Auditoría del mecanicismo a lo cuántico

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La contabilidad y la auditoría llegaron tarde a la historia de la humanidad. Aunque en contrario, Oriol Amat afirma «Los recientes escándalos contables promueven la creencia de que es un problema del mundo actual, pero en realidad se trata de un problema antiguo e inherente al ser humano (…) El engaño contable existe desde que existe el ser humano, o mejor dicho, desde que existe la contabilidad» (Empresas que mienten. Cómo maquillan las cuentas y cómo detectarlas a tiempo,  Profit Editorial, 2017).

¡Qué consuelo! De nuevo la función del auditor que brinda ayuda con buenas palabras para tranquilizar al cliente. Calma, el engaño pertenece a la naturaleza del ser humano. Y el engaño contable existe desde los albores de la humanidad. Sin embargo, ¿acaso no ha sido ésta función la que ha servido para disimular o encubrir el engaño en la auditoría? Aunque cabe considerar que no sea la intención de Oriol Amat, ni disimular ni encubrir. Pero durante siglos el hombre indujo a otros a tener por cierto que la Tierra era el centro del universo o era plana. ¿Era un engaño? Sí, sí lo era. Como también es un engaño inducir a creer que el origen de la contabilidad se explica por una idea innata.

El problema se encuentra en las universidades, en la formación profesional de los contadores y auditores, pero también en las instituciones y órganos directrices de la contaduría y fiscalización, al no despojarse de la concepción tradicional de la auditoría, contabilidad y fiscalización, al no permitir la crítica y reflexión acerca del fenómeno contable y de auditoría. Y por ello su enseñanza ha devenido en repetición y memorización. Por lo que se requiere un estudio introductorio al marco histórico.

Si bien desde civilizaciones remotas en China, India, Mesopotamia, Egipto, Grecia,  Roma o en el feudalismo, existieron indicios de registros en las riquezas o en el tributo de los súbditos, en ninguno de estos imperios o reinos hubo la necesidad de crear un sistema contable, de otra forma si se hubiera creado. Porque sí alentaron el  surgimiento de la pólvora, brújula, acupuntura, matemáticas, arquitectura, medicina, escritura, la rueda, calendario, geometría, literatura, astronomía, artes, filosofía, nociones de estado y gobierno, y el derecho, entre otras técnicas y ciencias.

Y hasta el final del feudalismo que los siervos se convirtieron en trabajadores independientes mediante su incorporación al comercio y talleres artesanales, fue que devino el derrumbamiento del feudalismo, surgiendo el Renacimiento con una nueva visión del mundo, el hombre es el centro del universo, todo gira en torno a él. Del naturalismo al realismo, y la Mona Lisa se constituyó en su referente, una desconocida en el centro de una pintura. Inaudito. No solamente se había cambiado el rumbo de la pintura sino la concepción de la vida. Por lo que no resulta extraño la coincidencia en el tiempo y la amistad de Leonardo Da Vinci y Luca Pacioli. Este también dejó de lado a los poderosos, centrando su atención en las operaciones mercantiles de desconocidos comerciantes venecianos que requerían un sistema de registro, creando la contabilidad y con ella, el nacimiento de las primeras formas del capitalismo.

En la actualidad las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) tienen en Luca Pacioli a su fundador, investigó sobre la manera en que se registraban las riquezas de las personas y los negocios, al exponer las bases de la partida doble, a todo cargo le corresponde un abono, y cada transacción afecta al balance, cambia los valores del patrimonio pero sin alterar la igualdad de la ecuación contable. En el fondo, la contabilidad del siglo XVI solamente cambió de amos a patrones, de servir a emperadores o reyes, pasó a servir a banqueros y comerciantes (esta actitud servilista permanece hoy en día). Por lo que no resulta extraño que en este siglo los contables se hacen merecedores de la confianza y certidumbre, por lo que su práctica adquiere legitimidad.  

Sin embargo, la contabilidad quedó atrapada como una forma de hacer (técnica), pero no de conocer (ciencia). A los banqueros y comerciantes venecianos no les interesó que sus contables formularan preguntas ni que fueran más allá del registro  operativo. Después la contabilidad se fundamentó con ideas del Racionalismo: el poder de la razón y la postulación de las ideas innatas (aún en el siglo XXI se observa su influencia).  Y también del Mecanicismo del inglés Isaac Newton, “todo el mundo funciona como una gran máquina”. Y el mundo sucumbió a la mecánica clásica, aceptada como una teoría coherente capaz de interpretar y proporcionar información precisa para la mayoría de los fenómenos que observamos, incluida, la contabilidad.

