Piscinas Municipales: ¿Somos de los que hacemos caso?

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Piscinas Municipales: ¿Somos de los que hacemos caso?

Leyendo la página de noticias Aragón Digital, he leído: «Los empleados de las piscinas municipales instan al Ayuntamiento a poner en marcha un observatorio de convivencia».

 En ella se los empleados de las piscinas municipales solicitan al ayuntamiento que analice las incidencias que se han producido este verano en las instalaciones y que ponga medidas para frenarlas. El trabajo de los empleados no sólo es el simple hecho de vigilar para que no se ahogue nadie en las piscinas y curar heridas, sino del correcto funcionamiento de las instalaciones municipales. Por ello, ellos son los máximos responsables de la seguridad.

Cito textualmente del artículo:

«En el uso de las instalaciones hay una serie de normas fundamentadas para el uso y disfrute de todos los ciudadanos y para su seguridad. Sin embargo, hay quienes no lo entienden así, según ha explicado el delegado de UGT-Aragón en el Ayuntamiento de Zaragoza. «Se ponen a jugar a la pelota donde no se puede o hacen un uso inseguro de las piscinas, lo que les pone en riesgo a ellos mismos y a los que les rodean», ha manifestado. Además, también se han dado hurtos.
   
Sin embargo, cuando los trabajadores se acercan a estas personas, en lugar de aceptar la reprimenda, se les encaran, «dándose incluso varias agresiones físicas», ha asegurado Andreu. Aunque los casos graves de agresiones físicas no son numerosos, «son la punta del iceberg de una problemática de convivencia y de incumplimientos reiterados de las normativas, que ponen en peligro la seguridad de funcionarios y usuarios de las instalaciones».

La respuesta que reciben de los usuarios «cuando les llaman la atención»: «¿Y por qué?» Y la concluyente contestación: «Porque existen unas normas de uso y funcionamiento que hay que respetar».  A pesar de ello, hay personas que no lo entienden (o no quieren entender) y continúan a lo suyo. Posteriormente protestan y/o piden explicaciones del motivo por el cual tienen que abandonar las instalaciones, salirse del agua, retirada de carné, etc.,… Incorporamos un problema nuevo a este conflicto: los que no entiende el castellano o entienden lo que quieren.

Estos problemas no son solamente de las instalaciones de ciudades sino también de municipios, de todos aquellos que tienen piscinas. Y otra cuestión son las instalaciones de pequeños municipios que, por superficie de lámina de agua-piscina, instalaciones o población (no lo sé), no necesitan de este personal (Ciudad sin Ley).

Por esto piden ayuda a la administración para solucionar este/os problemas, con cursos de formación para los trabajadores para mejorar la seguridad para todos y piden concienciación ciudadana.

Reflexionen sobre el tema, ¿Somos de los que hacen caso?

El enlace al artículo en cuestión es: http://www.aragondigital.es/asp/noticia.asp?notid=37052

4 Comentarios

  1. Pertenezco a un club de natación, y eso que nos cuentas, lo conozco de primera mano de los monitores y socorristas que ahí trabajan. El respeto a los demás en muchos casos brilla por su ausencia. Y los que trabajan ahí son los que más lo sufren en sus carnes.

  2. Esto que describes es como muchas otras cosas, no un problema de piscinas, parques, etc…sino un problema de falta de educación de base monda y lironda. La falta de este valor tan preciado en estos tiempos como es la educación, se recibe sobre todo a lo largo de tus primeros años y en especial en el ámbito familiar, pero es que aunque sea muy crudo darse cuenta y reconocerlo, mucha gente carece del más mínimo punto de respeto por los demás.
    Si una persona no tiene porqué realizar determinadas actividades en un espacio público, le recriminan por ello y no sólo no entra en razón sino que discute la autoridad y la razón de la situación que él mismo ha creado llegando en situaciones extremas a mamporros…..bueno, es muy triste pero es una radiografía bastante cercana a demasiadas rutinas de la vida diaria de la España de hoy en día.

  3. Yo trabajé durante trece años en una piscina municipal y me he tenido que enfrentar en muchas ocasiones a situaciones como las descritas. La intolerancia y la incomprensión de muchos usuarios se hace patente. Sólo por el hecho de que pagan y es un servicio público se creen con derecho a poder exigir y hacer lo que les venga en gusto. Pero también es cierto que en muchas ocasiones la falta de tacto, cortesía, educación e incluso comprensión por parte del trabajador puede provocar dicha situación.
    Me parece bien los cursos de «formación» para saber gestionar dichas situaciones.

  4. Creo que el problema es por una parte de educación, evidentemente, pero por otra parte subyace la necesidad de hacer acatar las normas, es decir, que cuando existan conductas indeseables se puedan reconducir; en primer lugar con el diálogo, pero si éste falla, recurriéndose a la coacción. ¿Por qué somos tan renuentes a aplicar medidas coactivas cuando se producen incumplimientos evidentes de las normas? Eso no pasa en países germánicos o anglosajones: si existe una norma, ésta se cumple, se deja poco lugar a la interpretación o si es políticamente correcto. Si hay transgresión, hay consecuencias, «pasan cosas»; ahí hay seguridad jurídica, la sanción no depende de las ganas o el humor del controlador-sancionador. Dura lex, sed lex. En el caso que apunta Sole debería estar muy claro que esas conductas deberían suponer una sanción inmediata o incluso la expulsión en el acto de las instalaciones, aunque sólo sea por respeto al resto de usuarios. Porque si se dejan de cumplir las normas, los ciudadanos cumplidores de las mismas se pueden sentir agraviados y con razón. El problema del cumplimiento de las normas es un problema generalizado en el país, un país acomplejado y adolescente aun en este aspecto. Está muy bien que los empleados reciban cursos de formación, pero como siempre, con eso quizás se sigue desresponsabilizando a los ciudadanos: éstos sólo tienen derechos pero no obligaciones. Derecho a que el empleado sepa desarrollar técnicas asertivas y sepa hacer que no me mosquee, que me trate con exquisito tacto. Pues vaya.

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