Estamos ante un escenario de futuro en que las organizaciones privadas se van a encargar del 90% de las políticas y de los servicios públicos y que, por lo tanto, van a manejar más de las dos terceras partes de los gastos públicos nacionales (en el escenario de futuro más bien gastos públicos locales y regionales). Por ejemplo, en el caso de España ahora las empresas manejan el 18,5% del PIB por la vía de las concesiones y de los contratos públicos. Es muy probable que dentro de 20 años manejen casi el doble: aproximadamente el 35% del PIB. Y, además, las vías institucionales más relevantes de interacción estarán fragmentadas de la mano de las instituciones locales,  metropolitanas o regionales. Es decir, la interacción entre el ámbito público y privado va a ser muy asimétrico ya que el ámbito público mundial estará fragmentado en miles de grandes ciudades y/o regiones y, en cambio, el sector privado va a tender a la lógica de la concentración y la prestación de servicios públicos podría quedar en manos de unas pocas centenares de grandes empresas multinacionales. Una interacción de esta naturaleza es muy preocupante ya que supondría el establecimiento de alianzas entre tigres (las multinacionales prestadoras de servicios públicos) y conejos (las instituciones públicas locales). Esta situación de futuro podría implicar que la agenda sobre la definición del bien común y del interés general estuviera más en unas pocas guaridas de los tigres (aunque afortunadamente los tigres tienen una naturaleza más bien solitaria y muy poco asociativa) que en las madrigueras de los conejos por más que éstos muestren una cierta tendencia a lógicas de carácter cooperativo. Para poder superar esta perversa lógica las propuestas serían las siguientes:

  1. Hay que resaltar que las instituciones públicas son y serán las que manejen los fondos públicos y las responsables de establecer los contratos y los términos de relación con las empresas. Esta posición privilegiada aporta mucho poder que hay que saber utilizar con inteligencia ya que puede poseer incluso la capacidad de cambiar las dinámicas naturales de concentración del mercado. Es fácil de imaginar que las autoridades locales se sientan incómodas con interlocutores privados de enormes dimensiones. Para ello intentarán alentar un sistema en que operen pocos tigres y éstos se vayan mudando en gatos (empresas más reducidas y vinculadas a determinados territorios). Es evidente que estos gatos se van a asociar para alcanzar economías de escala pero no es lo mismo para un conejo dirigir y controlar a unos tigres que a unos gatos aunque puedan estar organizados en gaterías.
  2. Pero el mercado privado no tiene que tener un ecosistema tan simple en el que solo convivan los gatos (con una tendencia natural de carácter egoísta) y las instituciones públicas pueden incentivar que éstos coexistan con las ardillas (economía social: cooperativas y organizaciones sin ánimo de lucro) que suelen ser más amables, menos voraces y de convivencia más relajada que los gatos. Aquí el elemento clave es que las ardillas sean auténticas y muy profesionales y no gatos poco competitivos disfrazados de ardillas.
  3. Las administraciones locales (con el apoyo de las instituciones multilaterales internacionales) deben ir mudando su naturaleza de conejo por el de la liebre. Se trataría de apostar por poseer unos empleados públicos, tanto de naturaleza política como de naturaleza profesional, más preparados para poseer la mayor inteligencia institucional posible. Una liebre es más rápida de reflejos que un gato. Por otra parte en el espacio público también van a ser muy relevantes las instituciones internacionales de carácter macroregional (como, por ejemplo, la Unión Europea) o mundial (por ejemplo unas renovadas ONU u OMC con una orientación más reguladora) que serán como elefantes por sus grandes dimensiones: instituciones públicas multilaterales con enorme inteligencia pero desgraciadamente bastante lentas de reflejos o de rápido cansancio.
  4. Además, existe el problema que estos animales públicos (conejos, liebres y elefantes) van a poseer patológicas tendencias esquizofrénicas en el sentido de que tienen en sus cerebros dos hemisferios que operan de manera muy distinta: el hemisferio o alma de carácter político y el hemisferio o alma de carácter estrictamente profesional. Hay que hacer un tratamiento psicológico intenso para que estos actores actúen de forma unificada y no, como en muchas ocasiones, de manera desdoblada.
  5. Siendo realistas, el mercado futuro de servicios públicos será un complicado ecosistema en el que convivirán tigres (será inevitable que existan grandes multinacionales de servicios públicos) gatos organizados o no en gaterías, ardillas organizadas o no en colonias, liebres (instituciones públicas locales inteligentes), conejos (instituciones públicas locales no tan inteligentes) y elefantes (instituciones públicas multilaterales con enorme inteligencia pero desgraciadamente bastante lentas de reflejos o de rápido cansancio). En todo caso la organización y articulación entre elefantes, liebres y conejos sería lógico que fuera la coalición dominante de este mercado de futuro de los servicios públicos.
  6. De todos modos, el problema central de tan variada zoología animal pública y privada es que cada bestia posee su propia naturaleza y sus propios valores. La única forma de convivencia pacífica sería mediante la unificación de sus valores que permitiera dejar de lado una parte de sus instintos naturales que aportan externalidades negativas al sistema público. Dicho de otra forma: el reto de futuro consistirá en la socialización de esta variado animalario para que todos (los animales públicos pero también los animales privados) tengan como máximo objetivo la aportación de valor público y la defensa del bien común y del interés general. Cada vez debería tener menos importancia que un profesional sea empleado público vinculado a un elefante, una liebre o un conejo o un empleado privado que esté asociado a un tigre, un gato o una ardilla. Todos estos profesionales van a trabajar en políticas y servicios públicos y todos deberían poseer valores de carácter público. En este sentido se trataría de domesticar a los animales privados que trabajen para el sector público y que se comportaran de forma totalmente diferente a sus congéneres que operan solo en y para el sector privado. Esto es relativamente fácil para el caso de los gatos y de las ardillas y mucho más arduo en el caso de los tigres (por este motivo hay que intentar que éstos sean muy escasos). El elemento crítico es que todos estos empleados públicos y privados tengan una formación común en valores y ética pública. Que tengan que superar un periodo de formación inicial y una formación permanente orientada a fomentar valores públicos y una forma propia de ejecutar las políticas y de prestar los servicios públicos, ya que no se atienden a clientes sino a ciudadanos.

 

1 Comentario

  1. Acertada disección del presente aunque, espero equivocarme, excesivas esperanzas en un mejor futuro. Aprovecho la ocasión para felicitarle por los, a mi juicio, excelentes artículos o posts que publica en este Blog. Enhorabuena.

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