Auditoría pública que Mata (III)

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Auditoría pública que Mata (III)Éste reconocimiento debiera de dar por terminada la pretensión de aplicar la visión empresarial a lo público, y debiera dar lugar al fortalecimiento del conocimiento que se dirige en contra del sentido común, de las apariencias, y de considerar que las Normas de Auditoría son un saber acabado, cuando la complejidad de la realidad pública demanda nuevos conceptos y una nueva forma de concebir y mirar del auditor. Pero para ello debemos enfrentar el obstáculo de…

2.    ¿Qué información en la auditoría pública no es pública?

En el aspecto legal, en general, las Leyes de Acceso a la Información Pública y las Leyes de Fiscalización, coinciden que la información que debe ser difundida son los Informes de gestión financiera y cuenta pública, así como los resultados de todo tipo de auditorías concluidas hechas al ejercicio presupuestal de cada una de las entidades públicas. Sin embargo, el principio de publicidad implica el leal conocimiento de las actuaciones administrativas, requisito esencial del debido proceso y que a su vez presupone una característica de la garantía de audiencia del gobernado, por lo que implica la posibilidad de que los interesados conozcan de todo lo relativo acerca de la tramitación del procedimiento administrativo correspondiente, desde su inicio hasta sus etapas conclusivas. Y además, la libertad de expresión depende directamente de poder contrastar todos los aspectos de un asunto, con lo cual, defender la libertad de expresión exige hacerlo desde la libertad de información. Pero la libertad de información presenta dos caras, la del derecho al acceso a los registros públicos y la de la protección de los datos personales. Y se entiende como datos públicos todos aquellos datos no sujetos a restricciones de privacidad, seguridad o propiedad.

Y el discurso democratizador apunta que “la rendición de cuentas (…) obliga al poder a abrirse a la inspección pública”, aunque el mismo autor afirma que existen esferas legitimas de confidencialidad que “no implica a abrirlas a los ojos del público de principio a fin” [11]. O, “La ventaja de la democracia consiste en que los espacios públicos son lugares en los cuales la evaluación pública da origen a la aceptación o el rechazo de las autoridades. Ello implica un compromiso abierto y responsable con el modo de administrar y gobernar a la sociedad (…) Lo público del Estado está a la vista de todos”[12].

De lo anterior se observa que la información que puede ser pública o no, oscila entre los Informes o Resultados, como parcialidad. Y el proceso de la auditoría, en su totalidad. Pero en las entidades de fiscalización, incluso en el pensamiento liberal, domina la concepción que solamente debe ser público, la parte final, no obstante que no haya infracción a la publicación de datos personales, de seguridad o propiedad, y que en los hechos existan quejas que los órganos de control no cumplan ni con la difusión de sus Informes.

En el fondo, el problema es la noción de transparencia. Por ejemplo, el Presidente del Tribunal de Cuentas de España, afirma “en el sector público la transparencia y el control es inherente a su propia naturaleza”[13] sin embargo, la realidad pública carece de naturaleza, es decir, el control y la transparencia son actividades del acontecer humano, no son “naturales”, sino más bien la esfera pública y su Administración tienen historia.

Si verdaderamente la preocupación del Tribunal de Cuentas es contribuir a que “la transparencia sea el referente esencial que propicie la participación de los ciudadanos y el reforzamiento del funcionamiento democrático”[14]. Entonces, el punto de partida debe ser…

3.    ¿Por qué la auditoría pública no es pública?

En su origen el mundo de la fiscalización considera “natural” que “la INTOSAI desde su fundación en el año 1953, ha proporcionado un importante marco institucional sobre la transferencia y el aumento de conocimientos, contribuyendo a mejorar el nivel mundial de la fiscalización pública externa y fortaleciendo la posición, la competencia y el prestigio de las distintas Entidades en sus respectivos países”[15]. Por esto no resulta extraño que las nuevas publicaciones sobre el tema afirmen “En 1977, el proceso de fiscalización mundial experimentó una transformación radical, cuando (…) aprobaron el documento que guía de manera importante a la fiscalización internacional: La Declaración de Lima, la Carta Magna de la fiscalización mundial”[16].

La historia de la fiscalización hasta nuestros días, ha estado basada en supuestos, donde sus nociones fundamentales han permanecido incuestionadas, derivado de la autoridad y fuerza de las instituciones y organizaciones de fiscalización, sin embargo, ante la complejidad de la realidad pública y sus retos se impone la crítica y autocrítica de su quehacer.

