Auditor auditado

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Ramón Roger, socio de importante firma de auditoría, autor del artículo “Auditoría de municipios: ¿preparados?” (www.cincodias.com, 20120106) dice que la crisis “ha puesto sobre la mesa la necesidad de solucionar una carencia en la Administración que en época de vacas gordas pasaba desapercibida o, mejor dicho, era asumida y aceptada por la sociedad: la falta de control financiero y la escasa transparencia de sus cuentas” (cualquier semejanza con la situación imperante en otros ayuntamientos de otros países no es casualidad).A lo cual, Antonio Arias, discrepó, al expresar “el control interno municipal es bastante bueno (…) aunque no haya impedido la tormenta perfecta del empeoramiento en todos los indicadores financieros” (“Llegan los auditores”, www.fiscalizacion.es, 6 de enero de 2012).

Por lo que no se hizo esperar el apoyo de sus correligionarios que mayoritariamente coincidieron que “el control es bastante bueno”, agregando “el Tribunal de Cuentas y los OCEX somos capaces técnicamente (…) aunque algunos no se enteren o no quieran enterarse (…) sin embargo, el problema radica en la voluntad política de usar los mencionados controles”. Y en consecuencia “no hacen falta normas nuevas de control”.

Luego, el error no existe, no obstante que sea disfrazado o matizado mediante la noción de carencia. Y aún así no es aceptado, no obstante que no haya impedido la tormenta. Entonces, ¿De qué sirve el paraguas de la fiscalización si el ciudadano termina mojado hasta de la ropa interior?

Además de la política de avestruz, existe otra más perturbadora porque ha conducido a una mayor confusión y que ha incidido que los ciudadanos no se enteren del acontecer en el mundo de la fiscalización, es decir, la política de transmutación. Por ejemplo, en entrevista a Juan Ramallo, miembro de la Sala III Acciones Exteriores del Tribunal de Cuentas Europeo, a la pregunta sobre las carencias del control, responde “Más que hablar de carencias de dichos controles, me gustaría resaltar sus virtudes” (revista Auditoría Pública, número 55, noviembre 2011). O, en las reflexiones acerca de la Fiscalización Superior derivadas del Foro Internacional sobre la Fiscalización Superior en México y el Mundo, celebrado en la ciudad de México, en el año 2005, en la sección de problemas fundamentales o determinantes de la eficacia de la fiscalización, en lugar de aclarar o discernir los errores o debilidades de la auditoría y fiscalización, convierten el fracaso en éxito, al exponer que “Las condiciones para el éxito de las instituciones de fiscalización superior” (Memorias del Foro, Cámara de Diputados, LIX Legislatura, Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación, noviembre de 2005, p. 91) son las siguientes: Entorno institucional favorable; mandatos claros; independencia; financiamientos, facilidades y personal apropiados; capacidad de compartir experiencia y conocimiento; adherencia a estándares internacionales de auditoría; credibilidad; y, capacidad para administrar riesgos.

Ésta última condición resulta bastante ilustrativa, dado que afirma “Una entidad de auditoría superior, adquiere su pleno estatus de capacidad técnica y modernización tecnológica, si es capaz de llevar a cabo una evaluación de riesgos fiscales relacionados con las políticas públicas”. Y ante la actual crisis en la eurozona, tendríamos que concluir que los tribunales de cuentas o cualquier otra denominación en Europa, no han adquirido un pleno estatus de capacidad y modernización. Pero también se envía al basurero de la fiscalización, la afirmación “Un problema agudo de las fiscalizaciones en los países en desarrollo, es que no suelen contar con metodologías financiero-contables y económicas uniformes” (Ibídem, p. 94),  porque el desarrollo en Estados Unidos y Europa, principalmente, no ha servido para determinar el error o fracaso, y en consecuencia, en adoptar las medidas para resolver los problemas en la auditoría y fiscalización.

