La Ciudad del Despilfarro

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La Ciudad del Despilfarro Vivimos en un modelo de ciudad que es un puro dislate, diseñado casi todo él en torno al vehículo privado, a la carretera o a la autopista, al consumo sin medida de combustible … Esto no es una casualidad. Si España no hubiera contado a lo largo de los últimos sesenta años con leyes y más leyes del suelo, con planes y más planes urbanísticos, generales, parciales, de detalle, especiales, con todos los sistemas de ejecución imaginables, hasta el pintoresco de los urbanizadores privados … si España, digo, no hubiera contado con este despliegue normativo que ha hecho millonarios a muchos, pensaríamos que el actual desbarajuste es fruto del azar. Pero no: es fruto de una planificación medida y aquilatada, pensada, tramitada, aprobada por las más serias autoridades del país.

Solo que una planificación alegre e insensata, de espaldas al ahorro, insensible al medio, volcada en el despilfarro. Se viaja por las ciudades europeas de tipo medio y es de ver el esfuerzo que en ellas se ha hecho para dotarlas de redes de autobuses y de tranvías, para evitar que cada ciudadano acuda al trabajo con su coche ocupando espacio, gastando, contaminando … En España ciudades de las mismas características (en la que yo vivo, León, es un ejemplo de lo que no hay que hacer) disponen de redes públicas de transporte elementales, que dejan además grandes zonas urbanas sin cubrir adecuadamente, lo que obliga a montar todos los desplazamientos de forma privada. Ciudades cómodas, llanas, sin cuestas y con campus universitario que carecen asimismo -un año y otro, indefinidamente …- de carriles para las bicicletas. Vuelvo al ejemplo de las Universidades centroeuropeas: hay cientos y cientos de dispositivos habilitados para dejar con seguridad en los aparcamientos las bicicletas porque los jóvenes -y muchos no tan jóvenes- acuden a los centros educativos en este medio limpio y saludable. En España esta costumbre es completamente marginal con lo que se está habituando a las generaciones nuevas otra vez al despilfarro, al dispendio que todo ello supone en una economía que ha de contar con límites y fronteras que no pueden traspasarse.

Ahora está muy de moda hacer estudios sobre las “huellas ecológicas”, se harán cientos, no faltarán proyectos y más proyectos de investigación de colegas universitarios que cuantifiquen con rigor lo que cuesta en términos ambientales y de civilización dispendiosa una planificación del entramado urbano como la que tenemos. Los mismos Ayuntamientos encargarán montones de estudios de esta naturaleza. Todo para ser abandonado más tarde en el cesto de los papeles porque lo que se lleva, lo que es cómodo, es la rutina, el expediente tradicional, las fórmulas usuales que tengan poco desgaste político.

Esta situación hay que transformarla. El político municipal tiene que disponer del coraje necesario para explicar a la ciudadanía que es preciso cambiar de hábitos. Esto no se hace de un día para otro pero sí a base de una acción a medio y largo plazo que vaya desmantelando instalaciones que conducen a la contaminación y convierten a las ciudades en espacios invivibles. No basta con ir de campaña electoral y proclamar lo “progres” que somos todos defendiendo el medio. Hay que hacer pedagogía y hay que actuar: sí al transporte público, de calidad, con la necesaria frecuencia para hacerlo cómodo a todos; no a los aparcamientos en los centros de las ciudades, negocio de los concesionarios. La crisis económica que vivimos ¿ayudará a tomar conciencia de lo que defiendo en este artículo? Así debería ser pero solo una acción consciente de los poderes públicos, una acción sostenida a lo largo del tiempo, no improvisada, podría cambiar las cosas.  Ahora bien, como ese cambio solo se
advertirá pasado mucho tiempo ¿hay quien tenga interés en ello?

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Francisco Sosa Wagner es Catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad de León. Fue Decano de la Facultad de Derecho de León (1996 - 2000). Es jurista de reconocido prestigio que ha publicado innumerables obras de referencia.

3 Comentarios

  1. …que el transporte publico se adapte a las necesidades reales de desplazamiento.

    Hoy en día no seria tan dificil usando la tecnologia. Por un lado se tienen las necesidades de movilidad individuales y por otro las empresas de transporte de pasajeros. Se cruzan y tendriamos grupos de pasajeros con origenes y destinos similares llenando buses, mini-buses, taxis, trenes, etc. Mas puestos de trabajo de conductores, taxistas, etc. Menos accidentes…

  2. Me quedé sorprendido al ver a la puerta del Ministerio de Hacienda en Berlín un montón de bicicletas. Aunque conociendo la tradicional «civilidad» del conductor de coche español es para pensarlo.
    Para que veamos cómo funcionamos, decía Umbral que «fracasado en la vida es el tipo que a los cuarenta coge el tren para ir a trabajar». Así no luce el pelo.

  3. Espero que este planteamiento de mi tocayo quede incorporado al programa político de Unión Progreso y Democracia, pese a que según una reciente encuesta, el porcentaje de españoles preocupados por el Medio Ambiente se situaba en el 2% apróximadamente. Lo cual no es de extrañar conociendo los modos y maneras del paisanaje patrio, tan ajeno a lo natural y lo racional, como entregado al preciosismo cutre, la barbarie remilgada, la zafiedad prepotente y la cursilería mental y moral descerebrada.

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