De tal forma que se concibió a la contabilidad como una máquina precisa, ordenada y coherente. Donde el relojero, o sea el auditor, no solamente se ha encargado de diseñar o mejorar su sistema también de informar (y recientemente de alertar) la realidad financiera de una Entidad. Y este reconocimiento le otorgó poder en el mundo económico, bancario y financiero. Por esto la práctica de la auditoría pública o privada no ha sido llevada al banquillo de los acusados. Revísese la historia de los escándalos de fraude y corrupción, y la auditoría e instituciones de control y fiscalización quedan fuera de duda, examen y juicio. Por ello sus servicios son requeridos una y otra vez. Tal como afirma Oriol Amat, la auditoría es indispensable pero no infalible.

En 1862 bajo la Ley Británica de Sociedades Anónimas la auditoría es reconocida por primera vez. Cuatro siglos después del nacimiento de la contabilidad. Y todavía transcurrieron cincuenta años más, para que se emitiera la obligación de auditar las cuentas a raíz de la Gran Depresión de 1929. Y más tarde en 1948 la legislación británica introduce en el pensamiento contable y de auditoría la noción, True and fair view (true significa verdadero, y fair justo o imparcial) es decir, la imagen fiel.

¿Imagen fiel?

Se trata evidentemente de un término filosófico. No obstante se estableció como paradigma dominante en la auditoría, contaduría y fiscalización, aunque todavía en nuestra actualidad continua en la indefinición. Al respecto «La representación fiel y fiabilidad han sido principios muy controvertidos por no estar claramente definidos (…) El hecho de que los nuevos modelos contables se construyan sobre la base de una característica que sigue siendo ambigua, genera que el modelo corre el riesgo de ser también ambiguo» (La representación fiel y su influencia en la confianza de usuarios de la información financiera, Darwin Parra, Universidad de los Andes, número 36, 2018).

Pero al pensamiento de la auditoría y contabilidad no le ha importado la ambigüedad ni la indefinición de la imagen fiel. Dado que su pensamiento lo aceptó sin más. Así el mundo se vio envuelto en la era de la imagen, y la imagen se convirtió en fuerza, al atribuirle a la imagen la sede de la verdad. Por lo que desplazó a la palabra y a la razón. Concepción o visión fortalecida con la irrupción de la fotografía, gestándose la noción de la imagen fiel. En su inicio fue sinónimo de exactitud, objetividad y verdad. Y las Normas Internacionales de Información Financiera establecieron que los estados financieros reflejaran fielmente la situación financiera de los entes. Su ejemplo, la definición del balance general, al entenderse como una foto de la estructura económica y financiera en un momento. Así fue concebida la contabilidad como una máquina precisa, ordenada y coherente. Donde el relojero, o sea el auditor, no solamente se ha encargado de diseñar o mejorar su sistema sino a través del poder de la fotografía exponer fielmente la realidad financiera de una Entidad. Sin embargo, los escándalos bancarios y corporativos prosiguieron como también las malas prácticas de auditores y se generó la duda, ¿qué es lo que no está en la foto?

De ahí el pensamiento de la imagen fiel ya no fue uniforme. Por un lado, los que aceptan y defienden los principios de la imagen fiel a ultranza. Por el otro, los que aceptan que la imagen trata de una aproximación o probabilidad, incluso, ahora se ha incorporado la noción de incertidumbre

Sí, otra visión de la contabilidad y la auditoría se gesta. De la certeza a la incertidumbre, de la continuidad al salto, de la uniformidad a lo diverso, y de la igualdad a la desigualdad. Pero este tránsito no se ha concretado, apenas son esbozos. Dado que la fuerza de las ideas mecanicistas en el pensamiento de la contabilidad y auditoría es clara. Por ejemplo, Antonio Arias un referente de la fiscalización en España en un post por demás significativo “La verdad contable, los auditores y el Tribunal Supremo” (Fiscalizacion.es, 11/01/2020) empieza con un video y reseña del pensamiento de Oriol Amat «plantea todo un catálogo de señales de alerta anteriores al engaño (…) y posteriores. Un ejemplo de esta última, apuntado por el autor, es la existencia de tensiones o conflictos con el auditor o incluso su cambio voluntario antes de finalizar el contrato. Por el contrario, muchos otros aseguran que la contabilidad ortodoxa no permite hoy medir bien el valor de una Entidad. El ya clásico libro El final de la contabilidad de Barch Lev y Feng Gu (…) Hasta proponen una nueva manera de informar». Y agrega “Ya hemos planteado estos asuntos en la bitácora (…) En definitiva, la contabilidad y por tanto la auditoría, no es una ciencia exacta y está plagada de tensiones prácticas”. Y casi para finalizar apunta «Está claro que hay que volver a lo clásico».

