¿Todos Funcionarios?

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¿Todos Funcionarios? La severa crisis económica que padecemos ha acentuado la propensión española a opositar. Si tradicionalmente una mayoría de universitarios afirmaban en las encuestas preferir la administración pública frente a la empresa, podemos figurarnos la respuesta que se obtendría en estos instantes en caso de repetir las preguntas. El grito casi unánime sería: ¡Todos funcionarios! La sabiduría difusa de las familias ya está trabajando el hígado a los jóvenes, con consejos de buscar la seguridad sobre cualquier otro principio. Desgraciadamente, todos tenemos delante ejemplos de osados que se metieron en negocios y ahora están arruinados, o trabajadores de la privada que disfrutaron de altos sueldos en el boom, y que ahora están en el paro. Nadie se acuerda de las bonanzas, cuando los de la privada ganaban más que los de la pública. Ahora, parece que todos miramos con envidia el sueldo seguro del funcionario.

La función pública es una honrosa y muy digna salida profesional. La sociedad precisa de buenos funcionarios y profesionales públicos, para garantizar el funcionamiento de la administración y de los servicios básicos. Como hijo de funcionario que soy, tengo en gran respeto el esfuerzo callado que muchos realizan. Aunque, como en todas partes, existen ovejas negras, no comparto para nada la extendida leyenda negra sobre la indolencia funcionarial de nuestro país. Al contrario, en algunos casos, su eficiencia llega a superar al sector privado. Ahora bien, una vez dicho esto, la proliferación de administraciones e instituciones públicas en nuestro país ha ocasionado un elevado crecimiento en el número de funcionarios. En algunas zonas geográficas llegan a suponer el 50% de la población ocupada. Es cierto que faltan en algunas áreas, pero tampoco es menos cierto que sobran en otras. En general, podemos afirmar que España no puede permitirse el incrementar el porcentaje de su población ocupada que trabaja en la administración. Precisamos de buenos funcionarios, pero su número no puede crecer sin fin.

La crisis está devastando las arcas públicas. Los abultados déficits de hoy se traducirán en más deuda pública, más impuestos y reducción del gasto para mañana. Quiero esto decir que las convocatorias para plazas públicas se limitarán al máximo en un futuro próximo. Y en el caso de los ayuntamientos, esta restricción será aún más acusada. Si muchos ya tienen dificultades en pagar sus actuales plantillas, ¿cómo pensar en ampliarlas? Pues frente a esta realidad de menos plazas futuras, nos encontramos con que cada vez más personas quieren opositar, buscando la añorada seguridad que en estos tiempos de zozobra cotiza a precios de oro. Muchos parecen los llamados, pero pocos serán los elegidos. ¿Merecerá la pena el esfuerzo y el sacrificio de meses o años de estudios a miles de personas que no lograrán entrar en la función pública? Sin duda alguna, la mayor concurrencia elevará el nivel de los aprobados, lo que redundará, en principio, en beneficio de la calidad de la gestión pública. Sólo los muy preparados – al menos en teoría – tendrán acceso a ella.

Alguien debe decirle a la tropa que no van a poder entrar todos en la administración, y que deben motivarse y prepararse para la privada. Es cierto que la empresa cotiza en estos momentos a la baja y que la administración es el valor refugio al alza. Pero España precisa de muchas y buenas empresas y de un poderoso sector privado. ¡Ojalá muchos decidan convertirse en empresarios, a pesar de las dificultades extremas en la que tendrá que desenvolverse en estos momentos!

En fin, que cada persona haga lo que desee con su vida. Nadie mejor que cada uno, para conocer sus circunstancias. Nosotros, desde nuestra modestia, sólo podemos decirle una cosa. Nos pongamos como nos pongamos, ¡NO TODO EL MUNDO PODRÁ SER FUNCIONARIO! Así, que usted mismo.

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Manuel Pimentel Siles es Licenciado en Derecho y Diplomado en Alta Dirección de Empresas además de ingeniero agrónomo. Fue Diputado en el Parlamento Andaluz, Secretario de Estado y Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales.

9 Comentarios

  1. Buenas tardes, me dirija a usted un poco indignado, ya que por motivos de trabajo me relaciono bastante con funcionarios publicos y la verdad es que algunos, por no decir la mayoria dan pena. No es posible que el horario de algunos sea de 9:45 a 14:30 como ocurre en la administracion de justicia en Cädiz, o que la mayor parte de las mesas se encuentrn desocupadas o tantas cosas que me dan vergüenza ajena.
    No olvide usted que el funcionario cobra de los que trabajan en empresas privadas y si la recaudación baja, la forma de mantener este sector es subiendo los impuestos.Y por último me gustaría que me dijera la razón por la que no se puede poner a un funcionario en la calle, esto si ocurre con el sector privado. Lo que puede pasar en este país no tiene nombre, y lo malo es que muchos lo saben, no se puede exprimir el sector productivo.

  2. ¿De dónde te sacas tú que no se puede poner a un funcionario en la calle, hijo mío?
    Mírate el Régimen Disciplinario de los funcionarios, profeta.
    Ahora, que sepas que quienes tienen que aplicar este Régimen Disciplinario son los Jefes.
    Que sepas que a los jefes los nombra a dedo el político de turno,por amistad o afinidad política, y no por su talento.
    Entiende, por tanto, que si no aplican dicho régimen disciplinario, es porque deberían de empezar aplicándose el cuento ellos mismos y a lo mejor, alguno que otro, podría acabar, NO EN LA CALLE, SINO EN LA CARCEL.

