Enseñanzas ayunas de Derecho

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Enseñanzas ayunas de Derecho¿Alguien se imagina que un alumno que llega a primero de Medicina no sepa lo que es un fémur o un virus o una degeneración celular? ¿O que un estudiante que inicia la carrera de Filosofía no sepa lo que es un silogismo ni haya oído hablar de Kant? Sería impensable, por defectos que tenga el sistema educativo.

Pues bien, como todos sabemos, la persona que se matricula por vez primera en eso que ahora llaman el Grado de Derecho, puede hacerlo sin saber los más mínimos contenidos constitucionales; sin distinguir una ley de un reglamento o sin intuir siquiera lo que son los órdenes jurisdiccionales. ¿A qué se debe eso? Pues a muchas causas concurrentes; algunas históricas, otras de rechazo gremial y, en fin, a la desidia e infravaloración de los principios y técnicas normativas por parte de los gestores educativos; esos a los que, por cierto, tanto les gusta aprobar Decretos y órdenes y promover cada cuatro días un cambio legislativo en las enseñanzas secundarias, medias o como quiera llamarlas cada quién.

Con motivo de la reciente huelga salvaje de los controladores aéreos, hemos podido comprobar hasta qué punto era novedosa no ya la declaración, sino la previsión del “estado de alarma” para gran parte de la ciudadanía; incluso la supuestamente formada. Muchos periodistas siguen hablando de “estado de alerta” y cosas similares y ni los ministros parecían tener muy claro, inicialmente, el alcance de esta medida excepcional ni su concreta ubicación en el artículo 116 de la Constitución. Es más: un alto cargo dijo estar leyendo la norma fundamental cuando se estaba refiriendo a la casuística de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, ausente, lógicamente, en la escueta redacción constitucional. Y no pocas barbaridades he oído y leído en los medios del corazón acerca de cuestiones dinásticas que están meridianamente claras en nuestra ley suprema. Eso sí; en todos los programas-basura se habla y se replica de cuestiones jurídicas como si los carroñeros, frikis, casposos y despendoladas fueran Ihering versus Savigny: que si una demanda del honor, que si una orden de alejamiento, que si los hijos se pelean con el padre por la legítima de la madre, que si me pillaron consumiendo pero no traficando… y lindezas así, noche tras noche. Pero me quedo con lo fundamental: el derecho es imprescindible, es cotidiano y, además, gusta hablar de lo que regula. Es ciertamente una ciencia social porque a la sociedad le encanta especular y hasta dogmatizar con asuntos leguleyos. Si eso es así y, por otra parte, se constata una incultura jurídica descomunal que no se da en otros campos del saber –y si se da, provoca la carcajada burlesca, como cierta lección de historia de una famosilla-, ¿por qué el Ministerio de Educación y sus homólogos a escala territorial, no lo subsanan?

Decía antes que había muchos motivos para que, con carácter general, no existiera una sola asignatura, ni media, de formación jurídica en toda la ESO y el Bachillerato. Una razón, fue el monopolio, no sólo fáctico, durante muchos años, de los antiguos colegios de Licenciados en Letras y Ciencias para ocupar el espacio de las enseñanzas medias. Se decía –y yo lo he oído en medios oficiales- que la gente de Derecho ya teníamos muchas oposiciones y salidas profesionales en tanto que un geógrafo o un matemático están abocados, en gran medida, a ser carne de Instituto. Tampoco eso era muy exacto, por suerte para el conocimiento y el desarrollo científico. Pero también había un componente despectivo hacia los juristas, quizá porque la envidia es muy mala y alguno aún cree que muchos ganamos lo que un registrador de la propiedad y que éste ha obtenido la plaza en una tómbola. Aún se piensa, incluso desde los Rectorados, tan remisos a poner “numerus clausus” en la titulaciones jurídicas, que a Derecho puede acceder cualquier desecho de tienta. Sin saber nada específico de las ciencias, las letras o las artes. Por tanto, si se puede ser abogado sin una formación específica de ninguno de los tipos de bachillerato, ¿para qué se va a introducir el Derecho en la Secundaria? Que lo aprendan en la Facultad y punto. Y en esas estamos. Como persona interesada por los temas educativos, como docente que predico a gentes salidas de colegios e institutos y como padre, llevo bastantes años preocupándome de este asunto. Y viendo –así lo constaté en una reunión con sesudos colegas donde planteé esta carencia-  nuestro desinterés y desidia, ante algo importante que nada debiera tener que ver con cuestiones corporativas. A mí me da lo mismo que alguien que no sea jurista pero haya superado unas oposiciones con un temario de Derecho, lo explique a los alumnos. Pero una laguna tan inmensa no puede tolerarse por más tiempo. Ahí tenemos el ejemplo de los economistas. Hace unos años estaban como nosotros y ahora cuentan con una asignatura optativa al final de la ESO y dos obligatorias –una, específica de la empresa- en el Bachillerato. Y si es normal que a los alumnos se les exija que sepan cómo se organiza una sociedad anónima, ¿no es deseable que conozcan un par de rudimentos de derecho mercantil?

