Administración defensiva

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Administración defensivaEn un momento y un país en el que en cuanto pasa algo se busca a alguien que pague por ello (uno nunca es culpable de nada), las administraciones o, por mejor decir, los empleados públicos que están en las distintas administraciones de todos los niveles y estratos practican de una manera consciente o inconsciente  lo que se podría llamar “administración defensiva”, tomando la expresión de un amigo médico de profesión, que ante el aluvión de reclamaciones que continuamente se derivan de prácticas médicas, contaba que en la sanidad pública cada vez se practica más la ‘práctica médica defensiva’ o la “sanidad defensiva”, lo que en muchas ocasiones puede no ser practicar la mejor medicina al aplicarse protocolos, en ocasiones, obviamente innecesarios. Si desgraciadamente algo sale mal, responsabilidad objetiva, la Administración paga. Si puede haber algún indicio de responsabilidad penal, a por el médico.

Es difícil definir con cierta precisión la expresión “administración defensiva” pero, intentándolo, podemos decir que viene a ser el conjunto de prácticas administrativas que llevan a cabo los empleados públicos con el objeto de, sin menoscabar el fin último de lograr la tarea encomendada, evitar en la medida de lo posible cualquier responsabilidad o culpa sobre posibles efectos indeseados. Esto se hace en todas las administraciones a base de “aplicar el reglamento” a rajatabla o ir dejando constancia escrita de toda actuación que se haga, informar a la más mínima, o procurar que haya testigos cuando existen situaciones personales conflictivas. Igual que para los médicos aplicar el protocolo aplicable a la enfermedad diagnosticada o a los síntomas que se presentan es lo fundamental aunque no sea absolutamente necesario para el enfermo y se le inflijan en ocasiones unas molestias o perjuicios colaterales que probablemente se podrían evitar, en la Administración defensiva se aplica el reglamento a rajatabla. En términos administrativistas por una parte está muy bien porque da seguridad al que aplica la norma y el sujeto paciente de la misma sabe que ‘eso es lo que hay’. Al fin y al cabo, para eso está la norma, para aplicarla. Pero por otra parte se enlentecen los procedimientos de una manera insufrible, con lamentables consecuencias. Es decir, pongamos por caso, se establece un determinado procedimiento de apertura de establecimientos y viene el confiado ciudadano solicitando licencia para establecer un negocio. La norma dice que la licencia debe concederse en el plazo máximo de equis meses. Dependiendo de qué establecimiento se trate, ni en broma. Siempre hay un informe que no ha llegado o una notificación pendiente, algún defecto del proyecto a recomponer o alguna cuestión de cualquier tipo a solventar. El arriesgado comerciante/industrial tiene varias opciones: 1. Abrir sin licencia. 2. Aguantarse y esperar. 3. Suponer que tiene licencia por silencio positivo y que no ha incumplido el ordenamiento jurídico. Y 4. Olvidarse de la cosa. Bueno, quizás acabe esto si se aplica la Directiva de Servicios de una forma racional.

Como inciso aclararé que cuando determinados colectivos se cabrean (con perdón), en ocasiones se hace huelgas ‘de reglamento’. Curiosa forma de protesta, siempre me ha llamado la atención ese tipo de huelga. Es como decir, “¿ah sí?, ¿no se nos da lo que consideramos justo?, ¡apliquemos el reglamento a rajatabla pues!”. Lo que implica varias cosas:

  • Que la aplicación estricta de la norma es totalmente inviable ab initio para el funcionamiento normal de los servicios.
  • Que el que ha redactado a norma probablemente nunca ha salido del despacho y simplemente ha hecho una digresión acerca del deber-ser.
  • Que esa premisa es conocida por la dirección de los servicios y por los trabajadores de los mismos aunque todo el mundo mira para otro lado.
  • Que lo ‘habitual’ pues, es no aplicar la norma sino sólo algunas partes de la misma según el sentido común hispano ya que es la única forma de agilizar las cosas.
  • Que cuando se decide aplicar las normas, se produce el caos inevitablemente.

De esto se deriva la kafkiana conclusión de que el que redacta la norma desconoce la realidad que esta regulando. 0 el que la aplica, consciente de que es una norma deficiente y que no soluciona algunos aspectos de aquello que regula, se la salta en determinados casos, precisamente para que el sistema funcione. EL mundo al revés. Es decir, el aplicador ‘salva’ al regulador.

