La inteligencia artificial va a mejorar (y mucho) la Administración… ¡Bienvenida sea!

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Se quedan cortos los que afirman que nos encontramos en una época de cambios. Nos encontramos ante un cambio de época. Y nos hallamos justo en plena transición, una transición que no sólo es tecnológica, sino también social, económica, ecológica y, en definitiva, global. Se antoja literalmente imposible afirmar que la Administración se encuentra al margen de todo esto. La Comisión europea ha presentado recientemente su estrategia sobre inteligencia artificial (consúltese el documento Shaping Europe’s digital future: Commission presents strategies for data and Artificial Intelligence; aquí la versión en español), una estrategia que se apoya sobre los datos, y no en vano se prevé la creación de un marco de gobernanza intersectorial para el acceso y la utilización de los datos, y la propia UE tiene previstas inversiones en datos y en infraestructuras a nivel europeo para el “alojamiento, procesamiento y utilización de los datos y su interoperabilidad”. La estrategia se completa con un Libro Blanco sobre inteligencia artificial que se resume en dos grandes bloques: desarrollar un “ecosistema de excelencia” y desarrollar un “ecosistema de confianza”. Nadie dirá que estas dos palabras (excelencia y confianza) tienen mal encaje con el servicio público. Por lo demás, hace tiempo que Europa ha centrado su estrategia en el desarrollo del mercado único digital, el uso de los datos como estrategia de promoción económica, el binomio seguridad-interoperabildad, la identificación y la firma electrónicas como herramientas para las distintas transacciones, la tecnología al servicio de las políticas públicas medioambientales, y, en definitiva, la economía digital en todas sus dimensiones. Todo esto no es tan nuevo; ocurre simplemente que ustedes lo conocían con otros nombres: administración electrónica, smart city, gobierno abierto…

Habrán leído o escuchado que la inteligencia artificial utiliza algoritmos. Pero ¿qué es un algoritmo desde la óptica de la Administración? Lo cierto es que existen varias teorías (muy interesante la de Andrés Boix, que los considera Reglamentos) pero en mi opinión se trata de simples trámites reglados, precisamente porque son automatizados. El art. 41.1 de la Ley de Régimen Jurídico, establece que «Se entiende por actuación administrativa automatizada, cualquier acto o actuación realizada íntegramente a través de medios electrónicos por una Administración Pública en el marco de un procedimiento administrativo y en la que no haya intervenido de forma directa un empleado público». Por tanto, ¿estamos hablando de una norma o de la articulación formal del procedimiento definido precisamente en una norma? Entendemos que no estamos en la fase de regulación, sino en la de ejecución. Según la RAE, un algoritmo es un «Conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema», mientras que a nivel científico se inserta en el ámbito disciplinar de las matemáticas, la lógica, y las ciencias de la computación. Quizá no haya nada que decidir después de todo, por lo que un algoritmo “bien programado” en realidad no alcanza cota alguna de discrecionalidad. Cuando decimos “bien programado” debe entenderse el concepto. Pensamos que la mera programación, aun siendo correcta desde los parámetros jurídicos e informáticos que son tenidos en consideración, debe ser completada con aspectos de tipo ético (abogamos por la ética by design), tal y como apunta Alorza en su entrada “La ética del uso de datos y algoritmos”, y también por la necesidad de establecer algún mecanismo puntual de supervisión “humana”. Nada de esto es ciencia ficción, es simplemente administración electrónica. Se supone que en algún momento de la implantación del procedimiento electrónico hemos obtenido unos flujogramas a partir del trabajo de la reingeniería de procedimientos, y que en esta labor hemos catalogado todos los trámites de cada procedimiento, asignándolos a una actuación material humana (firma electrónica) o convirtiéndolos en un automatismo (sello electrónico). El algoritmo no es el origen ni el fin; es el instrumento.