Pero mientras se continúe sosteniendo apologéticamente “Las Entidades de Fiscalización Superior cuentan con herramientas para explicar la gestión de los fondos públicos” en Declaración de Asunción, XIX Asamblea General de la Organización Latinoamericana y del Caribe de Entidades Fiscalizadoras Superiores (órgano dependiente conceptual de la INTOSAI), y afirmación compartida por toda la institucionalidad de la fiscalización, los errores o debilidades no serán reconocidos, porque la auditoría aplicada en el sector público no cumple con su papel de ayudar a visualizar los problemas, emplear los conocimientos pertinentes para resolverlos, y sobre todo, de formar auditores con un nivel de criticidad suficiente que cuestionen la auditoría que se les heredó, dado que no responde al interés público y social.

1 Comentario

  1. La votación del presente artículo, aunque sea poca, conjura su indiferencia al tenerlo en cuenta, y no obstante que solamente sean algunos, su apoyo resulta importante para cambiar el horizonte de la auditoría y fiscalización. Por ello, a los que apuestan por la innovación, les dedico el siguiente comentario.

    No a la auditoría actual, sí a la que vendrá

    Todo lo que sabemos sobre la auditoría, incluida, la supuesta pública, lo hemos aprendido más de la repetición que del análisis y reflexión. Por ello, devino técnica y no ciencia. Y su efecto nos ha conducido a la aceptación incondicional de toda su información, de todas las normas y principios sobre la forma de hacer y pensar la auditoría, y posteriormente, la fiscalización, en cuanto: qué es lo correcto y qué es incorrecto; qué es aceptable y qué no lo es; y, todas las reglas y códigos de ética sobre la actuación y práctica del auditor.

    Así, hemos sido atrapados porque hemos estado de acuerdo con toda la concepción e ideas que nos han transmitido, y como hemos estado de acuerdo, hemos pasado a creerlo, y tan pronto lo hemos créido, se ha convertido en dogma, al anteponer que todo lo que dicen las instituciones y organismos de auditoría y fiscalización es necesariamente cierto o verdadero, sin ápice de duda y sin motivo para discusión. Por esto el mundo de la auditoría y fiscalización se nos presenta tan fuerte, que cualquier comentario que vaya en su contra se ignora, al considerarlo irrespetuoso. Porque no existe la cabida al disenso, a la crítica, y mucho menos que sea ventilado en el Blog Espublico.

    En este proceso de aprendizaje, los auditores han perdido todo impulso o tendencia a pensar de manera diferente. Dado que toda la contaduría y auditoría ha estado idealizada en la armonía e igualdad. Y aunque algunos se den cuenta de las debilidades o errores, terminan plegándose a la silenciosa mayoría. Porque dondequiera que miren, todos coinciden y todos están de acuerdo en lo básico y fundamental de la auditoría. En el fondo, ésta aceptación general les ha permitido sentirse seguros. Pero además la pertenencia en los gremios profesionales, origina y mantiene permanentemente la uniformidad.

    Por lo que cualquier desafío al fundamentalismo de la auditoría y fiscalización se considera no solamente erróneo sino merecedor del desprecio y reproche. Y aunque es cierto que la INTOSAI, GAO, IFAC, u otras siglas similares, aparentan mostrarse relativamente democráticos y tolerantes, al expresar su compromiso con la inclusión y transparencia. En los hechos sostienen una auditoría y fiscalización caracterizada por las tres A’s: Acrítica, Autoritaria, y Antidemocrática.

    Por el contrario, la Nueva Auditoría Pública y Fiscalización deberá contruirse a través de un espíritu democrático, con carácter verdaderamente incluyente y plural, y un rigor científico que facilite la investigación de los problemas en vínculo con el marco histórico y social.

    La democratización de la auditoría y fiscalización se podrá y deberá hacer replanteando sus fundamentos, de instituir diálogos entre auditores, académicos, políticos y todos aquellos ciudadanos y organizaciones interesados en investigar y debatir el tema del control y manejo de los fondos públicos, de precisar métodos o garantías que permitan demostrar en público que una auditoría o fiscalización cumple con el interés público. Lo demás es simple moralina o posicionamientos surgidos del interés particular.

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