Después de haber empujado a toda Cataluña a un debate tenso y grave, después de haber paralizado durante meses la actividad de la Generalitat, después de haber hecho un daño significativo al conjunto de la economía española al aumentar la incertidumbre y la desconfianza, después de haber colaborado a empobrecer y dividir aún más a sus ciudadanos, al final llegan los ciudadanos y le infligen a Mas un severísimo castigo electoral. Pidió una mayoría excepcional para llevar a cabo sus sueños inflamados y termino obteniendo un pésimo resultado. Parte de sus votantes no han entendido ese juego de ruleta rusa independentista y han decidido dar sus votos a otras fuerzas políticas, siendo ERC ala más beneficiada. Para jugar al independentismo, habrán pensado muchos, mejor Esquerra, verdadera triunfadora de las elecciones. Mas ha trabajado para ellos, para cebar su resultado, como sin duda se encargarán de recordar sus rivales internos. Algún portavoz de los partidos rivales ya lo ha bautizado como el mejor candidato de ERC.

Al no haber dimitido, el signo del fracaso le acompañará durante la legislatura que comienza. La fórmula por la cual sacrificó una legislatura para la que tenía suficientes apoyos se ha desmoronado con estrépito, por mucho que durante los primeros días veamos el esfuerzo de la cúpula convergente por mantenerla viva, cuando ya todos sabemos que se trata en verdad de un muerto viviente, de un zombi sin rumbo ni sentido, que los suyos tendrán que enterrar más pronto que tarde, antes de que el daño que cause – porque seguirá haciéndolo – sea ya irreparable.
Se creyó providencial. Él sería el hombre, el héroe, que conduciría a su pueblo hasta la independencia ancestralmente deseada. Tenía una legislatura tranquila por delante, con el apoyo del PP para sus presupuestos y apoyos puntuales de otros grupos para cualquier otra iniciativa. Pero se convenció – o lo convencieron, lo cual sería aún más peligroso – de que existía el caldo de cultivo suficiente para jugar el órdago ante Rajoy: o pacto fiscal o disolución del Parlament. Pues disuelve el Parlament o haz lo que quieras, le respondió Rajoy, pero de pacto fiscal, nanai de la China. Mas salió feliz de su desencuentro en Moncloa, pues ya tenía la excusa que tanto ansiaba para convocar las elecciones que lo inmortalizarían. Y vaya que si lo han inmortalizado. No se recuerda un ridículo electoral de tal entidad por estos lares.

Mas se ha metido en un callejón sin salida. Si se apoya en ERC terminará cediéndole votos y enfadando a sus propias bases, al tiempo que cebará la desconfianza en la gestión de su gobierno. Pero hace tiempo que la President ese tipo de cuestiones no le interesan. Desposeído de todo crédito, seguirá como un muñeco automático con pilas de larga duración enarbolando la bandera que creyó predestinada para él, la de la independencia. Las bases de CiU tienen un grave problema y se llama Mas, el mejor candidato de ERC. Ya veremos cuánto les dura.

Cuando un perdedor se adentra en el lado patético, suele comportarse patéticamente. Tras reconocer que los catalanes no le habían concedido la mayoría excepcional que solicitaba, Mas siente la tentación de arrojarse a los brazos de ERC para acelerar el proceso de la independencia. Sería una decisión suicida que muchos de los cargos de su propio partido no le tolerarán. Si al final coge esa vía, la protesta interior en los convergentes aumentará hasta convertirse en un clamor. Si no dimite, lo dimitirán, y si no, al tiempo. Las bases burguesas de CiU y el pequeño empresario que los apoya no tienen nada que ver con el ideario político de Esquerra, de la que desconfían y a la que critican duramente por su acción política en el tripartito. Otras opciones para formar gobierno sería con el PSC – muy complicado – o con el PP – imposible, porque le obligaría a abandonar su deriva independentista -. Los independentistas de verdad afilan sus cuchillos. No le permitirán ninguna vacilación. Mas ya es su rehén y hará por ellos lo que le pidan. CiU sólo tiene una opción: enviar a Mas a su casa cuanto antes y retomar el camino de la sensatez.

A CiU siempre le fue bien mientras fue un partido de centro-derecha catalanista. Echarse en los brazos de ERC puede suponerle un auténtico suicidio. Con los republicanos sólo tiene un punto en común: la independencia. A partir de ahí las coincidencias se acaban. ERC no apoyará ni una sola de las políticas de ajuste que tiene que seguir haciendo la Generalitat. ¿Cómo gobernará ahora CiU? Mucho nos tememos que la crisis institucional catalana que se avecina ahondará aún más su grave crisis económica. Aunque intentarán responsabilizar a Madrid de todos sus males, los ciudadanos catalanes serán testigos del descrédito interno e interno de un gobierno imposible. Desgraciadamente, el sueño de Mas ha terminado produciendo unos monstruos que puede devorar a la trabajadora sociedad catalana.

1 Comentario

  1. Buenas.
    Como Algodonaleño afincado en Cataluña desde hace 4 años y como dice el refrán, mi mujer es de aquí, luego está complicado que vuelva a la tierra de los Atlantes. Intento desde hace algún tiempo entender el comportamiento independentista catalán y la verdad que la propaganda intelectual en materia económica y social sobre el futuro de un hipotético estado catalán es bastante optimista. Aquí hay muchísimos analistas (y no son un cualquiera) que «casi» me convencen de que son los mejores del mundo en todo y hacen las cosas mejor que nadie (puede ser verdad, un ejemplo es el Barça), imaginaros la influencia sobre la gente que sí es de aquí.
    Yo me pregunto, ¿por qué no escucho nunca a analistas intelectuales que defiendan la unión (con demostraciones) en el resto de España? (y suelo escuchar y ver más los medios nacionales).
    Aquí pueden ver un ejemplo de a lo que me refiero:

    http://www.tv3.cat/videos/4411291/Agusti-Bordas-Raons-per-a-lestat-propi

    Saludos.

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