Retomando el hilo discursivo, estos problemas de la administración provienen probablemente en los siguientes factores:

  1. Un sistema de responsabilidades instituido en el que el ciudadano tiene derecho a que todo vaya de maravilla. Silogismo: si algo falla, alguien paga. Funcionamiento “normal” y/o “anormal” de los servicios públicos. Y por qué no, responsabilidades penales.
  2. La desconfianza interinstitucional o interadministrativa. Funcionarios de la Comunidad Autónoma, Estado y de la Administración Local defienden en muchas ocasiones más su estatus y a su propia institución de forma numantina, que el interés público que, finalmente,  es el interés de la Administración y de la sociedad en general sin adjetivos. 
  3. La Administración Local está en el último escalón del sistema y las ve venir por todas partes. El ciudadano cabreado –otra vez con perdón- va al Ayuntamiento como primer lugar que se le ocurre y el empleado debe aguantar el tirón como el Santo Job. Pero al mismo tiempo, agobiado por la falta de medios humanos y técnicos el empleado municipal tiene que atender una multitud de tareas, tiene que ser eso que se ha llamado especialista de lo general, saber de todo un poco sin saber de nada con el riesgo que eso tiene. Así que cuando se dirige a otra Administración superior (por más grande, no por más importante) de la que necesariamente debe recibir fondos en forma de subvenciones, difícilmente hace todo bien. La graciosa Administración concedente, a través de sus eficientes funcionarios, que probablemente tienen unas funciones muy específicamente delimitadas, no se fía un pelo de esa siempre chapucera administración local y sus siempre dudosos procedimientos, y sacan pelos a una calavera para curarse en salud. Y siempre viene a faltar algún certificado, alguna compulsa, sello, referencia, informe o  siempre hay alguna expresión de los mismos no correcta o vaya usted a saber qué. Eso se llama confianza mutua. Por no decir indigna sumisión feudal del vasallo al noble, debido a la endémica insuficiencia financiera. Se puede recordar aquella canción televisiva en la que salían cuatro personajes cantando y decían sucesivamente

Yo soy la ficha roja

yo soy la ficha azul,

yo soy la ficha verde,

¿y quién rayos eres tú?

Pues eso, la Administración Local es la del último verso.

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Ignacio Pérez Sarrión es Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia en el año 1980 y Funcionario con Habilitación de carácter Estatal, perteneciente a las subescales de Secretaría-Intervención y Secretaría de Categoría Superior. Actualmente ejerce en el Ayuntamiento de Torres de Berrellén (Zaragoza).

5 Comentarios

  1. Ignacio: es de lo mejor que he leído últimamente. Y, además de divertido (gracias por ello) es desgraciadamente verdad punto por punto.
    Al final, las Administraciones (todas ellas), con esa actitud «defensiva» (y totalmente comprobada), acaban «aburriendo a las ovejas», con lo que el ciudadano -si le dejan- va a la suya.
    Felicitaciones por el gracejo empleado…

  2. Los legisladores legislan fuera de la realidad porque están fuera de la relidad por un sistema po´lítico en que nadie es responsable de nada. Y nunca he entendido por qué e la Administración española todo ha de ir por escrito: ¿por qué nunca vale una entrevista oral? ¿Por qué por ejemplo para que un candidato a hacer un máster universitario demuestre que sabe inglés ha de presentar cierto certificado coplicadísimo y además falseable y no se deja que quien ha de admitirlo simplemente compruebe por sí mismo en una entrvista si el candidato sabe expresarse en esa lengua? ¿por qué un funcionario puede dar fe de que algo es cierto mediante una compulsa escrita y no puede dar fe de que el cndidato cumple el requisito que se exige? He aquí la respuesta: por la práctica de la administración defensiva. Nadie quiere ser responsable de nada. Y la Administración está al servicio de la realidad, de los ciudadanos, no de los propios intereses de los funcionarios.

