eurobonosEl último boletín estadístico del Banco de España recoge el empeorado retrato de las finanzas públicas. Es cierto que, de manera especial, los datos más preocupantes son los relativos a las economías autonómicas cuyos porcentajes de deuda y déficit público siguen un ascenso galopante. Las Administraciones locales, por su parte, parece que empiezan a contener el gasto público. Sin embargo eso no impide que, cuando se forme el próximo Gobierno, se presente como primera demanda de manera inexcusable la exigencia de una reforma de la financiación local.Ahora bien, hay que saber que esa financiación local estará inserta en las discusiones sobre la ordenación de la deuda pública, porque desde hace meses se discute en el ámbito de la Unión europea la conveniencia de emitir “eurobonos”, unos nuevos valores de los que se harían responsables los 17 países que están integrados en la “euro zona”. Las discusiones se enredan y las propuestas no avanzan, a pesar de la situación crítica de los mercados de deuda pública, porque hay muchas reticencias y temores. Desde la fuerte Alemania, expertos economistas alertan de que esas emisiones generarán un mayor coste a ese país, porque los tipos de interés que habría que ofrecer serían superiores a los que actualmente fija el mercado de deuda pública alemán. Además, les preocupa que esas emisiones no obtuvieran la máxima calificación por las agencias (des)calificadoras. Me sorprenden estos argumentos y me pregunto: ¿saben quienes invierten en deuda pública alemana que no obtendrán beneficios?¿que los pequeños intereses que ahora ofrece esa deuda quedarán anegados por la inflación? ¿saben del riesgo que eso supone? Y, con relación al segundo miedo, esto es, no conseguir la ansiada “triple A” ¿por qué no probar a independizarse de unas agencias a las que estamos pagando por sus descalificaciones? ¿por qué no esperar a que sea el mercado el que acoja con mayor o menor interés esas nuevas subastas de deuda pública?

A mi juicio, los responsables políticos de la eurozona deberían dejarse de temores y ser valientes para dar el paso de abrir un mercado de deuda pública europea. Ahora se hace de manera tímida y reservada a través del Fondo de estabilidad, fondo que se creó para atender los rescates de los países más azotados por la crisis, y se dirigen esas emisiones a grandes inversores institucionales. Sin embargo, lo que hay que pedir es un mercado abierto de eurobonos.

Buenos grupos de investigación han presentado interesantes propuestas para configurar esas emisiones, porque será necesario establecer los límites de responsabilidad de cada Estado, su sometimiento a una mínima disciplina presupuestaria y fiscal, así como el régimen de peticiones… Son muchas las cuestiones que aclaran esos expertos. Es más, tengo una cierta esperanza en que el nuevo Presidente del Banco Central Europeo, el italiano Mario Draghi, economista y que fue durante años uno de los más alto directivos de Goldman Sachs introduzca criterios más ágiles para los mercados financieros. ¿Por qué no se le encarga, ante su extraordinaria experiencia, las opciones para configurar ese mercado?

Y es que quizá, en lugar de atender a los temores deberíamos preguntarnos a quién beneficiarían y a quién perjudicarían los eurobonos.

A mi juicio, nos beneficiarían a los europeos que queremos salir de las tormentas de los actuales mercados de deuda pública. Tormentas alentadas, no sólo por la crisis económica, sino también por la incomprensible competencia que tienen que hacerse entre sí los Estados miembros. Cada día de la semana se presenta una emisión de deuda pública italiana, española, francesa … mendigando cada país en los mercados de manera separada. Desaparecería esa nefasta competencia si la emisión fuera de los países del euro en su conjunto. Igualmente se desvanecerían las angustias por la escalada de las “primas de riesgo”, que tanto atormentan los noticiarios. Es más, los ciudadanos podríamos acudir a ese mercado, que se ampliaría notablemente en la demanda. ¿Es que se nos ha olvidado ya cómo padeció la cotización del euro en los años 2000 y 2001, perdiendo la paridad con el dólar y cayendo esa cotización, por los retrasos de los líderes europeos en afrontar la emisión del euro, porque los ciudadanos no podíamos defender nuestra moneda al no haberse dado curso legal? ¿Por qué los responsables políticos no nos dejan a los ciudadanos invertir en un mercado de eurobonos y demostrar nuestra confianza en Europa?

Es interesante intuir también a quién perjudicaría la emisión de eurobonos. Fundamentalmente a quienes hacen negocio entre los diversos mercados de deuda. Vendiendo valores de manera masiva consiguen pingües beneficios y, sobre todo, presionan a los Estados para que las nuevas emisiones sean con tipos mucho más elevados. ¿Hay que recordar cómo la familia Rothschild se opuso a las unificaciones de Alemania e Italia en el siglo XIX porque perjudicaba sus intereses en la negociación precisamente de los mercados de bonos? Y es que la emisión también contrariaría a los antieuropeos, a quienes no quieren que avance ni se fortalezca la Unión Europea. Por eso hay que demandar con más fuerza la emisión de eurobonos, porque los ciudadanos necesitamos una Unión con un único gobierno económico que sepa hacer frente a las tendencias de los grandes mercados internacionalizados. La Unión fragmentada por los intereses nacionales y unos mercados de deuda divididos constituyen grandes regalos a los especuladores internacionales.

Así que atención por las colectividades locales a este debate porque es también su debate.

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