La vida municipal es inextinguible. Damos vueltas a la configuración del Estado, de las Regiones o Comunidades autónomas, a la distribución de competencias, al modelo federal … sin atender suficientemente al escalón municipal del que lo poco que se nos ocurre decir es que hay que reducirlo.

Y, sin embargo, los municipios cobran vida renovada cada vez que se presenta un nuevo desafío social. Muchas veces me he referido a la política energética para subrayar que era imposible concebirla con perspectivas de éxito si no contábamos con la colaboración activa de los ayuntamientos, términales indispensables para llevar a cabo, entre otros, los programas de ahorro energético.

Pues bien, ahora lo estamos viendo con otro de los grandes quebraderos de cabeza de nuestros días: la llegada masiva de inmigrantes a Europa. En España estamos aun muy por debajo de nuestras posibilidades de acogida lo que nos coloca en una posición poco satisfactoria en la escala de la solidaridad europea. Pero es cuestión de tiempo, los inmigrantes seguirán viniendo, nosotros somos una puerta de acceso y esta realidad tarde o temprano se impondrá con todo su cortejo de problemas y desafíos.

Debemos estar preparados para ello y ahí es donde los municipios habrán de jugar un papel esencial. El ejemplo es lo que está ocurriendo en Alemania, país que se ha destacado por la generosidad en la recepción de estos nuevos conciudadanos. Las acciones emprendidas en todos los Länder de ayuda a los municipios son muy dignas de estudio y atención.

Preciso es tener en cuenta que existen en estos países, sacudidos por la llegada de refugiados, de un lado, los centros en las fronteras del Estado donde se les identifica y se decide su destino concreto, es decir, la vuelta a su país de origen o permanecer ya con el status de asilado; y, de otro, las instalaciones de acogida propiamente dichas donde se acomodan quienes van llegando como consecuencia del “reparto” que se ha hecho por las autoridades nacionales. Son estas instalaciones las que están gestionadas por los ayuntamientos. Lo que podríamos llamar la FEMP alemana (Deutscher Städtetag), que agrupa a municipios en los que viven más de cincuenta millones de personas, ha hecho sonar la alarma pidiendo más centros de primera acogida porque es en ellas donde debe hacerse con rigor la tarea de recepción de acuerdo con la legislación europea. Lo que pretende la presidenta de esta Asociación es que no lleguen a los centros municipales aquellas personas que carezcan del derecho a quedarse en territorio alemán porque han de concentrarse en atender a quienes sí lo tienen y ello en forma de atención sanitaria y de otras necesidades básicas. Lo que es ya mucho. Es impresionante ver en los informativos de la televisión alemana los pabellones deportivos organizados como centros de acogida donde reina el orden y la limpieza alemanas. Unos pabellones que evidentemente no pueden ser utilizados por sus normales usuarios.

Esta carga que se han echado encima los ayuntamientos alemanes difícilmente podrían asumirla si no contaran con la ayuda desinteresada de tantos alemanes que se brindan a hacer sacrificios y a acompañar a los refugiados a las oficinas y demás instituciones o a impartir clases gratuitas de alemán.

Pero no todo es un panorama risueño porque también se extiende la xenofobia, lo que se refleja en el crecimiento, en las encuestas, de los partidos políticos que representan esos sentimientos.

La situación es, a no dudar, delicada. Conservar la sangre fría y no dejarse llevar por emociones ante esta llegada copiosa y en parte inesperada de seres humanos a un continente envejecido es una tarea perentoria.

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