Y luego qué…

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Y bien, probablemente no se deben lanzar mensajes negativos ante esta situación y en este foro público deberíamos seguir lo políticamente correcto, es decir, “to er mundo e güeno” o lo que es lo mismo, somos fuertes, todos juntos saldremos de esta. Sin embargo es necesario reconocer los fantasmas para, si es posible, expulsarlos.

Leo en el Blog el comentario del siempre sensato Manuel Pimentel y verdaderamente estoy asustado. Prácticamente he optado en lo personal por tratar de aislarme de noticias, pero resulta en la práctica imposible. Las cifras siguen multiplicándose y es todo muy deprimente. No quiero pensar lo que debía ser vivir en la edad media y que se declarase la peste negra en una ciudad. Cerraban las murallas, y a quién Dios se la diera, San Pedro se la bendeciría. Y cuando terminaba el episodio había un ochenta por ciento menos de población. Quizás un modo de defenderse la naturaleza ante un posible crecimiento excesivo de la población o ahora, además, ante las continuas agresiones medioambientales. Quién sabe. O puede que todo esto, pensando en términos conspiranoicos,  se deba a un plan premeditado de algún poder oculto al estilo de las películas de James Bond, un empresario loco o un científico que está “pallá”. A los efectos de nosotros, la tropa, nos va a dar igual.

Es todo tan deprimente que en estos momentos las lágrimas nos nublan la visión y podríamos pensar en que estamos deformando la realidad. Momento habrá en el que habrá que exigir responsabilidades, que las hay y muchas y muy graves.

Y es que para el que sobreviva, la historia en lo económico, además, se va a repetir en forma agravada. Va a haber una crisis aguda que ya ha empezado y se va a cronificar. Los países centroeuropeos ya nos han dicho que eso de mutualizar los costes de la crisis y la deuda, que jajaja, tu abuela con perdón, que ellos han hecho políticas de contención, de reducción del déficit, de racionalización del gasto y que no piensan apoyar a los manirrotos como nosotros o los italianos. Y mucho menos a los inútiles. Y en cierto modo tienen algo de razón, pero si en estos momentos no va a haber solidaridad europea será el fin de Europa. Probablemente, -eso vaticinan algunos economistas- estamos en una situación de deuda y gasto público tan límite que será necesario, como único medio de reconducir todo, admitir un rescate europeo, que, obviamente no estará exento de un férreo control, de medidas restrictivas de carácter muy grave, nueva reducción de salarios, reducción de pensiones y como dice Manuel Pimentel, quizás cartillas de racionamiento.

Sí, era impepinable que el virus nos afectase, pero lo que no era tal inevitable es que la respuesta política fuese tan ineficaz. Todos los días estamos llegando al pico (más bien la meseta), todos los días están a punto de llegar respiradores y mascarillas, todos los días parece que se ha estabilizado la situación y que emprendemos el descenso. Pero, con gran dolor de corazón, hay que reconocer que ya no nos creemos nada, y lo peor es que la gente caigamos en la desesperanza. Claro que saldremos de ésta, lo que desconocemos son los daños directos y colaterales.  No es normal que el 20 % de los muertos por el COVID-19 en el mundo a fecha de hoy, sean españoles. Algo habremos hecho rematadamente mal. O todo el mundo miente en las estadísticas…Ya se reconoce además en alguna Comunidad Autónoma que si se tiene más de ochenta años no hay UCI. Los médicos van a tener la potestad -a su pesar, es cierto- que tenía el pater familias en el derecho romano, el ius vitae et nescis, delegamos en ellos la decisión moral de elegir quién vive o quién muere.

Mientras tanto, estamos con un Gobierno con casi plenos poderes, que justificado por el estado de alarma, apenas da cuenta de sus acciones en el Congreso, que contesta sólo a las preguntas que quiere o directamente no contesta y con unos partners desaparecidos que piensan que cualquier cosa les salpicará para mal. Y un Estado en descomposición en el que una autonomía, antes de la declaración del estado de alarma decide “cerrar” cuatro municipios sin tener competencia alguna para ello y que a fecha de ayer no permite que la UME monte un hospital de campaña porque “es demasiado militar”. Y que su Presidente afirme que España no les está ayudando nada. No se puede ser más ruin.

Mientras tanto ya se habla de que el Gobierno es probable que se apropie del ahorro de los Ayuntamientos de estos últimos años, veintiocho mil millones, se dice pronto. Está claro que va a arañar todo lo arañable.

Imprescindible un Gobierno de concentración nacional ya y elecciones cuando todo esto haya pasado. Los ciudadanos deberán decidir cómo ha sido la gestión de la crisis. Y los jueces tendrán un inmenso trabajo por delante.

3 Comentarios

  1. Creo que debería ser más riguroso en sus afirmaciones… he seguido con atención todas las ruedas de prensa que estos días ha realizado el «ruin» president de la Generalitat (supongo que se refiere a él), y en ningún momento ha afirmado que «España no le ha ayudado nada». Eso sí, como usted, con razón o no, ha sido muy crítico con la gestión realizada por el Gobierno del Estado, e incluso «autocrítico» con la propia.

    Para afirmaciones faltadas de rigor, y con una clara carga ideológica, basta con leer determinada premsa del signo ideológico que a cada uno le siente mejor. Este blog, se supone, sirve a otros fines. Como ejemplo, al que usted muy bien alude, el valiente artículo de Manel Pimentel…

    • Estimado Óscar,
      permítame una reflexión sobre su comentario, con todo el respeto, y sin sesgo ideológico alguno.
      Pienso que se ha fijado usted en una anécdota dentro del artículo publicado por Ignacio Pérez Sarrión, al que, le aclaro, no conozco.
      Ciertamente yo no sé si el sr. Torra ha verbalizado concretamente la expresión «España no nos ayuda». Parece, sin embargo, a la vista de lo que distintos y numerosos medios de comunicación han publicado o transmitido, que el Presidente de la Generalitat sí que ha tenido algunos comentarios similares sobre la UME; comentarios, estoy convencido de que en esto convendrá, que sí van coloreados de un claro sesgo ideológico.
      Sin embargo, si el comentarista, sr. Pérez Sarrión, considera que el comportamiento del sr. Torra es ruin, y lo hace de forma anecdótica dentro de un artículo que, básicamente, es un canto a la desesperanza, por su estado anímico, que mucha gente comparte en estos momentos, no parece muy adecuado tildar su calificativo «ruin» como una expresión de sesgo ideológico. Sería tanto como decir que una persona que comparte nuestra misma ideología no puede comportarse nunca con ruindad, lo que supondría una clara alteración de nuestro sentido crítico. Personas que comparten la ideología de uno pueden tener comportamientos ruines, y, al contrario, personas ajenas a la propia ideología, pueden tenerlo honorable.
      Espero no haber molestado a nadie con esta reflexión,
      Atentamente.

  2. Tan rematadamente mal, que justificamos lo injustificable: mantener una gigantesca burocracia para una nación ubicada en el 13 lugar del mundo en nivel de riqueza . Servicios personales innecesarios se mantienen por inercia( cooperación desarrollo, participación ciudadana, igualdad, promoción empresarial..,). Todos callan!!

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