Auditoría en contracorriente

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Auditoría de cuentasLa armonización u homogeneización en la auditoría se nos presenta como respuesta indiscutible para su modernización, sin embargo, dudarlo, es ir en contra de la corriente. Porque, cómo un ciudadano común pueda tener la razón, cuando las tres corporaciones que representan a los auditores en España, en relación a la nueva Ley de Auditoría, o sea, el Instituto de Censores Jurados de Cuentas (ICJCE), el Consejo General de Colegios de Economistas y el Consejo Superior de Colegios Oficiales de Titulares Mercantiles, han destacado que la reforma contó con el máximo consenso profesional, y Rafael Cámara, presidente del ICJCE, declaró “Es una ley incuestionable” (Los profesionales aplauden la nueva Ley de Auditoría: genera más seguridad. Web de Libertad Digital 2010-06-18). Lo que ha significado un retroceso en la historia de la auditoría, al encontrarse no en la modernidad sino bajo el principio de autoridad, tal si fuera una nueva fase de la época Medieval. O, ¿acaso hasta el siglo XVII la unanimidad no fue su fundamento y el disenso motivó la sospecha y condenación?

El rechazo al Libro Verde sobre Auditoría de la Comisión Europea, ejemplifica la falta de apertura y dogmatización que priva en el pensamiento de la auditoría y fiscalización. Como, Goran Tidstrom, presidente de la Federación Internacional de Contadores (IFAC) que calificó al Libro Verde de “inmaduro” (El nuevo libro verde sobre auditoria en la Unión Europea. Web de ITG Auditores). Y en consonancia, los profesionales se han manifestado en el mismo tenor, tal es el caso de Mario Alonso Ayala, al decir que es “un texto poco reflexionado” (en su blog, El libro verde esta muy verde, 11 de noviembre 2010), Y ha resultado sorprendente la coincidencia de asociaciones, instituciones y firmas de auditoría en deslindar a la auditoría de haber contribuido con la crisis, no obstante que Andrew Cuomo, Fiscal General de Nueva York, demandó a Ernest&Young por haber estado “totalmente al corriente de las transacciones fraudulentas de Lehman Brothers, aprobó su uso y dio opiniones favorables de la empresa cada año desde 2001 hasta 2007” (Web de Excelsior Acusan a Ernst&Young de permitir fraude de Lehman Brothers, 22 de diciembre 2010). Y bien sabemos, Lehman Brothers detonó la crisis económica global. Luego entonces, ¿Por qué no se ha aceptado debatir sobre la función del auditor y las limitaciones de la auditoría?

Porque la auditoría hasta nuestros días ha sido una práctica autoritaria y antidemocrática. Por ello, la Comisión Europea pretende que el sector de la auditoría sea independiente y democrático. Pero los intereses e inercias en los que detentan la agenda y el rumbo de la auditoría no lo han permitido, dado que rechazan el Libro Verde e ignoran discutir sus tesis, tal como: Volver a los fundamentos.

Aunque cabe señalar que el deseo de exploración de la Comisión Europea sobre el “regreso a los fundamentos” ha sido limitado a la verificación sustantiva del balance, agregando “Los auditores deben garantizar que la sustancia prevalezca sobre la forma”. Ésta afirmación se encuentra en el apartado, 2.1. Comunicación de los auditores a las partes interesadas. Y en donde se señala “Es importante definir con claridad el tipo de información que el auditor debe facilitar a las partes interesadas en el marco de su opinión y sus hallazgos; ello no sólo implicaría revisar el informe de auditoría, sino también plantear la posibilidad de información adicional sobre la metodología de la auditoría” (Libro Verde, p. 7). Lo cual refleja la problemática no reconocida en el pensamiento de la auditoría, por una parte, del uso de una terminología impropia. Por ejemplo, resulta normal el manejo del término “hallazgo” (ver la cita anterior), aunque se desconozca el porqué de su utilización. Lo que nos relaciona con el asunto de los fundamentos; del adjetivo fundus (hondo) se derivó fundare que significa asentar algo, hundiéndolo en la tierra. Este es un término propio de la construcción que luego, por analogía se extendió a otros campos, incluida la auditoría. La acción de fundare se llama fundatio, es decir, la construcción de los cimientos, y al resultado de la fundatio se le denomina fundamentum, es decir, los cimientos, y es en los fundamentos de las grandes edificaciones donde encontramos los fundamentos de cada cultura, y he aquí que el término hallazgo adquiere sentido, al indicar enterramiento (o desenterramiento). Por lo que, los hallazgos son vestigios de sociedades desaparecidas que le permiten al historiador o arqueólogo interpretar una determinada forma de vida social, sin embargo, aquéllos hombres ya no existen para interponer una alegación. Caso contrario, en la auditoría donde el auditado tiene el derecho de alegar, es decir, de contradecir lo que informe u opine el auditor. Y, ¿cómo se resuelve quién tiene la verdad o razón?

