Algo Se MueveDespués de meses de una angustiosa parálisis, parece que algo se mueve en nuestro escenario económico y laboral. El gobierno, por fin, toma por el mango la sartén del diálogo social y plantea una documento de base bastante razonable y bien orientado. La compraventa de viviendas parece despertar de su letargo, y la bolsa ha recuperado parte de lo perdido durante el primer trimestre del año. Los servicios de estudio del BBVA han vaticinado el fin teórico de la recesión al anunciar que nuestra economía creció un modesto 0,1 % desde enero a marzo. No parece mucho, pero, en caso de confirmarse, supondría un verdadero salto de gigante después de siete largos trimestres en negativo. La ayuda a Grecia ha devuelto temporalmente la confianza a la eurozona, mientras que el anuncio de firmeza ante el déficit por parte de nuestro presidente en su entrevista en el Financial Times parece haber tranquilizado a los mercados de deuda. La venta de automóviles crece mes a mes. Podríamos continuar con este largo rosario de pequeñas/grandes noticias que demuestran que algo se mueve. Pero tan escaldados estamos de las heridas recibidas por esta devastadora crisis, que no nos atrevemos ni a sonreír siquiera, temerosos de que estos síntomas no sean más que un nuevo espejismo mentiroso que oculte la enésima recaída por venir.

No lo sabemos. En todo caso, no podemos lanzar las campanas al vuelo, dado que, en el mejor de los casos, la recuperación sería muy lenta – sobre todo en materia de empleo – y todavía dolorosa, debido a las restricciones presupuestarias que nos hemos impuesto para no sobrepasar los niveles de déficit del 3%. Y si estos ajustes serán duras en la administración central, aún afilarán sus dientes en la local, a la que le queda por iniciar una prolongada travesía del desierto hasta que logre recomponer sus maltrechas finanzas. Pero, a pesar de estas salvedades, algo se mueve. Es posible que veamos como regresa, poco a poco, una cierta confianza, antesala imprescindible para la ansiada recuperación.

Hace bien el gobierno desperezando de su letargo. El intento de Zurbano, aunque limitado, ha ofrecido frutos positivos que no tardarán en reflejarse en el estado de ánimo de las empresas. Algunas inversiones pospuestas se retomarán, algunos proyectos congelados, se reactivarán. Tenemos que ver la cara positiva del sufrimiento. Esta crisis nos ha dejado más pobres, pero mucho más sabios. Hemos penado por nuestros excesos del pasado, y debemos hacer la firme promesa de no volver a cometerlos en el futuro. Sólo así podremos iniciar una sólida senda de crecimiento. Pero para ello, no podemos creernos que tenemos la tarea hecha. Los cambios no han hecho sino comenzar, y queda mucho por reformar en nuestra economía, nuestras instituciones y nuestra política. Quizás esto último sea lo más difícil pero, no por ello, lo menos importante. El modelo que diseñamos en la Transición presenta algunas señales de agotamiento, y debemos rejuvenecer el sistema que creamos. Muchos estamos de acuerdo, pero… ¿quién le pone los cascabeles al gato?

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