Aunque el término clásico tiene diversas acepciones, su uso califica a producciones culturales de dignas, de admiración o que alcanzan un rango de perfección y por lo tanto sirven de modelo; también se utiliza como un respeto a las normas establecidas o tradiciones (en este sentido resulta ‘normal’ la descalificación “hasta proponen una nueva manera de informar”); y en otros casos significa una vuelta al pasado. Pero cuando Arias califica al libro (El final de la contabilidad) como un libro clásico, parece impropio aunque pudiera referirse a sus ventas o popularidad. Y por el contrario, cuando afirma ‘que hay que volver a lo clásico’, recuerda a catedráticos de la contabilidad que ‘son más sabios’, y en consecuencia infiere que el pasado fue mejor. Además ante la crítica a la contabilidad, señala Arias “Ya hemos planteado estos asuntos en la bitácora. Cuando Fray Luca Pacioli publicó su Tratado de Contabilidad en el siglo XVI, el mundo era otro”. Pero que haya planteado asuntos de contabilidad y auditoría no significa que se hayan resuelto.

En el fondo se evidencia el desconocimiento de la historia y estructura de la ciencia en el mundo de la contabilidad y auditoría. Dado que sin rigurosidad se afirma que éstas son ciencias. O, que la contabilidad y auditoría ‘no son ciencias exactas’. Al respecto, el término ‘ciencia exacta’ ha entrado en desuso, y si bien se emplea como sinónimo de las matemáticas, hoy en día se ha comprendido que ningún saber científico es exacto e inmutable. Luego, ¿dónde está la verdad contable y la de los auditores? O,  se debería preguntar ¿en qué mundo están?

Su falta de credibilidad en su práctica y la confusión conceptual en sus teóricos ha motivado el surgimiento de la participación ciudadana a través de la auditoría a la deuda o en las Entidades Fiscalizadoras Superiores. La primera, afirma que la auditoría no es una cuestión de expertos, «La auditoría de la deuda pública no tiene nada que ver con su caricatura, que la reduce a una simple verificación de cifras realizadas por contables rutinarios. Más allá de ese control financiero, la auditoría tiene un papel eminentemente político» (Auditoría ciudadana de la deuda: ¿Por qué y Cómo?, Eric Toussaint, Damien Millet, 30 de diciembre de 2011). Y la segunda,  Marcos Mendiburu, afirma que la noción de participación ciudadana en los procesos de fiscalización externa se remonta a fines del siglo XX y que la Organización Latinoamericana y del Caribe de Entidades Fiscalizadoras Superiores (OLACEFS) ha contribuido a su conceptualización y reconocimiento. Pero apunta que existe un déficit significativo en tal experiencia, y plantea el interrogante «hasta qué punto las Entidades Fiscalizadoras Superiores (EFS) se están adaptando a los cambios en materia de participación ciudadana» (La participación ciudadana en las Entidades Fiscalizadoras Superiores en América Latina: ¿avance o impasse? Red por la Rendición de Cuentas, 25 de mayo del 2020).

La desvalorización de la auditoría ha originado la idea que cualquier ciudadano  puede llevarla a cabo, o que la recuperación de su credibilidad pasa necesariamente por la participación ciudadana. Ambas posiciones parten del voluntarismo (de la preeminencia de la voluntad sobre el entendimiento). Pareciera que el bagaje académico de abogados, antropólogos, economistas, sociólogos o de la ciencia política, entre otros, les resultara suficiente para entender o ignorar la problemática de la auditoría y fiscalización, o dejar de lado a los auditores. Pues finalmente se piensa ¿Para qué sirven los auditores?

Sí las Entidades de Fiscalización Superiores no se están adaptando a la participación ciudadana (Marcos Mendiburu). Sí auditores y contadores permanecen en la nostalgia (A. Arias). Si reducen el problema de la auditoría a la percepción distinta y equivocada de los usuarios (O. Amat). Si instituciones y organizaciones de auditoría y contaduría observan impasibles como los auditores han roto sus normas, procedimientos y códigos de ética, una y otra vez. Si la independencia, transparencia y rendición de cuentas se convirtieron en simple discurso o en aspiraciones inalcanzables. Luego, considerar que los órganos de control y fiscalización acepten colaborar con la ciudadanía en sus procesos, es otra ilusión.

Pero no es una ilusión el tiempo que nos ha tocado vivir ni los efectos de la pandemia, sin embargo, la historia ha demostrado que ciertos eventos han generado grandes cambios, y pareciera que estamos en el umbral de una gran transformación, donde la contabilidad, auditoría y fiscalización se encontrarán en un entorno y situación diferente. Y lo aprendido acerca de estas materias quedará en el pasado, tal como la determinación de lo público por lo privado, o la reducción de la auditoría como técnica, o su distanciamiento con el interés social. Y luego entonces los auditores podremos construir una nueva visión de la auditoría, contabilidad y fiscalización, y así no se llegue tarde a la historia de la humanidad.

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