El actual estado de envejecimiento de los empleados públicos en España es tan grave que va a generar dos tipos de problemas en el futuro más inmediato que van a ser objeto de análisis en este artículo:

  • La descapitalización del conocimiento en las administraciones públicas derivada de la jubilación de los empleados con experiencia y la contratación de un gran volumen de personal inexperto. Las hipótesis sobre este ítem son las siguientes:
  • La gran mayoría de las administraciones públicas no son conscientes de este problema que afectará en un futuro muy cercano. Apenas hay estudios sobre el envejecimiento de los empleados públicos y todavía son más excepcionales los estudios sobre la potencial pérdida de conocimiento cualificado (la excepción es el Gobierno Vasco con estudios propios y los análisis elaborados por Gorriti).
  • El Estudio del Gobierno Vasco (2016) y de Gorriti (2016) ponen de manifiesto que en los próximos 13 años se van a jubilar en el Gobierno Vasco el 80 por ciento del personal cualificado lo que supone una gran descapitalización del empleo público y del conocimiento técnico e institucional. La hipótesis es que esta situación debe ser muy parecida en el resto de administraciones públicas: es evidente en las comunidades autónomas de desarrollo más primerizo, junto con la vasca: Cataluña y Galicia y en el resto de autonomías va a suceder los mismo con un retraso de unos cinco años. En el caso de la Administración General del Estado, a pesar que no existen estudios publicados muy precisos, la situación parece todavía peor que en las administraciones autonómicas: el 54 por ciento de los empleados en los ministerios tiene más de 50 años y solo el 1,2 por ciento tiene menos de 30 y, en cambio, el 2,4 por ciento son mayores de 64 años (EPA, 2016; La Información, 2014; El Boletín, 2016). «El problema es tan peliagudo que el propio Gobierno está echando cuentas y sus simulaciones dan como resultado que, alrededor del 2020, la propia Administración central tendrá problemas serios para ofrecer algunos servicios a los ciudadanos» (El Confidencial, 2014). Finalmente, las administraciones locales, muy numerosas y dispersas, ofrecen un panorama mucho más variado aunque la mayoría deben tener una situación de envejecimiento parecida al de las Comunidades Autónomas.
  • El personal cualificado no puede ser sustituido de manera automática y en poco tiempo. Empleos como médicos, docentes, policías, personal penitenciario o gestores públicos requieren un importante periodo práctico de aprendizaje antes que un empleado joven pueda sustituir con garantías a un empleado sénior.
  • Esta falta de personal cualificado puede poner en riesgo el modelo de Estado de bienestar ya que afecta a los servicios públicos más básicos como la educación, la sanidad, los servicios sociales e incluso los servicios policiales..
  • El déficit repentino de empleados públicos cualificados puede concebir riesgos de un cambio de modelo no planificado, ni pensado ni deseado como, por ejemplo, la opción a privatizar la gestión de una parte importante de los servicios públicos más básicos.
  • En cambio, en el caso de las jubilaciones de los empleados públicos menos cualificados y más instrumentales se abre una ventana de oportunidad para su extinción debido a la nueva organización del trabajo derivada de las tecnologías de la información y del inminente impacto de la robótica. Puede manejarse la opción de privatizar la gestión (externalización) de los puestos de trabajo que no poseen valor público. Hace falta un cierto análisis y reflexión si no se desea caer en políticas de empleo que podrían poner en riesgo la futura modernidad de la Administración pública. Un ejemplo: en la Administración General del Estado se han jubilado recientemente un volumen muy importante de personal administrativo y auxiliar administrativo. Es una buena noticia ya que es un personal objetivamente innecesario (por la nueva organización del trabajo) en el presente y mucho más en el futuro. Pero resulta que la mayoría del personal técnico superior está muy envejecido y no domina las tecnologías de la información y, por tanto, reclama la reposición de este personal administrativo y auxiliar. Una pésima solución sería convocar oposiciones a administrativos y auxiliares para solucionar este problema coyuntural ya que el resultado sería poseer personal fijo necesario para los próximos cinco años e innecesario para los próximos 50 años. Desgraciadamente parece que este es el plan si analizamos la oferta de empleo público de 2017 y 2018. La alternativa más sensata sería buscar el apoyo temporal y coyuntural de empresas privadas que ofrecieran servicios de apoyo administrativo y auxiliar.
