Pautas para el diseño y la estética de los robots públicos

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La robótica de servicios, tanto privados, como públicos está optando por una estética de tipo humanoide. Tiene plenamente sentido que sea así ya que para las personas es más fácil convivir con robots humanoides que con robots con otras morfologías. Sí tenemos que interaccionar con robots que realizan servicios como seguridad, limpieza, camareros, etc. es normal que estos tengan una forma humanoide. Por una morfología humanoide se entiende una estética que replique un cuerpo humano: cabeza, trono y extremidades inferiores y superiores.

La robótica actual más avanzada con formas humanoides es la robótica sexual. Este tipo de robots representan actualmente la vanguardia de la estética humana de los robots. Estos avances podrían migrar con una gran felicidad a la robótica de todo tipo de servicios privados o públicos con una suavización de sus atributos sensuales. La robótica sexual ordena por género (mujer u hombre) y por raza (blanca o caucásica, negra y oriental). También se clasifica por las atribuciones físicas de las caras y las zonas sexuales del cuerpo. Estas últimas no tendrán ningún impacto en la robótica de los servicios, pero en cambio, sí puede tener impacto la clasificación por género y por raza.

3) En los servicios privados pueden caer en la tentación de definir una estética de la robótica de tipo sexista y racista. Robots femeninos para las tareas de limpieza, robots masculinos para las tareas de seguridad, robots negros para trabajar en las minas o en el campo, robots blancos para sevicios sofisticados y robots negros y asiáticos por servicios básicos. Las discriminaciones pueden ser muy variadas. Se puede generar una robótica de la discriminación.

Pero no sólo hay que destacar la necesidad de una robótica no discriminatoria sino de atender a la necesidad de proteger a las personas más vulnerables (niños, discapacitados psíquicos, gente mayor con problemas cognitivos) que pueden confundir los robots humanos que prestan servicios con personas reales. Se debe garantizar el derecho a las personas vulnerables a poder identificar con facilidad si interaccionan con un robot o con una persona.

Los servicios públicos no pueden implantar esta robótica de la discriminación. Los servicios públicos deben ser ejemplares y no caer nunca en ninguna lógica de discriminación. Obvio que tampoco los servicios privados, pero hasta que no se consiga una regulación pública será muy difícil de evitar.  Si la robótica de los servicios públicos es impecable en términos de no discriminación de ningún tipo habrá la posibilidad de establecer una regulación para la robótica de la empresa privada.

Sí bien tiene plenamente sentido que los robots que prestan servicios adopten una forma humanoide no se debería permitir que replicaran con detalle las características de un humano. Debería definirse una estética de los robots humanoides que fuera agradable pero claramente diferenciada a la de las personas. Una estética amable pero mecánica y no humana podría ser la solución (cara, elementos concretos de la cara como los ojos, manos, pies en forma mecánica parecida a la humana pero que no simulara la humana). Lo mismo debería hacerse con la voz: agradable, pero ni masculina ni femenina.

Se ha de estar especialmente alerta con los colores de los robots humanoides. Los colores tienen implicaciones tanto conceptuales como raciales e, incluso ideológicas (rojo por la izquierda o azul por la derecha). Se debería implementar un espectro de colores para los robots fuera de los clichés raciales (blanco, negro, amarillo pálido) con unos colores diferentes o con un tipo de pintura (mate o metalizado) que no se pudiera relacionar con colores vinculados a razas o ideologías. También sería conveniente definir unos estándares cromáticos por los robots que presten servicios. Esta estratégica podría ayudar a que las personas identificaran no sólo que están contemplando un robot y no una persona sino también cuál es el tipo de servicio o función que presta y en el que está especializado el robot. Por ejemplo, los robots de color verde por los servicios sanitarios, los robots de color gris por los servicios de seguridad, los robots de color azul por los servicios de limpieza, etc. Estos cánones deberían se ser obligatorios en los servicios públicos y con un carácter internacional. No estaría mal una regulación pública que obligara también a la robótica de servicios privados.

En un momento que la atención está focalizada en el tipo de servicios que pueden prestar los robots es necesario ampliar el marco de reflexión al diseño y estética de los robots públicos. La estética de los robots no puede ser sólo una estrategia comercial para vender más robots, sino que tiene unas implicaciones conceptuales e ideológicas muy importantes. La estética y el diseño es ideología. La ideología política se mueve en el campo de la libertad, pero la ideología sexual, racional, de identidad, etc. debe moverse en el campo de la igualdad, la equidad, el respeto y la lucha constante para evitar todas las potenciales discriminaciones de carácter personal y social. El diseño de la robótica tiene implicaciones éticas que deben tenerse muy presentes. Totalmente presentes en la esfera pública (servicios públicos que prestan las instituciones públicas) y muy presentes en la esfera privada (servicios privados prestados por empresas).

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