Auditoría versus debate

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Al principio el mundo se ha dirigido a los epidemiólogos para encontrar respuestas a la pandemia y se ha generado debate. Luego se ha buscado a los economistas y también se ha producido discusión. Y entonces cuando se mira a los auditores todo es acuerdo y  continuidad.

Por ejemplo, la Organización Internacional de Entidades Fiscalizadoras Superiores (INTOSAI) en su portal se encuentra, Intosai y la corona pandemia, de fecha 29 de abril de 2020 en donde se afirma “Las Entidades Fiscalizadoras Superiores (EFS) deben asegurarse –dentro del margen de sus mandatos- de que los muchos miles de millones que se están asignando ahora para hacer frente a la crisis sirvan a su propósito y se gestionen de lo mejor posible”. O, el Dr. In-Ki Joo, Presidente de la Federación Internacional de Contadores (IFAC) dice “El autor de Sapiens, Yuval Noah Harari, predijo que después de que pase la tormenta, habitaremos en un mundo diferente”. Posteriormente agrega “fundamentalmente nuestros objetivos no han cambiado. Un estado financiero sigue siendo un estado financiero, y una auditoría sigue siendo una auditoría” (Impacto de la pandemia de COVID-19 en los informes y la garantía, página web del IFAC, 13 de abril de 2020).

Hoy en el horizonte económico y social se cierne la incertidumbre, no obstante la Intosai demanda a las Entidades de Fiscalización otorguen certeza. Pero hace dieciocho años el presidente de Ernst&Young en España, Manuel Aragón, afirmó “preguntarme, cómo puede quebrar Enron es como cuestionarse por qué se cae un avión. Los errores humanos y de apreciación existen” (Los auditores no damos fe pública de nada, Elpais.com, 11 de febrero de 2002). Si lo anterior es cierto, Arthur Andersen, auditora de Enron incurrió en el error humano (ambición y codicia) o de apreciación en la manipulación de técnicas contables y elaboración de estados financieros confusos para mantener altas tasas de crecimiento en la cotización bursátil. Aunque también su filial en Estados Unidos fue demandada por 150 millones de dólares más daños e intereses para los inversores por maquillar su balance de cuentas y ocultar los problemas económicos que la financiera tenía antes de entrar en bancarrota Lehman Brothers.

Ambos casos representan un referente para entender la historia de la auditoría. Mientras Arthur Andersen desapareció, Ernst&Young continuo con sus malas prácticas de auditoría en FIFA, Bankia, Dansk Bank, y en otras empresas. Al respecto un estudio bastante completo de tales casos se encuentra en, Escándalos Financieros y su efecto sobre la credibilidad de la auditoría, de M.J.Jaramillo, M.A. García B. y M.A. Pérez Chávez, www.aeca1.org. Sin embargo, la “desaparición” de Arthur Andersen resultó muy conveniente no solamente para los grandes despachos de auditoría sino para el mundo de la auditoría y fiscalización.

Wikipedia nos ilustra al respecto “El final de Arthur Andersen como una gran compañía ocurrió cuando la empresa, auditora de Enron Corporation, fue sentenciada por los tribunales federales de Houston el sábado 16 de junio de 2002 por delitos de obstrucción a la justicia y de destrucción y alteración de documentos relacionados con la quiebra de Enron y las irregularidades cometidas por dicha corporación. La multa impuesta fue de poca cuantía, unos 500,000 dólares, pero además se privó a la compañía de poder seguir ejerciendo sus funciones de auditoría y asesoría para las sociedades registradas en la bolsa de valores de los Estados Unidos. Esto motivo el cese de casi todas sus actividades. A partir de entonces, las sociedades de Arthur Andersen en los diferentes países se fueron disolviendo y sus equipos profesionales se fusionaron o fueron absorbidos por otras empresas del sector.

El 31 de mayo de 2005 la corte suprema de Estados Unidos, a raíz de una apelación por parte de Arthur Andersen, absolvió a la compañía basándose en la vaguedad de las pruebas presentadas por la acusación, estimando además que el jurado del juicio condenatorio estuvo <aleccionado> por la fiscalía para culpabilizar a la auditora <por destruir papeles, incluso si no hubiera ánimo de obstruir a la justicia>. Sin embargo, la compañía no pudo recuperarse de la pérdida de prestigio y capital humano y fue incapaz de retomar la actividad profesional anterior, ni siquiera a menor escala.

