Todo es circular

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Veamos. Con motivo de los catastróficos efectos que está provocando la maldita pandemia, las administraciones, al menos algunas, han decidido ya desde que se declaró la situación y se pudieron comprobar los nefastos efectos económicos, ayudar a los autónomos. No podía ser de otra manera. ¿Cómo? en la mayoría de los casos se referenciaron las ayudas a través del parámetro de las cuotas a pagar a la Seguridad Social, criterio objetivo y sin mucha discusión.

Dejando aparte las dudosas atribuciones competenciales municipales para transferir cantidades dinerarias a los autónomos y dando por validadas las mismas siquiera sea forzando la exégesis normativa, me pregunto qué sistema absurdo, perverso, clientelar, ridículo e ineficiente hemos montado entre todos, con perdón, claro.

Y es que si pensamos en el circuito monetario el tracto puede ser el siguiente:

– La UE (en su caso) financia al Estado.

– El Estado financia a las Diputaciones Provinciales.

– Las Diputaciones Provinciales financian a Ayuntamientos.

– Los Ayuntamientos dan las ayudas –como pueden- a los autónomos.

– Los autónomos utilizan el importe recibido para pagar a la Seguridad Social.

– Los autónomos deben declarar las ayudas luego en el IRPF.

– Los funcionarios de la AEAT deben comprobar que se ha declarado correctamente.

Economía circular pero no en lo ambiental, sino en lo caótico. Es decir, hemos organizado montado un círculo de clientelismo e ineficiencia absoluta. De las arcas del Estado sale un dinero que finalmente va a parar a la Seguridad Social, que no deja de ser Estado. Para ello han trabajado funcionarios del Estado, de las Diputaciones, de los Ayuntamientos y de la Seguridad Social y de la AEAT. Todo ello con posibles errores y salvando problemas legales. ¿No es ridículo? ¿No será simplemente más eficiente que el Estado exonere temporalmente a los autónomos de pagar esas cuotas durante un tiempo y que lo que corresponda se lo transfiera directamente a la Seguridad Social?  Y, por supuesto, que facilite ayudas directas para trampear sin tener que cerrar el negocio y dejar en la calle a mucha gente.

Y es que además, en muchos Ayuntamientos los medios son limitados; organizar un sistema subvencional en condiciones, no es fácil: ¿concesión de subvenciones directas? ¿Concurrencia competitiva? ¿Bases? ¿Convocatorias? ¿Petición de requisitos? ¿Comprobación de condiciones?

Curiosamente, mi Diputación Provincial de referencia  (desconozco si en otras es lo mismo), aprueba, loablemente, un denominado “Plan de Concertación”, que no deja de ser una suerte de sistema para poder otorgar financiación directa incondicionada a los Ayuntamientos, es decir,  sin que sea finalista. Pero puesto que se trata de subvenciones directas, no finalistas, no obliga a éstos a destinar las cantidades entregadas a esto o aquello pero sí, en este caso, recomienda que se destine el 30 % de lo transferido a financiar a autónomos y PYMES. Para ello no se exige otra cosa que una declaración de intenciones sin valor jurídico y una apelación a respetar la denominada lealtad institucional (sic). Particularmente y suponiendo la buena intención de todos, me parece un sistema caótico. Es hacer que parezca que todas las administraciones hacemos cosas cuando lo normal sería que cada mochuelo esté en su olivo sin invadir ni forzar asentamientos en otros olivos.

Independientemente de todo ello, no acabo de comprender cómo ante esta situación crítica para muchísimos pequeños empresarios, no se hace una apuesta decidida por ayudar temporalmente a los mismos; los aplazamientos obviamente no son la solución. Si se consigue que no se hundan las pequeñas empresas, será pan para hoy pero también pan para mañana, no sólo para los propios afectados sino también para las administraciones, que podrán recaudar, porque seguirá habiendo actividad cuando se salga del pozo y se ahorrará además en subsidios. Mejor dar éstos ahora, ya que posteriormente  se podrán recuperar impuestos, que después, cuando ya sean irrecuperables y no haya donde rascar.

Posiblemente algún día seremos un país medio normal.

3 Comentarios

  1. De acuerdo contigo, Ignacio. Y aunque seas una voz en el desierto, no te queda otra. Has decidido, libremente, pillarte los dedos. A ver si entre tus compañeros, otros se contagian. Ya sabes lo que pienso respecto a las omisiones (a la larga complicidad) de tantos colectivos profesionales, desde el funcionariado hasta los de tipo autónomo. Reclamamos responsabilidades (lo cual no está mal) siempre al nivel inmediatamente superior, pero de trabajar en red en el nuestro, más bien poco. En un país de normalidad extraña como dices, de escaza tradición liberal, el egoísmo individualista igual sí que campa a sus anchas.

  2. De acuerdo contigo, Ignacio. ¡Y adelante! Aunque seas una voz en el desierto, no te queda otra. Has elegido, libremente, pillarte los dedos. Y ya sabes lo que pienso respecto a las omisiones (complicidad a la larga) de tantos colectivos profesionales, desde el funcionarial hasta los de tipo colegial y autónomo. Reclamamos responsabilidades (lo cual es necesario) al nivel inmediatamente superior, pero en el nuestro, lo de trabajar en red es siempre demasiado escaso. ¿Comodidad, cobardía…? En un país de dudosa normalidad como dices, es extraño que siendo tan poca nuestra tradición liberal, el egoísmo individualista que culturalmente es propio de esta, sí campa a sus anchas.

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