Repensar lo público nos conduce a rescatar la auditoría pública de su privacidad.  Pero, cómo dotar de la capacidad de cuestionamiento al auditor cuando su sobrevivencia en la entidad de fiscalización depende de que guarde silencio. Aunado al hecho de que el sistema educativo, profesional, y laboral, privilegia la capacidad instrumental, es decir, la técnica, sobre la reflexión, no obstante que el mundo económico y social se encuentra sumergido en una crisis, pero las entidades de fiscalización continúan en la inercia de resolver lo público a través de la auditoría privada.

Conclusión
 
La Institución de Fiscalización, construida a lo largo de los años, ha sido cómplice perfecta de una sociedad que tolera la corrupción y la impunidad mediante una supuesta auditoría pública que reproduce el statu quo del silencio. Esta percepción nos debería convocar a la crítica y reflexión acerca de la verdadera labor en la fiscalización. Derivado que la ciudadanía se ha dado cuenta que las entidades de control y fiscalización no son la panacea esperada. Lejos se encuentra la intención y creencia de los que contribuyeron a redactar la Declaración de Lima, como Ramón Muñoz Álvarez, lo apunta “Y esto era, y no otra cosa lo que algunos pretendíamos entonces, buscar el camino de la modernidad”[17] y el mayor homenaje que se puede rendir a las personas que han dejado huella en la fiscalización, es abrir nuevos caminos hacia una verdadera auditoría pública, que permita a través de la indagación su comprensión, de los porqués de esta práctica social, valorar sus triunfos con base en el mérito alcanzado desde un punto de vista real, en función de que “se es”, de lo que “se hace” y de lo que “se debería de hacer”, pero también debatir el porqué de sus fracasos.

La trascendente misión de la fiscalización nos invita a reflexionar en todo cuanto ocurre en esta Institución, la forma en que interactúan sus funcionarios y auditores, así como su relación las organizaciones sociales y la ciudadanía, en una nueva dimensión donde sus espacios permitan la expresión abierta sobre la problemática de su quehacer; caso contrario, intentar posicionar en la agenda pública ¿Por qué las entidades de fiscalización no pueden desprenderse de su silencio?…so pena de ingresar al cementerio donde reposan los auditores, los proyectos, y las esperanzas de los que han intentado mejorar la fiscalización.

[11] Schedler, Andreas. ¿Qué es la rendición de cuentas? Cuadernos de transparencia 03, Instituto Federal de Acceso a la Información, 2004, p.28.
[12] Michel Padilla, Roberto. Ídem. P. 14.
[13] Nuñez Pérez, Manuel. Ídem, p.10.
[14] Ibídem, p. 20.
[15] Fiscalización del gasto y de la gestión pública. www.fiscalizacion.es 19 de abril de 2009.
[16] Michel Padilla, Roberto. Ídem, p.27.
[17] Muñoz Álvarez, Ramón. Constitución y Tribunal de Cuentas: anecdotario. En Revista Española de Control Externo, p. 104. Tomado de la entrada, Declaración de Lima, jurisdicción contable y fiscalización. www.fiscalizacion.es, 6 de octubre de 2009.

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Pretendo generar un nuevo paradigma en la auditoría, y por ende, en la fiscalización, mediante el rescate de la objetividad, el método, y lo público. A efecto que la auditoría sea ciencia. Y tal vez el puente entre México y España que ha hecho posible Espublico permita construir el nuevo conocimiento.

1 Comentario

  1. Porque ni la mayor bancarrota de la historia de los Estados Unidos ha sido capaz de colocar a la auditoría en el centro del debate y reflexión.

    El día de hoy, 16 de marzo de 2010, se publica en http://www.exonline.com.mx, «Al descubierto irregularidades en Lehman Brothers», de la agencia EFE: «un hombre que llevaba catorce años trabajando para el gigante financiero con sede en Nueva York, fue retirado de la firma en junio de 2008, unas semanas después de que éste expusiera a los auditores de Ernest&Young sus temores sobre determinadas prácticas contables de Lehman Brothers… En un comunicado remitido al diario neoyorkino, Ernest&Young asegura al respecto que los gestores de la firma de inversión investigaron la información ofrecida por Lee y luego aseguraron al Consejo de Administración que sus alegaciones eran «infundadas»».

    Y seguramente, no obstante de la nota publicada, la firma de auditoría seguirá pregonando su independencia y confiabilidad, como toda la auditoría en su generalidad. Y muchos, muchos funcionarios y políticos continuarán solicitando «apoyo» de la auditoría privada como sinónimo de eficiencia y credibilidad.

    ¡Ay de la ciudadanía que seguirá pagando los platos rotos bajo el consuelo del discurso que cumple con los compromisos!

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