  3. ¿Y cual es la receta para evitar el que se recurra a esta formula?. Los partidos políticos (todos en general) han construido un entramado en las administraciones públicas de tal modo que tanto a nivel individual como en el colectivo nadie se atreve a hacer frente a los que ocupan los puestos de dirección, que en su inmensa mayoría son ocupados por «súbditos» al servicio de las distintas Direciones Generales, y para colmo el mayor número de profesionales de la información se dedican a enfrentarse unos con otros a favor u en contra de los diferentes partidos políticos. En resumen, en los últimos 25 años se ha conseguido en todo el mundo occidental que lo básico sea lo superfluo y viseversa, que lo superfluo sea lo básico. Las profesiones que sirven para sustentar, proveer, sanear y formar al individuo son consideradas como de segundo orden y aquellas que se basan en el papeleo, en las frases demagógicas, en los supuestos planes de prosperidad, en las actividades bursátiles, en las que realizan los intermediarios en todos los mercados de productos, en las de «mangoneo bancario», en las de representatividad política, y no digamos nada en las deportivas de élite son consideras, tratadas y compensadas económicamente como las mas importantes.
    Ante esta realidad, solo cabe una solución: formar un frente común todos aquellos que no pertenecemos a ninguno de estos grupos y tener fuerza y arrestos para incluso formar un partido político que si nos lo propusieramos podría decantar el panorama del lado de lo que debería ser el ideal de cualquier País, conseguir un «Justo y equitativo reparto de la riqueza».
    Ayer estaba leyendo la historia del Titanic en 1912, casi un siglo pasado, y me quedé pensativo cuando leia que un obrero de la construcción del barco cobraba 96 libras al año y el comandante que luego dirigiría el barco cobraba 1.000 libras, al igual que los ingenieros que formaron el proyecto del navío. Pues bién, trasladando ese ejemplo a nuestros dias, ¿sabeis cual es la diferencia que existe a día de hoy entre un obrero, comparado con las remuneraciones de un ejecutivo de cualquier gran empresa?, en aquella época era de 10 veces mayor, hoy superaría en bastantes mas veces tal diferencia. ¿Y quien ha sido el que poco a poco ha consentido el que esto suceda?, sincera y sencillamente todos los gobernantes que han ido tejiendo el actual sistema de reparto de bienes en el cual han cooperado toda la clase de élite del Pais incluido la clase periodistica, enteraros de lo que cobran los principales directores de prensa y medios de comunicación, e incluso los llamados «comentaristas de mesas redondas» tanto en radio como en televisión, en media hora escasa que dura un programa gana bastante mas que cualquier obrero mileurista, es fácil comprobarlo, y no digamos nada de la locura que está invadiendo el mundo del deporte, ¿como se puede explicar que un futbolista gane esas cantidades tan monstruosas por solo darle patadas a un balón? , y que nadie me salga con la «cantinela» de intentar decirme que ese futbolista genera muchas riquezas, ¿y quien me puede medir la riqueza que genera un médico cuando realiza su trabajo, o un docente cuando instruye y educa a miles de ciudadanos? ¿o la que nos ofrecen con su trabajo dia a dia agricultores, pescadores, ganaderos, panaderos, cocineros, investigadores, cientificos, etc.etc.?. El mundo al servicio de los «APROVECHADOS DEL SISTEMA». Y todos tenemos la solución en nuestras manos si somos capaces de formar un frente común, seguro que no tendriamos que recurrir a ninguna ambigua forma de aparentar enfermedad o malestar alguno.
    Así es como se desterraría el recurso de la «Administración defensiva», de lo contrario todos nos encontraremos con lo que se merecen aquellos que «hablan, charlan, comentan…bla..bla..bla» pero no actuan. En resumen, más de lo que existe.

  4. Acertadísimo en todos sus puntos. Añadir no obstante algo que constato en ésta considerada como Administración menor: Pese a nuestro escaso tiempo por lo diverso de nuestra actividad diaria, nuestro RIGOR en la interpretación de la norma, nuestra lucha por el principio de LEGALIDAD choca con la visión que le dan a nuestros políticos cuando van a otros organismos y siempre le dicen «… Dile a tu Secretaria que no ponga más pegas… y que firme ¡¡ YA !!..». Un ejemplo, la ley de la dependencia y su aplicación, pretenden que con una mera comunicación verbal de la trabajadora social se contrate a las prestadoras del servicio y les digo qué donde está la resolución, que no tengo crédito, que tendré que generarlo… Respuesta, nadie ha puesto pegas, hay que contratar que esta persona está muy necesitada, vayamos a que luego digan que por nuestra culpa no se le presta el servicio…y respecto a las subvenciones Ignacio, que decir, todo vía telemática, TENGO ADSL RURAL, pese a la segunda o es la tercera modernización de Andalucía? Y esos funcionarios de la Junta que te dicen pero es que tienes que enviarlo ASI… y yo es la segunda o quinta vez que me quedo colgada…Y que decir de la rendición de Cuentas, valida los ficheros XML, tres mañanas, diez, tengo plazo todavia, errores estructurales, incidencias contables, pregunte a su suministrador de software…y al final la rindes telemática o en cd, como puedas, pero lo mejor, cantidad de pueblos no la rinden, salen en los listados y no pasa nada, pero nada y te dice tu alcalde, lo ves, ya te decia yo que no pasaba nada y tú venga a «perder el tiempo con eso».. ¡AY! pero en qué estaria yo pensando para meterme en esta administración LOCA…l?

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