Mühlau es un pueblecito alemán de unos dos mil habitantes que se halla situado cerca de la industriosa ciudad de Chemnitz en el Land de Sajonia y que, por tanto, hasta la caída del Muro pertenecía al territorio de la República democrática alemana. Lo traigo a colación en este blog porque es el escenario de una curiosa disputa relacionada con el mundo local y el derecho que lo rige.

El alcalde es un ciudadano que, aunque no pertenece a ningún partido político tradicional, fue elegido por sus convecinos de acuerdo con el sistema allí vigente. Un buen día (malo para él) se descubre que había trabajado para el Servicio de Seguridad del Estado (Stasi) es decir que había sido un delator ante las autoridades comunistas y por tanto responsable de detenciones y cárceles. Y no de forma ocasional, como hacían muchos para conseguir un empleo o no perder el que tenían, sino de una forma profesional y estable.

Con estas credenciales tan poco abonadas, parte del vecindario quiere destituirlo como alcalde. Y se pone en marcha el procedimiento allí previsto para conseguirlo cuya decisión última se halla en manos de la ciudadanía de forma directa por la vía del referéndum. Estamos en el año 2007 y los adversarios del alcalde tienen que aceptar su derrota porque no se consiguen los votos necesarios para prescindir de él. Ahora, hace poco más de un mes, se ha repetido el procedimiento -que el alcalde impugnó sin éxito ante los tribunales-: de los 1118 votos emitidos 433 fueron negativos y 672 positivos. Sin embargo tampoco se ha logrado el propósito de librar al pueblo del antiguo confidente pues la ley exige la mayoría absoluta que se situaba en los 900 votos.

Sorprende el espíritu deportivo con el que los promotores de la destitución se han tomado sus derrotas aceptando que “se trata de un juicio democrático y felicitándose por el hecho de que tales decisiones se hallen de forma directa en manos de los vecinos y no del pleno del Ayuntamiento”. Y ello a pesar de que tales promotores habían sufrido por parte del alcalde todo tipo de presiones y amenazas, incluída la persecución judicial. Ahora tienen puesta su confianza en las próximas elecciones locales para terminar con la pesadilla del regidor.

A este asunto se une otro bien elocuente. En el Land de Sajonia se halla en marcha una gran operación política destinada a reducir drásticamente el número de municipios, en línea con la que se llevó a cabo en la vieja República Federal en los setenta del pasado siglo (estudiada por Pedro de Miguel y por mí hace muchos años). Considera el legislador que un municipio que no cuente con cinco mil habitantes no se puede considerar una Admnistración eficaz ni tampoco seria desde el punto de vista democrático.

Se ha tratado de buscar en primer lugar el acuerdo voluntario entre los municipios cercanos que deseen fusionarse y, en este punto, también se divide la opinión: mientras el Ayuntamiento, con el conflictivo alcalde a la cabeza, optan por uno, los ciudadanos se han pronunciado mayoritariamente por referéndum por otro. Pero el alcalde no se ha molestado en ejecutar el acuerdo vecinal. Y así sigue el conflicto cuyo nudo final desatará el parlamento de Sajonia aprobando una ley de fusión obligatoria.

El lector cómplice de tierras españolas extraerá conclusiones de este episodio municipal alemán que juzgo minúsculo pero pleno de enseñanzas.

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