La vuelta al colegio: El papel de los Ayuntamientos

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LA VUELTA AL COLEGIO: EL PAPEL DE LOS AYUNTAMIENTOS

El elemento de mayor preocupación en la agenda pública es la vuelta al colegio. Es un tema crítico en muchos sentidos. En primer lugar, porque es totalmente imprescindible regresar al formato de formación presencial para evitar que la educación de nuestros niños sea todavía menos equitativa. Sabido es que las familias socialmente más vulnerables son las que tienen más dificultades para que sus hijos puedan formarse por la vía digital. No solo por problemas logísticos (carencia de espacio de trabajo en los domicilios, falta de conexión en la red o de dispositivos tecnológicos) sino, especialmente, por la falta de acompañamiento intelectual y de disciplina familiar. En segundo lugar, la vuelta al colegio presencial es necesario para aliviar las cargas familiares y poder mantener o buscar un nuevo empleo de los padres que pertenecen a los estratos sociales y laborales más vulnerables ante la crisis. Colegio presencial (tanto en su función docente como de simple guardería) correlaciona con el desarrollo económico, laboral y con una mayor equidad social. Unos meses más sin colegio presencial o híbrido sería un auténtico desastre nacional.

Siendo esta materia tan relevante sorprende el nivel de improvisación (por no decir de frivolidad) con el que lo están manejando las Comunidades Autónomas y, en la retaguardia, la Administración General del Estado.   

Los cuellos de botella de este problema son, al menos, dos: falta de docentes y carencia de espacios suficientes. Sobre la falta de docentes es obvio que nuestro país no se puede permitir la propuesta pueril y ligera de algunos sindicatos docentes en contratar a decenas de miles de nuevos docentes. No hay recursos económicos para ello y tampoco suficientes profesionales capacitados para poder ejercer la compleja función de maestros. Obvio que algunos refuerzos sí que hacen falta. Mariano Fernández Enguita, uno de los mayores especialistas en sociología de la educación (y actualmente director del Instituto Nacional de Administración Pública) define el fondo del problema en un artículo en El País del 24 de agosto de 2020: “Siglos de historia han comprimido la escolarización al aula-huevera, decenios de corporativismo han reducido la jornada escolar de la mayoría a la mañana, lustros de dejación han configurado una profesión con poco músculo colectivo. Las comparaciones son odiosas, y más la que nos ofrecen hoy sanidad y educación, los dos grandes servicios del Estado social. La tarea será ardua, pero el aplauso hay que ganárselo.” El corporativismo docente ha contribuido a que poseamos unas escuelas sin direcciones profesionalizadas y con capacidad autónoma para tomar decisiones (el gran valor de las escuelas es que son democráticas y sus claustros de profesores eligen a la dirección). Otra impostura pública: considerar como un ejercicio democrático lo que es una simple dinámica corporativa interesada en el desgobierno de las escuelas para mantener y estimular privilegios más que derechos. Este es el problema de fondo en materia de personal docente. Con unos horarios más exigentes y flexibles (solo durante esta crisis), y un personal de refuerzo adicional se podría solucionar buena parte de las dificultades.

Por otra parte, la relación entre Escuela pública y ayuntamientos ha sido tradicionalmente muy estrecha. Los municipios ceden espacios urbanísticos para equipamientos públicos para que se construyan las escuelas en los lugares más adecuados. Hace años los ayuntamientos colaboraban de manera algo desordenada en la fortaleza de las escuelas contratando directamente a personal de apoyo logístico (conserjes), obras y mantenimiento, o personal docente vinculado a actividades entonces consideradas como extraescolares. Estos arreglos de servicios vinculados a los centros escolares eran algo chapuceros y se han ido ordenando con el tiempo y han sido asumidos, de manera variable, por las administraciones autonómicas. En todo caso la relación entre la escuela pública y los ayuntamientos es toda una tradición que habría que mantener y, en esta situación de crisis, revitalizar. Hago esta reflexión ya que el otro gran problema vinculado con la actual situación es la falta de espacio en las escuelas para mantener la distancia de seguridad entre el alumnado. Este problema en algunos centros educativos es también una impostura: las bibliotecas, los comedores, los gimnasios, los porches e incluso los patios (mientras perdure la bonanza del clima) pueden ser perfectamente magníficas aulas que incluso favorecerían fórmulas de innovación docente. Y en los casos de las escuelas que carezcan, a pesar de todo, de suficiente espacio los ayuntamientos podrían aportar múltiples equipamientos que podrían ser utilizados como aulas (centros culturales y cívicos, equipamientos deportivos, museos, etc.). El resultado no sería solo útil para superar la contingencia del covid-19 sino también una oportunidad para definir una nueva escuela más abierta, más innovadora, más social, cívica y comunitaria. También una nueva escuela más municipal.

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