La Ley 12/2010 de 30 de junio de Auditoría de Cuentas, ha avanzado en considerar a la independencia no solamente como un fundamento ideal o aspiración sino ha señalado en su artículo 14 bis. En el Informe anual de transparencia, que se deberá incluir, “Información sobre los procedimientos o protocolos de actuación seguidos por el auditor o sociedad de auditoría para garantizar su independencia”. Pero, ¿un procedimiento o protocolo puede garantizar la independencia de una auditoría?

El problema de fondo es que la auditoría sigue concibiéndose como técnica, y por lo tanto, no resulta extraño que en la referida Ley no exista mención alguna sobre el método (Y el método es el camino que nos permite demostrar una aseveración. En la auditoría el método tendría que constituirse sobre la base de la problematicidad de la relación entre los objetivos de la auditoría y su materia o campo de estudio). Y en el Libro Verde se pregunta sobre la metodología de la auditoría, lo cual reitera la falta de rigurosidad en el manejo de los términos, dado que la metodología es el estudio de los métodos, aunque se confunda con procedimiento o técnica de investigación; al entenderla como un proceso empleado para recopilar y analizar información para llegar a conclusiones y recomendaciones. Y sin agotar los términos imprecisos que se utilizan en la auditoría; se pasa a abordar la otra parte, la idea que la sustancia debe prevalecer sobre la forma, expresada en el Libro Verde, pero que ha estado presente en la conceptualización de la auditoría, aunque en forma indirecta o soslayada, al reducir la asignatura o herramienta que tiene como encomienda, la transparencia y fiabilidad de la información económica financiera auditada, tal como señala la Ley de Auditoría de Cuentas, a técnica. Pero, la técnica no conduce a mostrar, ni menos a demostrar la forma como se garantiza que una auditoría ha sido independiente en lo concreto y particular. Por lo que, la forma constituye el método, y si la auditoría no construye su método tampoco precisa su objeto de estudio.

Cuando las leyes de auditoría y fiscalización exigen que las cuentas sean objeto de auditoría, se ha pretendido argumentar que este es el objeto, lo que refleja la confusión conceptual, porque las cuentas no son el objeto, es el campo donde de despliega la actividad de auditar. El objeto en una ciencia, es el conjunto de hechos, procesos y leyes que caracterizan a cada campo de estudio. Y si la auditoría desea cumplir con una función social, tendría que construir su estructura de ciencia, evidentemente tendría que situarse en la ciencia social. Pero una ciencia no se desarrolla anteponiendo la autoridad, en nuestro caso, sea el IFAC o la INTOSAI o cualquier otra sigla que asumen poseer la “verdad”.  Por ello, se ha rechazado el Libro Verde, porque la Comisión Europea, un organismo oficial, ha aceptado que la supuesta certeza en la auditoría, más bien es incierta. Su procedimiento ha sido formular preguntas a los auditores, cuando tradicionalmente se dedican a responder. Y ha generado la condición de posibilidad para modificar el saber de la auditoría, al abrir con la indagación el ejercicio del pensamiento y la ruptura conceptual. Y probablemente el Libro Verde no sea la solución definitiva, pero siembra la esperanza para que la auditoría sea democrática e independiente.

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