De vuelta al trabajo. Poco a poco, la arena, hamacas, toallas, sombrillas, palas y mojitos se van recogiendo en nuestros recuerdos; y vamos volviendo a la diaria rutina, ansiada para unos, odiada para otros.

El café de máquina, el periódico, los churros –para aquel que se los pueda permitir- van ganando terreno irremediablemente. El verano deja paso a las dietas, gimnasios, divorcios, y a las fotografías llamadas actualmente “de postureo” tomadas con el móvil que han venido a sustituir a las ya denodadas fotografías de antaño.

Sin embargo, para muchos españolitos de a pie, esta vuelta a la normalidad que ya de por si afecta a un porcentaje superior del 50% de población con la denominada depresión postvacacional, se quedan muy cortos cuando el todavía bronceadito español se encuentra de nuevo –como si los meses no hubiesen transcurrido- con aquellos macro problemas que quedaron atrás en espera de que el tiempo los hiciese desaparecer como si de una mala pesadilla se tratase.

No hemos ni guardado todavía las maletas en el trastero, cuando nuestros señores políticos nos recuerdan que sorprendentemente tras dos elecciones generales esta sufrida España nuestra se encuentra todavía sin gobierno oficial.

La maltrecha economía, el aumento de la deuda pública, el terrorismo, el paro… que dejamos hace unos meses siguen estando ahí.

La vuelta al cole, no va a ser fácil; esta ausencia de gobierno, parece prever los futuros nubarrones que se avecinan, como si nadie quisiese lidiar este feo toro que resta por salir al ruedo.

No podemos olvidar que sobre nuestra economía pende la amenaza de Europa de imponer sanciones si no se cumple con la exigencia europea de baja del déficit.

La Comisión Europea exige un ajuste estructural del 0,5 del PIB para el año próximo y un 0,5 adicional para el segundo, lo que a todas luces parece que no va a ser posible.

Si algún día tenemos gobierno -¡Dios, así lo quiera!- las subidas de impuestos y consiguientes recortes de gasto público no tardarán en producirse; no olvidemos que  la salida de Gran Bretaña de Europa ha conllevado el dejar de ingresar 14.000 millones de euros a las arcas europeas y esta cantidad a buen seguro deberá ser pagada “a escote” por el resto de socios comunitarios.

Por otra parte, la ya denominada por muchos economistas recesión mundial empieza a hacer mella en países tales como Francia, Italia, incluso Alemania, cuyo crecimiento ha bajado notablemente respecto de sus previsiones. Si estos socios que, no olvidemos, están ayudando a España fallan, la repercusión será inevitable.

Pero por contrario de lo que parezca no es deseo de quien suscribe caer en el referido porcentaje del 50 y tantos por ciento de depresión postvacacional, tenemos que apostar por el futuro y en nuestra mano está el poder detener esta situación.

En lo que a las Administraciones Públicas respecta es una obviedad que éstas deben reducir su déficit. Las únicas vías para reducir el déficit pasa por aumentar los impuestos o recortar los gastos.

Respecto de estos últimos, la modernización y transformación de nuestras Administraciones Públicas no sólo son necesarias sino que es urgente su aplicación en todas aquellas en las que todavía no han sido implantadas estas nuevas tecnologías. La racionalización del gasto, el aumento de la eficiencia, la productividad y la transparencia son principios que deben ser prioritarios en nuestras administraciones públicas.

Las Administraciones deben aplicar las innovaciones tecnológicas de forma prioritaria con el objeto de economizar no sólo el tiempo de tramitación de sus expedientes, sino de reducir los costes que todo ello conlleva.

No caigamos en el pesimismo. Como dijo la Madre Teresa de Calcuta “El futuro no está en nuestras manos. No ejercemos poder sobre él. Sólo nos queda actuar, aquí y ahora.”

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