditoría?

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¿Hacia la inutilidad de la auditoría?José Antonio Gonzalo, presidente del Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas, en su participación en la jornada sobre la nueva Ley de Auditoría, organizado por la Cámara de Comptos de Navarra, expresó “Esta profesión corre el peligro de desaparecer por inútil, en el caso de que no se demuestre el interés social”. Afirmación que debió haber cimbrado al pensamiento de la auditoría, y con efecto de producir un amplio debate sobre tal aseveración. Sin embargo, casi sin eco ha pasado y pareciera una declaración más. No obstante que la auditoría es un elemento fundamental para la rendición de cuentas y la fiscalización, y ésta nada menos, tiene la encomienda de vigilar y evaluar el manejo de los fondos públicos, es decir, de los dineros de todos. Y he aquí la paradoja, una auditoría que no es pública ni social.

El asunto no es nuevo, pero se tiene que agradecer al presidente del ICAC que lo haya puesto en la mesa de discusión, y quizá en un futuro próximo se convierta en tema de la agenda pública, es decir, en asunto de todos. Aunque ha resultado lógico (o cómodo) que gobernantes y legisladores, solamente, escuchen a los llamados especialistas de la auditoría, y entonces, se promulga leyes de auditoría que pretenden dar la solución al problema de la independencia en la fiscalización. Dado que si se pretende reforzar la independencia del auditor es porque ha fallado. Luego, ¿la deficiencia de independencia en la auditoría se resuelve por la vía legal?

En lo general, la respuesta es afirmativa, aunada al juicio de José Antonio Gonzalo “el auditor tiene que ser independiente y también parecerlo, de ahí su defensa de la ética profesional”. Y esta es la concepción que permea el mundo de la fiscalización: la búsqueda de la independencia a través de la ética y lo normativo. Sin embargo, ni la ética ni lo jurídico han resuelto el problema de la independencia en la auditoría. Porque la independencia de una auditoría sólo se demuestra en la auditoría misma. Y demostrar significa probar, y ¿cómo se prueba que una auditoría es independiente?

Toda la normatividad vigente de la auditoría sobre la independencia se ha centrado en la ética, por lo tanto, en una toma de posición personal, y carente de demostración. No es fortuito ni casual que José Antonio Gonzalo, afirme “la independencia del auditor, el mayor estigma de la profesión, lo más incomprendido”. Sí, es lamentable que mucha gente no comprenda la independencia del auditor, pero es mucho más, que los propios auditores no entiendan lo qué es la independencia en la auditoría. Lo cual se origina por la determinación la auditoría pública por la auditoría privada. En consecuencia, cómo demandar que la auditoría tenga un interés público, si se rige por normas que privilegian el secreto profesional. Y cómo exigir que la auditoría sea de interés social, si confunde que el cliente es la sociedad.

Sí, la auditoría que conocemos no solamente se encuentra en proceso de extinción, también los auditores y sus funcionarios que supeditan la auditoría a la concepción gerencial. Por tal motivo, impulsemos repensar lo público puesto que nos conduciría a rescatar la auditoría pública de su privacidad, caso contrario, tendremos que padecer la inutilidad de la auditoría.

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Nacido en Morelia, Michoacán, México. Estudios en contaduría pública, filosofía, y un diplomado en contraloría social. Veinte años de experiencia en auditoría y diez en la investigación de la auditoría pública, ha publicado más de veinticinco ensayos que pretenden construir una Nueva Auditoría Pública.

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