Codificando vía formulario

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Codificando vía formularioNo citaré ni situaciones ni asuntos concretos, pero sí deseo hacer grafoterapia para expulsar demonios. Y es que recientemente me (nos) ha ocurrido que estábamos tramitando un expediente ciertamente algo complicado ante otra administración territorial y a los pocos días de haber presentado todos los ‘papeles’, recibimos una llamada de un amable funcionario indicándonos que era imposible tramitar el asunto si no rectificábamos un detalle de la documentación enviada. Alarmados por la situación, que aparte de habernos supuesto un esfuerzo de trabajo, tiempo e imaginación considerables, suponía una pérdida económica importante, intentamos desentrañar los arcanos y misterios que nos llevaban ante tan lamentable situación, no sin antes ser objeto de ciertos retintines y risitas por parte del funcionario que llamaba.

Tras las oportunas comprobaciones pues, pudimos colegir que el problema no era no que hubiésemos presentado la documentación de forma defectuosa. No se trataba tampoco de que faltasen documentos anexos a la solicitud correspondiente. No era que la cosa estuviese fuera de plazo. Era más simple: recientemente en esa institución habían cambiado el programa informático que "trataba" ese procedimiento concreto. Al final, dedujimos que el origen del problema estaba en que el programador informático de turno, probablemente un buen profesional en lo suyo, quizás no había sido asesorado lo suficientemente bien acerca del problema que trataba de solucionar con el programa; o sea el analista no había valorado la situación a resolver en su complejidad dando las instrucciones adecuadas al programador y por supuesto, "testando" la aplicación. Y hete aquí que el programa al parecer exigía al grabador de datos, supongo que con desagradables pitidos, posiblemente insultos e incluso amenaza de autodestrucción, que se introdujese un determinado campo que simplemente en nuestro caso, ni existía ni podía, ni debía existir. Al no introducirse los mismos, no permitía el programa seguir adelante con lo cual, al final, todo muy automatizado sí, pero bloqueado. Y al final no se llegaba a la pantalla final “resolución” y la impresora no escupía el documento correspondiente.

Así que la cuestión se reducía a que un pequeño error (o falta de previsión) de programación hacía que había que "inventar" determinados datos o lo que es lo mismo, se pedían documentos que ni la ley-soporte y ni el reglamento de desarrollo exigían en absoluto. Y ante las protestas por nuestra parte, todo inútil… o se daba ese dato que no teníamos ni nos compete tener, o no hay solución, el programa no deja; la rebelión de las máquinas. Es la solución del funcionario que está al otro lado de la línea de fuego. Ni le pasa por la cabeza que hace unos años el empleado público comprobaba personalmente los datos, cogía una máquina de escribir y formulaba sin más una resolución. Ahora un pequeño e inesperado problema informático le puede suponer a una persona una pasta con perdón. Ya estamos acostumbrados a que en determinadas instituciones se inventen formularios teóricamente para facilitar la labor del ciudadano y de la administración pero que acaban poniendo más trabas de las debidas cuando ni la ley ni la norma reglamentaria lo preveía. Y lo dijo Santa Teresa, “con estas mulas hemos de arar” o más gráficamente en Aragón “eso es lo que hay”.

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Ignacio Pérez Sarrión es Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia en el año 1980 y Funcionario con Habilitación de carácter Estatal, perteneciente a las subescales de Secretaría-Intervención y Secretaría de Categoría Superior. Actualmente ejerce en el Ayuntamiento de Torres de Berrellén (Zaragoza).

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