Es cierto que en asignaturas diversas, a veces de forma muy traída por los pelos, se cuentan algunas cosas sobre el Parlamento, la organización de cada Comunidad Autónoma o algunos principios constitucionales. Pero está todo tan disperso y anárquico que el resultado, ya lo vemos, es deplorable. Siendo miembro de un Consistorio, observé, en visitas escolares, como la juventud inminentemente universitaria desconocía casi por completo las tareas municipales, “la imagen social”, en suma, por no hablar de las competencias del Ayuntamiento en relación a las autonómicas o estatales. Que alguien entre a la Universidad sin saber quién se encarga de las basuras, del alumbrado público o de pavimentar las calles, es un dolor. Y luego está el tema de la Educación para la Ciudadanía, que yo siempre he defendido, entendida como una forma de inculcar valores éticos y jurídicos a los adolescentes; valores que en su mayoría están en la Constitución. Pero, como ya escribí en otro lugar citando un caso real de una editorial muy conocida, si abrimos un libro de texto con una docena de reflexiones enmarcadas por página, donde aparecen lo mismo Tarzán que Juan XXIII y donde hasta hay un repertorio de primeros auxilios, el prestigio de la asignatura se desvanece. Y aunque me consta que existen manuales rigurosos, en todo caso no subsanan las carencias de conocimientos a la que vengo aludiendo.

No se trata de obligar a estudiar el Digesto; pero saber discernir con claridad lo que es temática civil, penal o social; el papel de las distintas Administraciones; la función de los distintos tribunales; la estructura del Estado y los órganos constitucionales y estatutarios; los derechos fundamentales y su protección…, no parece una exigencia excesiva y, por contrario, sería de una enorme utilidad social. Sé que en algunas Comunidades Autónomas se ha reparado en esta ausencia temática y se intenta subsanar con algún remiendo tan meritorio como modesto. Pero la cuestión, a mi modo de ver, es una cuestión de Estado. De ese Estado del que tan poco saben –a salvo los autodidactas- los alumnos que acceden a la Universidad, incluidas las Facultades de Derecho.

2 Comentarios

  1. Estoy totalmente de acuerdo con vuestro planteamiento. Estoy cursando primero de Derecho y estoy aterrada con la inmensa cantidad de contenidos básicos de los que ni siquiera he oído hablar. Y no es precisamente por falta de estudio ya que termine con muy buenas notas. Es vergonzoso que algo tan necesario en nuestras vidas como el Derecho sea deslpazado en la enseñanza secundaria por otras asignaturas de cultura general. «las reglas del juego» son escenciales para nuestro desarrollo en la sociedad y es imprescindible incorporarlas en líneas generales, por lo menos en el bachillerato. Por mi propia experiencia hay muchos vacíos entre lo que es la enseñanza básica y la superior. Muchas cosas quedan en el limbo y es difícil seguir el ritmo para los alumnos. Y del Digesto ni hablar, si no sabes latín…

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