Auditoría Pública entre la apariencia y la verdad (I)

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Auditoría Pública entre la apariencia y la verdad (I)En el campo de la auditoría la noción de apariencia está presente en toda su normatividad. En las Normas de Auditoría de la Organización Internacional de Entidades Fiscalizadoras Superiores (INTOSAI) se afirma “Las entidades de fiscalización superior (EFS) deben ser objetivas y aparecerlo” (punto 2.2.40), y en la Declaración de México sobre Independencia en el Principio No. 3, dice “Las EFS deben asegurar que su personal no desarrolle una relación demasiada estrecha con las organizaciones que audita, de modo de ser y parecer objetivas”; la Government Accountability Office (GAO) en las Normas de Auditoría Gubernamental, revisión 2003, capítulo I, Introducción, establece “Los auditores también deben ser independientes en los hechos y en la apariencia”. Y la norma distingue claramente, a la independencia en dos vertientes “La independencia de hecho (su independencia mental, que es evidentemente una cuestión relativa al fuero interno), y la independencia de apariencia (que el público crea que el profesionista es independiente)”[1] . De tal forma que el Director del Instituto de Auditores Censores Jurados de Cuentas de España, señala “Nos encontramos, entonces, con que la auditoría debe ser la única profesión que cumpla con la independencia exigida en la ley y apariencia de independencia establecida por los legisladores para que la sociedad, en general, tenga esa percepción”[2] , en pocas palabras, se concibe que no basta que el auditor sea independiente, sino que el público crea que es independiente. Pero creer es dar por cierto una cosa que no está demostrada, o también, dar completo crédito prestado a un hecho. La primera acepción linda con la anticiencia, y en eso caen las afirmaciones no científicas que se hacen sin conocer la forma de su demostración o cuando se apela al principio de autoridad intelectual de las importantes instituciones normativas, como: la INTOSAI, la Internacional Federation of Accountants (IFAC), o el Institute of Internal Auditors (IIA) entre otras, ante la ausencia de validación metodológica. En la segunda, la palabra crédito proviene de la raíz latina credo, que significa ‘yo creo’, de esta palabra se ha derivado el concepto de credibilidad, que se define como la capacidad de ser creído, y “la credibilidad se compone de dos dimensiones principales: capacidad de generar confianza y grado de conocimiento, donde ambas poseen componentes objetivos y subjetivos. La capacidad de generar confianza es un juicio de valor que remite al receptor basado en factores subjetivos” (Wikipedia).

 La independencia constituye un pilar fundamental de la auditoría, y se reconoce como condición necesaria que garantiza la objetividad e integridad de esta actividad. Esto representa el pensamiento que ha dominado nuestra época, sin embargo, problematizar los términos que se encuentran implícitos pareciera un ejercicio ingenuo e inútil para la práctica docente, profesional, y de investigación, dado que históricamente la auditoría pública o fiscalización ha sido determinada por la auditoría privada, es decir, por la auditoría surgida para el sector privado, y ha marcado una profunda influencia en la visión o concepción de la auditoría que ha oscilado entre la apariencia y la verdad, en una distinción donde lo aparente resulta más importante que la propia realidad, en un reflejo que expresa “la independencia aunque en realidad exista, si no parece que existe, no sirve para nada”. El Director del Instituto de Auditores Censores Jurados de Cuentas de España, lo ejemplifica “Sin temor a estar muy de la realidad podemos señalar que hay dos tipos de independencia, una económica formal y otra de pensamiento. La primera puede medirse y es objeto de normas éticas de regulaciones en cada país que pueden ser modificadas. La segunda es, posiblemente, la que nos atañe más íntimamente , aquel aspecto psicológico que se aprende a través de la experiencia y que puede realmente, influir en la actividad profesional en una forma mucho más significativa que la primera ya que no puede ser vista, se mantiene escondida y no puede ser medida”[3]. En forma similar, otro estudio señala la diferencia entre la independencia real y la aparente “Real: la independencia real es inobservable y se sitúa en los planteamientos más personales e internos del auditor, rozando cuestiones relativas a su posición ante el desarrollo de una profesión y a su propia concepción de la ética profesional. Pero ¿cómo adentrarnos en las entrañas de los auditores para conocer si sus actuaciones están respondiendo a planteamientos éticos? La respuesta podría ser contundente: es imposible. Por ello, debemos utilizar algún signo que nos ayude a mostrar de forma más clara la posición de independencia del auditor. Dicho signo suele ser la independencia aparente. Aparente: en ocasiones resulta doloroso para los propios auditores pedirles que parezcan independientes, pero con ello lo que se intenta es dar una solución a la propia realidad. ¡No basta con ser independientes hay que parecerlo! Los signos externos permiten hacer valoraciones sobre si la independencia del auditor está o no comprometida”[4].