  • La potencial falta de eficacia y de eficiencia de las administraciones públicas debido al envejecimiento de sus plantillas. El personal con una elevada franja de edad posee mucha experiencia pero con la externalidad negativa que es más absentista por enfermedades vinculadas a su madurez y, además, por el desgaste motivacional propio de los empleados con una dilatada trayectoria profesional. A esta problemática derivada del desgaste de la salud física y psicosocial hay que añadir la obsolescencia de las personas con mayor edad en relación con la nueva organización del trabajo derivada de las tecnologías de la información y, en el futuro, también de la robótica. Las hipótesis sobre este ítem son las siguientes:
  • A medida que incrementa la edad los empleados públicos padecen más dolencias físicas que incrementa su absentismo en el trabajo.
  • A medida que incrementa la edad los empleados públicos van sufriendo un proceso de desgaste emocional de carácter personal (muertes de familiares, atención a sus progenitores ancianos, problemas de convivencia con los hijos, divorcios, etc.) y esto puede afectar a su nivel de motivación general que implique menor productividad en el trabajo.
  • En sentido contrario, existen recientes estudios que demuestran que el índice de felicidad incrementa a partir de los 50 años (Oficina Nacional de Estadística Británica, 2016; Alarcón, 2001). Estos estudios exponen como la felicidad suele ser elevada hasta los 20 años y luego va decayendo hasta sus niveles más bajos entre los 40 y los 50 años. A partir, de los 50 años el índice de felicidad va incrementado sin interrupciones hasta el final de la vida. A nivel laboral habría que aprovechar esta tendencia ya que los estudios también hacen referencia a que esta felicidad guarda también relación con la actividad laboral.
  • A medida que incrementa la edad organizativa (tiempo trabajando en la misma institución) los empleados pueden tener una tendencia hacia la desmotivación debido a una acumulación de malas experiencias, de expectativas frustradas, de cansancio por la rutina en el trabajo y por constantes cambios políticos (que generan unas reiteradas fracturas y vueltas hacia atrás) que desgastan el clima de los empleados públicos.
  • Los duraderos y profundos cambios en las tecnologías y las nuevas formas de organización del trabajo generan con el tiempo la necesidad perpetua del reciclaje de los empleados públicos. La capacidad constante de aprender forma parte de las competencias adquiridas por las últimas generaciones de profesionales. Pero puede llegar un momento en que los cambios, que son tan enormes y profundos, abrumen la capacidad de adaptación profesional de las personas con una edad avanzada. Además, cuando se acerca el momento de la jubilación (y ello puede suceder hasta quince años antes) puede existir una tendencia a la relajación y a dejarse llevar sin un renovado esfuerzo de reciclaje. Las administraciones públicas deberían prestar más atención a sus políticas formativas de reciclaje y de un apoyo psicosocial especial a los empleados más veteranos.
  • Existe un interesante artículo sobre el absentismo de los empleados públicos del ayuntamiento de Vitoria durante diez años (2006-2015) elaborado por Feliciano Pérez (2016) que puede servir de referencia. Este trabajo demuestra la hipótesis de que la Incapacidad Transitoria por Enfermedad Común (bajas por enfermedades leves de tres o menos días) no está directamente vinculada a la salud (relación de causalidad), sino a la interacción sistémica de la persona, puesto y entorno. Es decir, hay una causalidad en el absentismo por deficiencias en la motivación, el tipo de trabajo y por el clima organizativo.

