Ver el lado positivo

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Ver el lado positivoNo es infrecuente que entre compañeros de habilitación estatal, nos quejemos unos a otros de problemas como el de la soledad, la incomprensión de la clase política hacia nosotros, el desánimo de sentirse olvidado, etc. Sin embargo en alguna ocasión hay que ser positivo y en muchas ocasiones deberíamos poder apreciar todas esas cosas buenas que tiene el ejercicio de la función pública. Lo digo porque si de repente un extraterrestre aterrizase y leyese o nos escuchase a muchos de nosotros, podría parecerle que somos unos trabajadores que estamos atados con una soga al cuello dando vueltas sin parar para mover una noria. Y sí, sin duda hay problemas, no pocos, pero deberíamos a veces poder compensar esos inconvenientes que podemos tener con muchos aspectos positivos. Alguien dijo en una ocasión que la felicidad está en uno mismo y que es inútil culpar a los demás de tus propias desgracias. Por eso quiero resaltar en este principio de año algunas de las cosas buenas que tiene el trabajo diario de un FHE, que desde mi punto de vista, no son pocas. Seamos positivos pues, ya que suele comentarse siempre el problema o lo negativo, pero no lo bueno o aquello que sale bien. Es como las noticias, sólo parece que son noticias las desgracias; pero de vez en cuando se hace necesario recordar alguna buena para compensar.

Si tuviese que hacer un listado de aspectos positivos, tendría sin duda que hacer mención a que en un ayuntamiento mediano o pequeño uno puede ver el resultado del trabajo, es decir, muchas veces (no siempre, claro) se puede observar la relación existente entre esa ‘odiada’ burocracia y la materialización de la idea inicial en algo tangible, tras pasar el correspondiente procedimiento. Puedo ver el principio, desde la gestación de la idea y el final de algo, desde que el equipo de gobierno decide actuar en algo determinado, por ejemplo, en la pavimentación de una calle, hasta que la calle está terminada y abierta al tráfico, comprobando la mejora. Desde el principio he tenido que participar en el proceso, desde la toma de decisión hasta el acta de recepción, pasando por la búsqueda de financiación externa, el trámite presupuestario, el complejo proceso de contratación, el aspecto impositivo derivado de unas probables contribuciones especiales, hasta el pago al contratista y al director de las obras y la efectiva apertura de la calle. Este ‘ver el  resultado’ es algo que si se ve desde el lado positivo de la cuestión, compensa, porque trasladas la democracia y la norma a la realidad, a resultados prácticos. Consiguientemente, un trabajo que podría ser aburrido y anodino puede convertirse en estimulante al poder ver su nivel de utilidad. No olvidemos por otra parte que en un Ayuntamiento pequeño una gran parte del trabajo es gestión y que solemos patrimonializar la problemática municipal, por lo que es legítimo hacerlo también con respecto al logro de objetivos

El segundo aspecto que más se puede valorar es la independencia en el ejercicio de la función, cuando se piensa que debemos (o deberíamos) ejercer nuestra libertad profesional en los tres aspectos fundamentales: la fe pública, el asesoramiento legal y la fiscalización interna de la gestión económica y presupuestaria. Aspecto de independencia que debemos valorar mucho cuando la podemos ejercitar libremente y por la que luchar cuando se intenta menoscabar, ya que poco sentido tendría nuestra función si nos dejásemos mediatizar. Esa independencia es la razón de la profesionalización y de la inamovilidad del funcionario y si se perdiese, se perdería todo lo demás. De alguna manera un FHE es en ocasiones un Pepito Grillo y se ve abocado a recordar cuál es la norma y su consiguiente traslación a la acomodación del modo de actuar. Norma que sin duda viene impuesta por razones públicas y que hay que respetar. Sólo los políticos poco inteligentes, los que no comprendan la labor del FHE son los que tratarán en muchas ocasiones de menoscabar la independencia de los mismos.

El tercer aspecto, concatenado con los otros dos, es sin duda que un FHE dispone de un aceptable grado de creatividad y de autoorganización: al fin y al cabo nadie nos dice cómo ejercer las funciones necesarias ni cuándo ni cómo, respetando, eso sí, los límites legales.

Trato por lo tanto de pensar que mi trabajo sirve para algo, que es necesario no sólo porque ejerzo las funciones legales que la norma dice que debo cumplir, sino además porque la gestión se traduce en muchas ocasiones en nuevos servicios. Y además, en cierto modo, puedo disfrutar de él. En estos momentos en que la crisis económica se está agudizando y afecta a grandes sectores de la actividad laboral, disponer de un trabajo que puedo considerar  interesante y realizarlo de una forma relativamente independiente, es todo un lujo. Por eso, cuando uno se queja debería hacerlo en relación o con referencia a algo mejor. Y, hoy por hoy quiero tender a ver lo bueno, pese a la dureza e ingratitud que algunos deben soportar, que se ejercen en soledad y muchas veces  en lamentables condiciones materiales o bajo intolerables presiones. Con los tiempos que se avecinan, tanto por las amenazas que se ciernen sobre la habilitación estatal y por el tiempo de vacas flacas que llegan, disfrutemos mientras tanto. Carpe diem.

3 Comentarios

  1. ¡YA ERA HORA! Voy corriendo a marcar este día en mi calendario… Estupenda reflexión que no había escuchado NUNCA en foros de FHE… siempre las mismas quejas, siempre los mismos lamentos, nunca el lado positivo… llegué a pensar que no existía, pero me he dado cuenta de que sí. Además, me gustaría añadir uno que queda implícito en tu explicación; Un Ayuntamiento es un universo, tocáis todos los palos, el empleo público, el urbanismo, la formación de los empleados, educación, sanidad, infancia… ¿Cuántos trabajadores hay que tengan un trabajo tan variado y tan rico!?
    ¡qué sí! ¡que los políticos son blah, blah, blah! ¡que las leyes blah, blah…! Pero todas esas reflexiones son LAS DE SIEMPRE, las mismas quejas que llevo oyendo más de 15 años…
    ¡Enhorabuena, me encanta tu punto de vista!

  2. Sí, yo también soy optimista y si volviera a nacer sería Secretario-Interventor.

    No obstante mi optimismo hay que reconocer que cada día hemos de tener espaldas más anchas y corazón más grande para soportar el incremento constante de tareas que nos llueven, no solo de nuestros vecinos y políticos, a los que da gusto satisfacer, sino de otras Administraciones Públicas, que se están convirtiendo en insaciables. Y esto, querido compañero, se está convirtiendo en algo dificilmente soportable y que entorpece enormemente el ejercicio de nuestras funciones propias.

    Un cordial saludo. Javier

  3. pues creo que aciertas al decir que nuestra profesion es buena, que hay que ser optimista, pero a la vez que el incremento de tareas es pesado a veces y que ciertas administraciones tienen la extraña idea de que debemos hacer cosas que son de su competencia :- mi teoria es que en determinadas administraciones, especialmente las autonomicas, se aburren y como no saben que hacer dicen «vamos a fastidiar un poquitos a los habilitados estatales» ;D
    un saludo y animo a todos! que la cosa no es tan mala! (o lo mismo es que como llevo poco tiempo aun no he visto las peores cosas jaja 😀 )

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