Guía Práctica para la Planificación Presupuestaria de las Entidades LocalesRecientemente hemos tenido conocimiento de la publicación de este libro cuyos reconocidos autores son José Manuel Farfán Pérez (Tesorero General de la Diputación de Sevilla y del Organismo Provincial de Asesoramiento Económico y Fiscal) y Alfredo Velasco Zapata (Economista de la Unidad de Asesoramiento Económico a municipios del OPAEF) y que, tras la entrada en vigor de la normativa de estabilidad presupuestaria, sin duda nos ayudara a hacer un diagnóstico económico-financiero eficaz y a lograr el equilibrio financiero, lo que es imprescindible en estos tiempos de crisis.

La pérdida en las Entidades Locales del equilibrio financiero, propiciada por la crisis económica actual, ha hecho que la gestión financiera tenga ahora un papel principal, no como antes que era secundario a la prestación de los servicios públicos de forma eficiente.

Además la falta de equilibrio financiero está produciendo una crisis de liquidez en las Entidades Locales y una pérdida de imagen de las mismas desde el punto de vista de algunos terceros como las entidades financieras, los proveedores o la ciudadanía; lo que está motivando una demanda incesante de planes de reequilibrio en la mayoría de las Entidades Locales, fundamentalmente de planes de saneamiento.

La gestión financiera necesita una herramienta de diagnóstico, y una pormenorizada descripción del marco legal de las operaciones de crédito, como paso previo para la elaboración de planes económicos-financieros.

Por todo ello, esta guía tiene como objeto mostrar a través de ejemplos prácticos la elaboración de los distintos tipos de planes económicos-financieros a largo plazo que se dan en las Entidades Locales.

2 Comentarios

  1. He tenido la ocasión de leer la obra de nuestro compañero y buen amigo José Manuel Farfán y me ha producido una grata satisfacción comprobar que ahora ya existe un trabajo, práctico y realizado por expertos que nos puede proporcionar una gran ayuda a la hora de tener que poner el corsé a nuestras extenuadas arcas municipales y procurar reconducir el desmadre al que se ven abocadas por la secular escasez de recursos con que cuentan las Haciendas Locales y la inagotable fuente de demandas de servicios que prolifera y a la que los políticos locales no saben o no quieren sentirse ajenos, sino más bien cómplices o cooperadores necesarios y que la mayoría de las veces, sin el más nimio criterio planificador a largo plazo, desbordan la capacidad de atención o encaje de cualquier presupuesto.

    Estas prácticas tan asentadas tarde o temprano dan al traste con la gestión presupuestaria y generan las consabidas tensiones que dan lugar a los déficits característicos que nos conducen al callejón sin salida del plan de saneamiento financiero.

    El problema, sobre todo en las pequeñas entidades, es que hay muchos asuntos que gestionar y todo no se puede llevar a la práctica. Hay que seleccionar y optar por los problemas más acuciantes. Si a ello le añadimos que el tema de los números suele ser áspero, poco valorado por los responsables políticos, (porque da lugar a indeseables retratos de la mala gestión económico presupuestaria) y que conlleva un enorme esfuerzo y dedicación que nadie va a agradecer, solamente el propio funcionario que tendrá la satisfacción de haber reconducido una situación que devendría progresivamente en insoportable, es fácil abandonar al enfermo a su suerte y, si se ponen las cosas muy crudas, concursar a otra plaza y que lo arregle el político imprevisor.

    Yo me vi en esa tesitura el ejercicio 2008 y tuve que salir «solo» del paso y creo que algo he conseguido. Al final del período seisenal del plan abordado espero que se obtengan los resultados previstos, incluso antes. Digo sólo porque a todo el mundo al que acudía me daban muy buenas recetas pero no había un guión específico que seguir. Recuerdo que en la Administración del Estado me decían, (desde luego, no sin razón), que el que mejor podría abordar un plan de saneamiento de un ayuntamiento era el propio interventor de la entidad, que es el que mejor conoce al enfermo. Pero poco más. En definitiva, que me lo tuve que guisar soluco, pero salió.