2 Comentarios

  1. Me gusta el artículo en general porque plantea los problemas de los funcionarios publicos, entre los q me encuentro. No obstante hay afirmacionesq no comparto y quiero exponer:
    1. La mayoría del personal técnico superior no domina las tecnologías de la información. Desconozco las fuentes de datos en las que se basa esta afirmación pero en mi ámbito laboral no se cumple, es decir, la mayoría de los técnicos conocemos y usamos las tecnologías de la información al nivel q lo necesitamos. Hay formación de infornatica desde hace muchos años y no estamos desfasados Aunq efectivamente hay diferencias entre unos y otros. Por otra parte, la escasez de auxiliares ha hecho q seamos casi autónomos.
    2. La potencial falta de eficacia y de eficiencia de las administraciones públicas debido al envejecimiento de sus plantillas. La falta de eficacia y de eficiencia en la función pública no es debido al envejecimiento de la plantilla es debido a una organización pésima basada en jerarquías verticales obsoletas (jefe y subordinado), a unos procedimientos y burocracia internos muy antiguos, nada informatizados y con infinidad de pasos y formularios cambiantes, a una falta penosa de objetivos ligados a resultados y de seguimiento y control de esos resultados, y a la politización de las grandes iniciativas. A eso se suma la falta de una estrategia largoplacista q la cumplan los distintos responsables de Ministerios.
    3. El problema de las dolencias con la edad y el desgaste emocional no es un problema d los funcionarios publicos, lo es de la población trabajadora en general. El principal problema emocional es el de una falta de motivación enorme debido a los cambios políticos y a la falta de continuidad de iniciativas q empiezan unos y no les gustan a los q les siguen.
    4. En cuanto a los cambios enormes q abruman a los funcionarios, ya me gustaría q se hubieran producido esos enormes cambios y q me abrumen enormemente porque la realidad es q esos maravillosos cambios tan necesarios no acaban de llegar, por lo menos en mi ámbito laboral. Ojalá empiecen a ocurrir verdaderos cambios en la función pública.
    Y para terminar, quisiera añadir q la mayoría de los funcionarios q yo conozco son personas muy responsables, con vocación de servicio público y con ganas de q se produzcan los cambios necesarios para q se nos permita trabajar con eficacia y eficiencia. Cuando hay alguna empresa q quiebra todo el mundo piensa lo mal q lo ha hecho el Consejo Rector pero la administración pública funciona mal por los funcionarios. No es justo ¿no?Tenemos q empezar a identificar a los responsables de por qué la administración funciona regular y la respuesta está en los q toman decisiones en los organismos, no en los funcionarios. Nosotros somos unos mandados.

  2. El artículo muy interesante por abordar el gran problema del envejecimiento de los funcionarios públicos. Quiero hacer los siguientes comentarios:
    1. “La mayoría del personal técnico superior está muy envejecido y no domina las tecnologías de la información y, por tanto, reclama la reposición de este personal administrativo y auxiliar”. No comparto dicha afirmación y me gustaría conocer las fuentes utilizadas. El conocimiento y uso de las tecnologías de la información necesarias para las funciones que desarrollamos los funcionarios está completamente generalizado, dado que la mayoría del trabajo se guarda en formato electrónico y se comparte por email o en plataformas informáticas. Además, actualmente los auxiliares se destinan principalmente a los puestos de dirección por lo que los técnicos carecemos de apoyo administrativo en general, con la excepción de algunos que dan servicio a grupos de técnicos.
    2. “La potencial falta de eficacia y de eficiencia de las administraciones públicas debido al envejecimiento de sus plantillas”. La falta de eficacia y de eficiencia no es debida al envejecimiento de los funcionarios, sino a la politización de los organismos públicos; la pésima y obsoleta organización interna; la dificultosa burocracia que retrasa y dificulta todos los procedimientos internos; la falta de trabajo en equipo y de compartir la información; la ausencia de trabajo por objetivos-resultados, limitándose a hacer lo que hizo el anterior o desarrollando iniciativas puntuales que pueden morir con el siguiente equipo y por último la falta de una política estratégica plurianual que dirija los recursos materiales y humanos de las administraciones hacia el interés de los ciudadanos.
    3. “Pero puede llegar un momento en que los cambios, que son tan enormes y profundos, abrumen la capacidad de adaptación profesional de las personas con una edad avanzada”. Ya nos gustaría que entrara aire fresco en las administraciones con los cambios profundísimos que se necesitan desde hace décadas. Ojalá nos pudiéramos sentir los funcionarios de edad avanzada abrumados por esos cambios enormes y profundos pero me parece que nos tendremos que conformar con los mismos procedimientos y sistema organizativo de los años 80.
    Quisiera finalizar estos comentarios diciendo que cuando una empresa quiebra todo el mundo tiene claro que los responsables de la quiebra son los del Consejo de Dirección, sin embargo el mal funcionamiento de las administraciones públicas es culpa de los funcionarios. Pues no es justo, habrá que mirar al equipo directivo del organismo público y pedirle cuentas si funciona mal. Porque los funcionarios somos unos mandados y tenemos poco o casi nulo margen de influencia para que se produzcan cambios relevantes en las administración.

Dejar respuesta