Los sofismas de la INTOSAI (y IV)

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Los sofismas de la INTOSAI (y IV)

Los documentos básicos de la INTOSAI se han convertido en determinantes del pensamiento en la cultura de la fiscalización, por lo que se ha intentado demostrar que se presentan como un conocimiento fáctico, de orden implícito a través de supuestos, en lugar de la rigurosidad y demostración. Históricamente la fiscalización está ligada a la disciplina de la auditoría y al proceso de su profesionalización. De ahí que el análisis de la formación del auditor público y su carrera sea un tema a debatir en los espacios académicos y en las instituciones de fiscalización. Pero en lo inmediato los ciudadanos y organizaciones sociales no pueden esperar que se constituya como un tema de agenda, si la auditoría debe cambiar sus contenidos, su denominación y si es preciso que se convierta en una carrera profesional en lo particular, mientras la vida cotidiana continua aceptando que las entidades de fiscalización contribuyen a la rendición de cuentas, la transparencia y el combate a la corrupción e impunidad.

La intención del presente escrito es mostrar las imprecisiones en conceptos fundamentales de su quehacer, pero también como su forma de conocer ha sido superficial, sin considerar los complejos procesos cognitivos y sociales. Cuando se acepta generalmente en la docencia, investigación y en la práctica profesional de la fiscalización, un sistema de ideas avalado por una organización internacional y colegios de profesionistas, la actividad de la crítica pareciera un ejercicio ingenuo e inútil pero en tanto la fiscalización superior se sustente con sobreentendidos y nociones tácitas que han guiado no solamente su actividad sino que se han convertido en modelos o parámetros para la Administración pública, construir un nuevo sentido en la fiscalización es forjar la ciudadanía en su integralidad.

En el fondo la concepción que sustenta la fiscalización superior ha permanecido cerrada, derivada de la naturaleza de la auditoría, su precedente y constituida como su determinación, dado que el pensamiento o el conjunto de ideas expresado en los documentos básicos de la  INTOSAI no han sido construidos a partir de la realidad pública, independientes de la visión conformada por la auditoría privada. Por tal motivo el reto del siglo XXI es darle un nuevo sentido a la fiscalización superior, necesariamente objetivada a través de la independencia relativa del auditor y de la institución de fiscalización.

Un paradigma que establezca claramente las diferencias entre lo público y privado, así como de su auditoría, método, y la normatividad que conllevan e imponen. Porque resulta evidente la limitación descriptiva en las Normas Generales de Fiscalización Pública que no responden al cómo y al por qué de las causas que pretende combatir. Luego, cómo se pretende curar la enfermedad, si se carece de un diagnóstico acertado y de los medios que permitan la recuperación de salud. Por consiguiente.

¿Cómo diagnostica el auditor?

En la auditoría tradicional se acepta que mediante las técnicas y procedimientos de auditoría se obtienen las evidencias necesarias para poder emitir la opinión profesional. Y por evidencia se entiende la exclusión del error y la duda, por eso es evidente. Además se dice que una realidad es evidente cuando se presenta directa e inmediatamente a un sujeto, y especialmente a la percepción sensible. Y el auditor percibe fundamentalmente mediante la observación (entre una de las técnicas de auditoría), se define: la presencia física de cómo se realizan ciertas operaciones o hechos. Sin embargo, la presencia de un auditor en un evento, transacción o revisión no garantiza por sí misma que se genere conocimiento; inclusive, aceptando que la observación en el auditor sea un proceso permanente de conocer la realidad a auditar, la observación ni conjuntamente con las demás técnicas y procedimientos se constituyen en criterios suficientes para establecer conceptualizaciones teóricas. Porque la auditoría se encuentra anclada en el pensamiento corriente de todos los días que se pone de manifiesto generalmente en forma incidental o coyuntural, frente a la necesidad concreta de alcanzar un fin práctico, específico o de cumplir alguna tarea de revisión. Pero resulta casi imperceptible que los auditores y las EFS generen cuestiones acerca del ¿por qué? ¿cómo se realiza? ¿cuáles son los métodos? ¿dónde se aplican? ¿cuándo se llevan a cabo? Sobre un sinnúmero de temas y problemas. Pero se inhibe la curiosidad ante el principio de autoridad de la INTOSAI y las asociaciones de auditores y contadores que han pretendido poseer el monopolio de la fiscalización. 