Por otra parte, desde el punto de vista de los recursos humanos de las organizaciones públicas, debemos entender que la inteligencia artificial no es la nueva inteligencia, sino una nueva inteligencia que desde luego ni puede ni debe sustituir a la inteligencia humana. La complementa, la ayuda. Hace unos días Xavier Marcet escribía un artículo titulado “Habilidades 2030” (La Vanguardia, 23/02/2020), donde indicaba que «Las empresas que tengan gente que piense, que venda, que sea operativa, que aprenda y que se respete creo que no deben tener ningún miedo de la inteligencia artificial. De lo que hay que tener miedo es de la falta de inteligencia natural». En efecto, este es un tema que genera miedos, temores y resistencias (cómo no), pero no parece muy inteligente negar la inteligencia. ¿Cuál es el motivo de tanta resistencia al cambio? Lo cierto es que distintos factores aún no han permitido la implantación total de una administración electrónica eternamente demorada (para la Administración, no para nadie más). La administración electrónica, y sobre todo la «automática«, pone en jaque a muchos «jefes» tradicionales. Ellos se alimentan de perfiles de «auxiliar administrativo que no piensa». Pero los puestos de trabajo públicos, al igual que los servicios públicos, van a crecer en calidad. Esta calidad además atraerá el talento, que bienvenido sea. Esto va a destrozar la antigua jerarquía pura y dura… Como dijo Daniel H. Pink: «los trabajos rutinarios y poco interesantes requieren un jefe; los no rutinarios y más interesantes dependen de la autogestión». La moraleja es que en realidad a la gente no le importa tanto cambiar, lo que no le gusta es lo que cree que puede perder con el cambio. Pero ese es su problema, no el de los miles de usuarios del servicio público, honrados contribuyentes para más señas.

En definitiva, ya está aquí la inteligencia artificial (AI), en realidad la artificial intelligence (AI).Y ha llegado a todos los rincones, por lo que la Administración no puede (ni debería) librarse. Entiendo que a muchas personas no les agraden los anglicismos, pero, nos guste o no, para la administración española ha llegado la era del open government, e-goverment, e-procurement, compliance, blockchain, smart city, smart region, smart island, open data, big data, benchmarking, sandbox, team leadership, nudge… Y por supuesto artificial intelligence. ¿Pero por qué en inglés? Porque son fenómenos mundiales. De hecho en todo el mundo existen administraciones públicas, porque es así como estamos organizados los seres humanos prácticamente desde los asentamientos nómadas… Y ¿saben cuál es la administración más repetida? La municipalidad, concejo o ayuntamiento.Los nuestros no son tan especiales.

«Saber mucho no es lo mismo que ser inteligente. La inteligencia no es sólo información, sino también juicio, la manera en que se recoge y maneja la información» (Carl Sagan)

1 Comentario

  1. Coincido totalmente con la primera parte del aserto de Víctor Almonacid que reza:
    «Por otra parte, desde el punto de vista de los recursos humanos de las organizaciones públicas, debemos entender que la inteligencia artificial no es la nueva inteligencia, sino una nueva inteligencia» …
    pero no con la segunda parte, que dice «…que desde luego ni puede […] sustituir a la inteligencia humana. La complementa, la ayuda.»
    La IA viene sustituyendo sistemática y muy exitosamente la inteligencia humana utilizada en trabajos de complejidad creciente, primero industriales, luego administrativos y actualmente en impensados ámbitos como la justicia, por citar alguno (ver textos recientes de Carles Ramió en este mismo sitio).
    Una simple observación muestra que las cantidades de puestos de trabajo de todas las organizaciones, sin excepción, disminuyen a medida que aumenta la complejidad de los mismos. Los reemplazables por IA son muchos, en consecuencia. Y, lamentablemente, todos los indicadores económicos muestran que el ritmo probable de sustitución de puestos de trabajo por IA será mayor, y mucho, que el de creación de nuevos puestos por las economías. En otras palabras, la IA va a dejar sin trabajo a una cantidad de personas que no encontrarán puestos, aun si pudieran reconvertirse.
    No digo que sea posible ni que haya que abandonar la IA. Sólo digo que no hay que mirar para otro lado frente a esta realidad (como a muchos les conviene hacer, por ejemplo, con el cambio climático).

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