Cuando el Director del Instituto de Auditores (antes referido) expresa que “sin temor a estar muy lejos de la realidad podemos señalar que hay dos tipos de independencia”, indica por una parte, que su concepción sobre la independencia es verdadera o correcta, aunque no se demuestre y quede solamente en convicción. Y la otra, asume que el auditor mantiene una actitud objetiva que le permite percibir la realidad o la verdad, tal cual. Por ejemplo, se afirma “que el auditor diga la verdad tal y como él la aprecia sin permitir influencias, financieras o sentimentales”[5]. O, el Auditor Superior de la Federación, afirma “su único compromiso es con México y con la verdad”[6]. Pero, ¿qué significa la verdad?

“El vocablo verdad se usa en dos sentidos; para referirse a una proposición y para referirse a una realidad. En el primer caso se dice de una proposición que es verdadera a diferencia de una falsa. En el segundo caso se dice de una realidad que es verdadera a diferencia de aparente, ilusoria, irreal, o inexistente”[7]. En la historia de la ciencia y filosofía se registran diversas concepciones sobre la verdad, se habla de verdad lógica, verdad semántica, verdad existencial, o verdad epistemológica, entre otras, afirmando que parece imposible reducir a un común denominador todos los conceptos de verdad. Además, porque la verdad cambia en el tiempo. Por ejemplo, en la Antigüedad se entendía la verdad como realidad, una realidad que no diferenciaba lo público y lo privado “La distinción entre la esfera pública y la privada era desconocida, y hubiera sido ininteligible para el polities (ciudadano). Como escribió Werner Jaeger: un código moral puramente privado, sin referencia al Estado, era inconcebible para los griegos”[8]. En la modernidad “cuando se habla del sector público y sector privado se expresa implícitamente una teoría de objetos”[9] una de las tareas de la teoría del objeto –o teoría de los objetos- es la clasificación de los objetos y determinación de sus propiedades, pero antes, se tiene que dilucidar el concepto de objeto. Desde Kant ha sido frecuente hablar de objeto como objeto de conocimiento, y lo que importa es la relación objeto-sujeto. En consecuencia, por objetivo se designa lo que no reside meramente en el sujeto, en contraposición a subjetivo, entendido como lo que está en el sujeto. Y contemporáneamente se entiende que “La objetividad es la cualidad de lo objetivo, de tal forma que es perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir” y “El término subjetividad se utiliza con dos significados, según se utilice para referirse al conocimiento o al sujeto. En la teoría del conocimiento, la subjetividad es la propiedad de las percepciones, argumentos y lenguaje basados en el punto de vista del sujeto, y por lo tanto influidos por los intereses y deseos particulares del sujeto. La propiedad opuesta es la objetividad, que los basa en un punto de vista no prejuiciado, distante y separado, de modo que los conceptos en cuestión sean tratados como objetos” (Wikipedia).

[1]  Independencia profesional. www.imcp.org.mx 12 de julio de 2006.
[2]  López Casuso, Agustín. La independencia del auditor, www.elmundoes/nuevaeconomía/2003/171/1050921276.
[3]  Ídem.
[4]  López Gaviria, Rosario. La profesión de auditoría: ¿crisis real o aparente? www.navactiva.com
[5]  Alvarado Riquelme, María. La independencia del auditor. Sumario. www.viex/vid/190420.
[6]  La Voz de Michoacán. 30 de marzo de 2007, p. 4 B.
[7]  Ferrater Mora, J. Diccionario de Filosofía. Q-Z. Ed. Ariel, 1994, p. 3660.
[8]  Sartori, Giovanni. Teoría de la democracia. Ed. Patria, 1991, p. 352.
[9]  Ferrater Mora, J. Diccionario de Filosofía. K-P. Ed. Ariel, 1994, p. 2603.

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Pretendo generar un nuevo paradigma en la auditoría, y por ende, en la fiscalización, mediante el rescate de la objetividad, el método, y lo público. A efecto que la auditoría sea ciencia. Y tal vez el puente entre México y España que ha hecho posible Espublico permita construir el nuevo conocimiento.

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