¿Ciudades Verticales y Horizontales?

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¿Ciudades Verticales y Horizontales? Escribo estas líneas desde el corazón mismo de Nueva York, la primera ciudad del mundo que quiso volar al cielo con la altura de sus edificios. Acostumbrado, como estoy, a vivir en ciudades monumentales, siempre me habían causado un vivo rechazo los diseños en vertical de las ciudades. Temía que las torres erradicaran la dimensión humana de las urbes. Sin embargo, y después de pasear por las calles neoyorkinas, debo reconsiderar mi aprensión inicial. Vayamos por partes.

El debate sobre el modelo de ciudad es antiguo, y sus posturas son bien conocidas. Los partidarios de los rascacielos argumentan que son más ecológicos porque reducen la ocupación de territorio – un recurso limitado -, resultan más económicos por metros cuadrado construido, son más eficientes energéticamente y reducen los tiempos y la factura del transporte al reducir el perímetro de las ciudades. Los partidarios de las ciudades horizontales, argumentan que las viviendas unifamiliares o los edificios de pocas plantas son el modo natural de vivir, alejado del brutal estrés que suponen las ciudades de torres enormes. Las posturas llevan tiempo enfrentadas, sin que ninguna haya derrotado a la otra.

Probablemente haya sitio para las dos. Desde luego, en las ciudades históricas, en las que debemos salvaguardar espacios urbanos únicos, resultaría del todo desaconsejable el romper su armonía con construcciones elevadas. Pero en ciudades o barrios nuevos, ¿por qué nos empeñamos en extender la huella urbana hasta el infinito, urbanizando cientos, o miles de hectáreas que podrían conservar su uso agrario o forestal si la edificación se concentrara? ¿Tienes sentido las enormes urbanizaciones que nos obligan a utilizar el coche cada vez que tenemos que salir a cualquier cosa? Mi sorpresa ha sido grande al comprobar que en Manhattan la gente va andando a muchos de sus destinos. La concentración vertical de viviendas y oficinas hace que las distancias se reduzcan considerablemente, lo que aumenta sensiblemente también la eficiencia del transporte público.

Nueva York es una ciudad coherente con su urbanismo. Tomaron un modelo, y sirvió, con todas sus limitaciones. Desde luego, no es extensible para todos los lugares, pero quizás deberíamos reflexionar para contemplar en nuestros desarrollos urbanísticos lo que parece un tabú para muchos. A lo mejor es más ecológico y económico construir para arriba que hacia lo ancho.

El debate seguirá por mucho tiempo. Ojalá sepamos darle respuesta adecuada antes de que las obras se pongan otra vez en marcha, una vez superada esta crisis que nos aturde y que tanto nos ocupará todavía.

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Manuel Pimentel Siles es Licenciado en Derecho y Diplomado en Alta Dirección de Empresas además de ingeniero agrónomo. Fue Diputado en el Parlamento Andaluz, Secretario de Estado y Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales.

1 Comentario

  1. Ahora que el dogma del urbanismo debe basarse en el cumplimiento de la sostenibilidad, concepto que tampoco debemos tener tan claro, o al menos no es tan fácil conseguir, ya que tras 7 años de la aprobación de la LOUA-2002 y de la LOTA-1994 con más de 15 todo son leyes y planos.
    Creo que por un lado, se trata de escalas diferentes,en las que se debe de trabajar con herramientas diferentes.
    En materia urbanística propiamente dicha, las leyes y herramientas no plantean de forma «real» como resolver los problemas urbanos(movilidad,especulación,falta dotaciones, desiquilibrios sociales…).
    Podría plantearse como una de las posibles soluciones ampliar la mente de los políticos y vecinos para el desarrollo de un urbanismo compacto, que a veces necesitarán resolverse en altura, posibilitando una mayor oferta de actividades,como alternativo a un modelo bidimensional que fomenta la dualidad de actividades: residenciales y comerciales, industrial-comercial.o turístico-patrimonial.
    Crear una concurrencia de muchos usos, debe de realizarse en altura, y sobre una trama existente, y será condición necesaria, porque tanto como en Nueva York como en Chicago, debe de existir una gran densidad urbana de partida, una congestión, tanta, que necesite «buscar la luz» como en las masas boscosas.
    El modelo en altura lleva ya 100 años, y lo que tienen en común todas las ciudades en altura es que esa altura, la mayor de ella, siempre es por iniciativa privada, y en españa, con la sensibilidad que tenemos de especulaciones inmobiliarias, como en otros, pero aquí agudizado por el arraigo cultural a la propiedad, se convierte en un freno, pero no una prohibición.
    Por tanto, se podría plantear intervenir en la ciudad existente para crear equipamientos en altura, o para seguir con la legislación española, desarrollos urbanísticos en altura; donde en una misma proyección concurran todos esos usos. Un sandwich no demasiado indigestivo.

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