    Por encima de la autoridad, hay una cosa que se llama AUTORIDAD MORAL, que no es otra cosa que predicar con el ejemplo.
    ¿Me va a decir a mí mi jefa que no tarde en desayunar cuando ella se tira dos horas? ¿Que no use el teléfono, cuando ella llama incluso a amigos del extranjero?
    Tu no sabes lo que dices, Manolito

  3. Intenta contactar antes de las 8:45 con los funcionarios de las Casas del Mar en Cádiz a ver que ocurre.Y envidia por supuesto que no, si en esta vida quiere ser uno un verdadero profesional se mete en la empresa privada. Soy ingeniero y veo que la mayor parte de mis compañeros cuando estaba en la escuela en lugar de estudiar y producir para este país, simplemente se apuntaron a unas oposiciones y ahora son policias locales, policias nacionales, peones en ayuntamientos, enchufados de la junta de andalucía etc. No creo que unas oposiciones para peon de ayuntamiento sean mas dificil que la asignatura mas dificil de ingenieria. Simplemente te pregunto ¿Que ocurriria si todos quisieramos ser funcionarios? ¿Nos encontraríamos en un estado comunista? ¿Quien produciría para pagarnos? ¿Que tanto por ciento del PIB generan los funcionarios de este pais? Esperando respuesta………….

  4. La clase política española no tiene nada de ejemplar y tiene poderosas razones para no aplicar el régimen sancionador a funcionarios que mayormente son sus cómplices, metidos en la Administración de forma «digital» o modelados a su gusto mediante bolsines y tejemanejes varios, que aseguren la sumisión a su voluntad y no a la Ley. Las pocas veces que se acude a los expedientes disciplinarios, se trata de perseguir al disidente, al diferente, al que no traga, al que no se vende o al que se va de la lengua diciendo la verdad o destapando la corrupción, al que denuncia o al que se va a los juzgados.

    La población española tampoco destaca por ser especialmente virtuosa, se mueve habitualmente dentro de lo rastrero y de lo corrupto, como si fuera eso la vida normal, pero luego cada uno se escandaliza y protesta mucho, cuando se ve perjudicado particularmente por la situación social que se acaba creando, cuando la gente vive a un nivel ético tan bajo; como si la degradación de las personas no tuviera que dar como resultado la degradación social.

    España tiene un grave problema de corrupción política, pero en las encuestas los españoles no lo consideran como el más importante, parece que no fuera el problema del que se derivan todos los demás: crísis, paro, vivienda, terrorismo, medio ambiente, etc.

    De otro lado, hay en España otro grave problema que suele pasar desapercibido, aparentemente distinto del anterior, el cual parece que no interesa tratar y es: el bajo grado de participación política de la población en general, que no es similar al de un país democrático como los de nuestro entorno económico (no estoy hablando de participación electoral) y que nos hace ser una vez más los anormales de Europa, siempre destacando en parámetros negativos.Ayer pude leer en un foro de internet (bastante plebeyo) la siguiente proclama: «Menos política y más dinero público para tratar los desordenes alimentarios». Antes he dicho

  5. Lo que hay que ser es un profesional.Si tú jefa se tira dos horas desayunando, lo que debes hacer es presentar una queja, por encima de ella hay alguien seguro. Pero no, es mejor copiar lo malo que protestar.
    En la administración se tiene el trabajo que hay. Unos días poco, por circunstancias y otros demasiado sin poder salir ni a desayunar.
    Hay sitios, sanidad, justicia, educación,en el DNI, en el INEM, en que todo esto es más visible y los fallos se notan mucho.
    Pero el tiempo en que no hay atención al público y también se trabaja no se cuenta.

  6. Claro que se puede echar a la calle a un funcionario, lo que hay que hacer es cumplir con el régimen disciplinario. Y con respecto a las oposiciones, no estoy en absoluto de acuerdo conque el que las aprueba sea simplemente un memorión. Los Cuerpos de Funcionarios, además de tener pruebas de conocimientos también tienen pruebas prácticas de aplicación de herramientas informáticas, de aplicación de las Leyes en supuestos prácticos que se suelen dar en la vida real, etc. Yo creo que en este país todavía hay mucha gente que «desprecia» a la gente que se prepara y estudia y como son jóvenes y no tienen la experiencia parece que no sirven para ocupar una Jefatura. No estoy de acuerdo, hay de todo como en botica. Aunque los funcionarios jóvenes no tengan la experiencia sí tienen los conocimientos frescos y adquieren las habilidades en el trabajo mucho más rápido, y esto, guste o no, es un valor añadido. Con respecto a la participación de los funcionarios en el PIB, baste decir que la Admimistración Pública representa casi un 40 por ciento del mismo, creo que con eso está todo dicho. Y también hay que decir que los funcionarios, aunque algunos todavía no se lo crean, también somos ciudadanos, y… Sí, también pagamos impuestos y nos pagamos nuestros sueldos.

  7. Los políticos vivís fuera del mundo de los mortales,
    Para saber lo que estas diciendo, que cada funcionario cubra un parte de trabajo por horas y veras que muy pocos están realizando su cometido salvo los temporales.
    Y ya no decir nada cuando tienes a tres superiores realizando el mismo trabajo.
    Cuando un político pierde un ayuntamiento o concejalía, se nombra a dedo, mejor dicho: nombramiento de libre designación, como asesor sin funciones específicas.

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