    Cuento todo esto porque en aquel momento me habría sido de gran utilidad disponer de un libro como el que ha publicado José Manuel Farfan ya que no existían herramientas sencillas y prácticas como este trabajo que comento.

    Por todo ello no me queda más que agradecer la publicación de esta obra y recomendarla a todos los profesionales de la gestión presupuestaria local y por supuesto a los políticos, que en última instancia son los que tienen la capacidad de aplicar la máxima que aprendí hace muchos años en la Facultad de Derecho de Valladolid de que la Economía es la ciencia que tiene por objeto el estudio del empleo de unos recursos escasos y susceptibles de usos alternativos. Muchas gracias, José Manuel.

  2. He tenido la ocasión de leer la obra de nuestro compañero y buen amigo José Manuel Farfán y me ha producido una grata satisfacción comprobar que ahora ya existe un trabajo, práctico y realizado por expertos que nos puede proporcionar una gran ayuda a la hora de tener que poner el corsé a nuestras extenuadas arcas municipales y procurar reconducir el desmadre al que se ven abocadas por la secular escasez de recursos con que cuentan las Haciendas Locales y la inagotable fuente de demandas de servicios que prolifera y a la que los políticos locales no saben o no quieren sentirse ajenos, sino más bien cómplices o cooperadores necesarios y que la mayoría de las veces, sin el más nimio criterio planificador a largo plazo, desbordan la capacidad de atención o encaje de cualquier presupuesto.

    Estas prácticas tan asentadas tarde o temprano dan al traste con la gestión presupuestaria y generan las consabidas tensiones que dan lugar a los déficits característicos que nos conducen al callejón sin salida del plan de saneamiento financiero.

    El problema, sobre todo en las pequeñas entidades, es que hay muchos asuntos que gestionar y todo no se puede llevar a la práctica. Hay que seleccionar y optar por los problemas más acuciantes. Si a ello le añadimos que el tema de los números suele ser áspero, poco valorado por los responsables políticos, (porque da lugar a indeseables retratos de la mala gestión económico presupuestaria) y que conlleva un enorme esfuerzo y dedicación que nadie va a agradecer, solamente el propio funcionario que tendrá la satisfacción de haber reconducido una situación que devendría progresivamente en insoportable, es fácil abandonar al enfermo a su suerte y, si se ponen las cosas muy crudas, concursar a otra plaza y que lo arregle el político imprevisor.

    Yo me vi en esa tesitura el ejercicio 2008 y tuve que salir «solo» del paso y creo que algo he conseguido. Al final del período seisenal del plan abordado espero que se obtengan los resultados previstos, incluso antes. Digo sólo porque a todo el mundo al que acudía me daban muy buenas recetas pero no había un guión específico que seguir. Recuerdo que en la Administración del Estado me decían, (desde luego, no sin razón), que el que mejor podría abordar un plan de saneamiento de un ayuntamiento era el propio interventor de la entidad, que es el que mejor conoce al enfermo. Pero poco más. En definitiva, que me lo tuve que guisar soluco, pero salió.

    Cuento todo esto porque en aquel momento me habría sido de gran utilidad disponer de un libro como el que ha publicado José Manuel Farfan ya que no existían herramientas sencillas y prácticas como este trabajo que comento.

    Por todo ello no me queda más que agradecer la publicación de esta obra y recomendarla a todos los profesionales de la gestión presupuestaria local y por supuesto a los políticos, que en última instancia son los que tienen la capacidad de aplicar la máxima que aprendí hace muchos años en la Facultad de Derecho de Valladolid de que la Economía es la ciencia que tiene por objeto el estudio del empleo de unos recursos escasos y susceptibles de usos alternativos. Muchas gracias, José Manuel.

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