Aunque el titular pueda sembrar dudas, adelanto que no me voy a referir a las del 26-J. Más que nada por temor a que todo el mundo siga mi consejo y pueda yo ser el responsable de que el país zozobre (mi ego es tan modesto que siento esos temores).

Mi tema de hoy son las pequeñas elecciones diarias de las que está llena la vida: tinto o blanco, carne o pescado, playa o campo, nieve o mar, cine o cena, …

Si nos fijamos, nuestro devenir diario no es más que una constante elección, puesto que cuando hacemos o dejamos de hacer, condicionamos acontecimientos futuros. Si retrasamos un viaje un día, es posible que nos libremos de la avería del aire acondicionado que convierte un agradable desplazamiento en una tortura, pero no coincidiremos en el tren con ese conocido que llevamos años sin ver, que nos podría hacer una interesante oferta de trabajo…

Sin llegar al trascendentalismo del conocido como efecto mariposa, hemos de asumir que todo lo que hagamos o dejemos de hacer tiene consecuencias. Es de tener en cuenta que éstas no siempre van a ser las previstas o deseadas, pues los factores externos también cuentan. El novio que adelanta su regreso de un viaje, para ver antes a su adorada, se puede cruzar en el aeropuerto con su amada que vuela a darle una sorpresa.

Pero cuanto más previsiones hagamos sobre los posibles factores externos, mayores probabilidades de acierto en la previsión. Lo que sí ha de tenerse muy claro es los elementos sobre los que podemos actuar. Así, si preparamos minuciosamente un proyecto y fracasa, a la hora de hacer análisis para reintentarlo no es tan importante saber cuál fue la causa del fracaso, cuanto como evitarla en el futuro. Así, si planificamos un almuerzo al aire libre en el mes de julio, si llueve arruinará nuestros planes y nos obligará a aplazar el evento. La siguiente vez, si además de contar con las probabilidades escasas de que un fenómeno de lluvia se repita en julio, si prevemos la posibilidad de traslado a local cerrado o de instalar una carpa, podremos garantizar el éxito (en cuanto a las inclemencias del tiempo, no al acierto del cocinero). En resumidas cuentas, si fracasa el proyecto, si volvemos a hacer todo exactamente igual, pensando que las causas del fracaso son todas externas, contamos con mayor número de probabilidades de que volvamos a naufragar que si tratamos de hacer algo diferente. Sobre el tiempo, las tendencias del mercado, el enfado del electorado, la programación de otros, no podré influir. Pero sí puedo evitar un montón de excusas de asistencia a un acto si antes de programarlo consulto las fechas y horas de la final del campeonato de fútbol que sigue tanta gente.

En vísperas del mundial de Sudáfrica numerosos comercios vendieron televisores con la oferta de que si la selección de España ganaba el mismo se devolvería el importe pagado. Las campañas de ventas fueron de gran éxito y la posibilidad de que tal circunstancia se diera parecía mínima. Sin embargo esos comerciantes se habrían arruinado si no hubieran asegurado tal posibilidad. Las aseguradoras perdieron en esa ocasión, pero gracias a que ellas siempre juegan con el cálculo de probabilidades esas pérdidas se compensaron con otras ganancias.

En resumidas cuentas, la vida está llena de pequeñas elecciones, que van interconectando con las que a su vez hacen los demás y con las circunstancias externas. Cuanta más previsión tengamos sobre las consecuencias de las acciones que se acometan, más posibilidad de acierto, pero lo que siempre hemos de evitar es que el sopesar y medir las posibles consecuencias nos paralice.

Y sépase que la suma de pequeñas elecciones son las que llevan a la cima. El Everest no se corona dando un paso. Hay que dar muchos, uno detrás de otro, siguiendo una ruta que conduzca a la cima.

Por otra parte se ha de ser consciente que, al menos en un Ayuntamiento, nunca se trata de elegir uno qué hacer, sino que se trabaja en equipo, en grupos, por lo que es fundamental el compromiso. Pero esa ya es otra historia.

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