Arthur Andersen no ​fue disuelta y continua operando el centro de conferencias Q Center, en St. Charles, Illinois (Estados Unidos), utilizado para conferencias y cursos de formación de diversas consultoras y auditoras” (Arthur Andersen).

Lo anterior permite establecer lo siguiente:

  • La absolución de Arthur Andersen demuestra el poder de las auditoras y el dominio del interés privado sobre el público, así como el debilitamiento de la justicia a favor de los grandes intereses económicos y políticos.
  • La “desaparición” de Arthur Andersen ha servido al mundo de la auditoría y fiscalización como catarsis o un pretendido saneamiento al establecer leyes, normas y medidas de control interno. Sin embargo, el caso Lehman Brothers evidenció a Ernst&Young y otra vez se crearon leyes y regulaciones. Pero han continuado los escándalos en complicidades de auditores tanto en el campo privado como en el público.
  • Los responsables de las asociaciones, instituciones u organizaciones de   auditoría y fiscalización cuando enfrentan acusaciones o denuncias de comportamientos impropios de auditores, invariablemente, argumentan que se derivan de errores individuales o de apreciación como afirmó Manuel Aragón. Pero hasta nuestros días no se ha enfrentado o puesto en duda que los principios y fundamentos de la auditoría y fiscalización han dejado de tener funcionalidad.
  • Ante los indicios o evidencias del fracaso de la práctica de auditoría se debe preguntar ¿Por qué sus instituciones rectoras permanecen incólumes? La hipótesis, si las Big Four (Deloitte, PricewaterhouseCoopers, Ernst&Young y KPMG) no quedaron relegadas por sus errores, responsabilidad y no dieron la voz de alarma en algunos momentos fundamentales, y al contrario siguen dominando el mercado de la auditoría tanto en Europa como en EEUU y además fueron beneficiados en los rescates bancarios en la UE (investigación de Transnational Institute, TNI, Rescate bancario en la UE: un negocio de 213,000 millones de euros para el oligopolio de las auditorías, 22 de febrero de 2017) es porque dominan la agenda de las instituciones de auditoría, contaduría y fiscalización en el mundo a través de haber impuesto la concepción “Laissez faire, laissez dire” (dejen hacer, dejen decir).
  • Las leyes, normatividades y controles en auditoría y fiscalización solamente han servido para enmascarar que se privilegie el interés privado en detrimento del interés público. Además, la expresión ‘generalmente aceptados’ ha conducido a una ‘normalización’ que ha impedido discutir u oponerse a las directrices de los órganos rectores de auditoría.
  • Sí, la paradoja de la auditoría y fiscalización es que se han arropado con las banderas de la independencia, profesionalidad, y recientemente, con la transparencia; tal como César Ferrer, socio de KPMG y miembro del consejo directivo del Instituto de Censores Jurados de Cuentas de España, afirmó “históricamente las firmas de auditoría eran cajas negras” (revista Auditores, núm. 15, mayo de 2011, p. 14) cuando en la realidad la auditoría y fiscalización siguen siendo cajas negras.
  • Sí en América como Europa se ha dejado hacer a la auditoría tropelías es porque pueden ser absueltos y premiados. Sí se deja decir “es hora de romper el statuo quo de la auditoría, de no caminar a espaldas a las realidades de la organización, de liberarse de la idea atávica de que la auditoría únicamente se ocupa de otorgar la racionalidad de los estados financieros” (El deber ser de la auditoría, Omar de Jesús Montilla G. y Luis Guillermo Herrera M., Estudios Gerenciales 2006) u otras voces críticas es porque finalmente las Big Four tienen el control de las ideas y el pensamiento de la auditoría y fiscalización.

Sin embargo, como dijo Yaval Noah Harari, “después de que se pase la tormenta, habitaremos un mundo diferente”… y una auditoría diferente.

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