Se afirma que todo hecho obedece a una causa. Y generalmente las causas de las debilidades de la auditoría y de la fiscalización, así como de los problemas que pretenden combatir se encuentran en los auditores, despachos, entidades de fiscalización, y servidores públicos en lo individual y particular. Derivado que la auditoría y la fiscalización ha sido una simple técnica, como una manera de hacer. Sin embargo, en la auditoría pública o gubernamental está aumentando la confusión y desconcierto en cuanto a las aspiraciones y pretensiones de validez de su métodos o métodos, de los procedimientos y, por consiguiente, de sus opiniones, informes y conclusiones. Por ello, el ciudadano común, e inclusive los profesionales de la auditoría no perciben una lógica demostrativa que los lleve desde sus supuestos aceptados por el auditor hasta sus conclusiones finales. Por tal motivo se debe dotar a la auditoría aplicada en el sector público de una estructura científica, a partir de la construcción de su objeto porque no es propiamente la institución pública, en cuanto está representada por un bien inmueble accesible a la percepción, sino a los hechos, procesos y leyes que se llevan a cabo en su campo. Así, la auditoría pública respondería al por qué de esas leyes y regularidades encontradas en los procesos de auditorías. Esto es cumpliría con una función explicativa al enfocar los actos ilícitos, deficiencias e irregularidades desde un ámbito más amplio donde se puedan detectar las conexiones, interrelaciones y generalidades. Porque la generalización es la esencia misma del conocimiento, y la lucha de la fiscalización ha sido en lo individual y lo particular, cuando el plan estratégico de la fiscalización superior debe constituirse en la visión de lo general.

Repensar la fiscalización superior implica necesariamente construir un nuevo valor a la posición del auditor. Cómo generar un nuevo sentido en las instituciones de fiscalización si sus responsables no son auditores, y los que tienen la formación y experiencia permanecen influenciados por una auditoría que no ha sido construida desde lo público. Por ejemplo, en la Memoria del Foro Internacional sobre Fiscalización Superior en México y el Mundo 2005 (LIX Legislatura de la Cámara de Diputados, México, noviembre 2005), se presentan doce ponencias que representan: Directores, Auditores Generales, Contralores Generales y Presidentes de la Corte de Cuentas o de la Cámara Suprema de Control, de diversos países. Y la formación de cada uno de ellos es la siguiente: ingeniero de caminos con doctorado en filosofía en ciencias económicas; economista; abogada con especialización en derecho comercial y financiero; economista; graduado en gerencia y maestría en administración de empresas; estudios de contabilidad y ciencias administrativas con maestría en políticas públicas; estudios de derecho y economía  y especialización en legislación fiscal y administración pública; abogado con diploma en derecho del trabajo; abogado con especialización en ciencias administrativas; licenciatura en derecho y administración de negocios; abogado con doctorado en derecho y economía; e, ingeniero químico. Es decir, se subestima el trabajo del auditor dado que se concibe que lo pueden realizar abogados, economistas, administradores de empresas, e inclusive ingenieros, y que sólo basta cursar especializaciones sobre las materias de contabilidad, administración y fiscalización para considerar que tienen los conocimientos y la capacidad para desarrollar un puesto de auditor. Se podría argumentar que sus trayectorias laborales suplen el conocimiento sobre la fiscalización, sin embargo, tampoco se detecta que la mayoría haya tenido experiencia en la práctica de auditorías, y sí un porcentaje significativo llegó a la posición de auditor o contralor general de manera inexplicable, si atendemos a los criterios de los estudios y experiencia laboral. Entonces, se tendría que considerar el prevalecimiento de intereses o negociaciones en los Parlamentos que no toman en cuenta la importancia de ser auditor. Por tal razón sus ponencias tienen una lectura plana, aproblemática, en continuidad con la moda del desempeño, la gobernanza y la rendición de cuentas. Pero lejos de recoger las preocupaciones e  inquietudes de los verdaderos auditores que cotidianamente luchan por conocer una realidad que cambia constantemente, y una herramienta que no los conduce a demostrar la neutralidad de su actividad porque la autonomía plena de las entidades de fiscalización, su fundamento constitucional y actualización legislativa, así como sus reglamentos, manuales y glosarios, se han construido a través de una concepción agotada de la fiscalización. Cómo conocer lo nuevo mediante las anteojeras de la auditoría tradicional, quizá generando nuevas preguntas que nos hagan reflexionar sobre el hecho de nuestra ignorancia sobre la fiscalización superior.
                                                               

                   
Notas

(1)Plan Estratégico de la INTOSAI. Visión General 2005-2010. P. 6
(2)Declaración de Lima. P. 125. Memoria del Foro Internacional sobre la Fiscalización
     Superior en México y el Mundo 2005. México, Nov/2005.
(3)Ídem. P. 121.
(4)Plan Estratégico de la INTOSAI. P. 12.
(5)Ídem. P. 9.
(6)Normas de Información Financiera. IMCP. 2006. Pp. NIF-A3/5 y 6.
(7)Normas de Auditoría (NGFP) de la INTOSAI. P. 29.
(8)Ídem. P. 30
(9)Ídem. P. 37.
(10)Ídem. P.62
(11)Normas de Información Financiera (NIF) 2006. IMCP, 2006. P. NIF-A1/13.
(12)Ferrater Mora, J. Diccionario de Filosofía. T. III. Ed. Ariel, 1994. P.2401.
(13)Iglesias González, S. Principios del método de la investigación científica.
      Ed. Tiempo y Obra. 1981 P-. 12
(14)Ídem. Pp. 109-111.
(15)Plan Estratégico de la INTOSAI 2005-2010. P. 6.

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