La FEMP exige a las Comunidades Autónomas que se impliquen en la financiación de los Entes Locales

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La FEMP exige a las Comunidades Autónomas que se impliquen en la financiación de los Entes LocalesAyer martes se ha reunido la Comisión Ejecutiva de la Federación Española de Municipios y Provincias en Gijón. Se ha tratado el análisis del Anteproyecto de la Ley Básica del Gobierno y la Administración Local y la situación actual de la financiación de los Gobiernos Locales.

En dicha reunión, Heliodoro Gallego, Presidente de la FEMP, manifestó la necesidad de una mayor implicación de las Comunidades Autónomas en la financiación local.


El Presidente de la FEMP, Heliodoro Gallego, justificó esta petición, en la rueda de prensa posterior a la Ejecutiva, señalando que gran parte de los “gastos impropios” de los Ayuntamientos provienen de competencias ya transferidas a las Comunidades Autónomas. Gallego pidió que en la reforma de la financiación local se tenga en cuenta que casi un 27% de los gastos de los Ayuntamientos se destinan a servicios que no son de su competencia.

Parece este un mal endémico, puesto que la mayoría de los nuevos servicios que surgen de modo tácito, los ha de asumir los Entes Locales, sin una correspondiente contraprestación económica de las Administraciones Central y Autonómica.

Para contrarrestar este déficit, recientemente (como aparece en la Revista de esPublico número 23), el Vicepresidente Solbes acordó un adelanto de 860 millones de euros.

3 Comentarios

  1. Desgraciadamente no podemos equiparar la capacidad económica de un Ayuntamiento pequeño, mediano o grande. Existe evidentemente una clara y endémica escasez de mecanismos que permitan allegar recursos financieros a los Ayuntamientos. Alguien dijo hace al menos quince años (y suscribo su opinión porque tenía toda la razón), que la Administración Local Española, en lo que se refiere a los pequeños Ayuntamientos, es una «administración mendicante». Y la aseveración es plenamente vigente hoy. Los Alcaldes van de despacho en despacho y dependen de su posición política no ya en la institución correspondiente sino en el propio partido para obtener la «subvencioncilla» que le permite acometer esto o aquello, porque con los recursos propios le llega justo para los gastos corrientes. Una pena, una desgracia, porque además:
    1. Se crea un clientelismo político inevitablemente.
    2. No se acomete con decisión un sistema que pide a gritos su reforma, precisamente porque a pesar de sus declaraciones, quienes tienen que modificarlo están a menudo perpetuando, consciente o (por no ser excesivamente mal pensado)inconscientemente el sistema.
    3. Provoca efectos colaterales adversos como financiación espúrea a través de mecanismos urbanísticos lo que provoca uno de los factores de aumento del precio del suelo. Luego nos llevamos las manos a la cabeza…
    4. Subliminal o subconscientemente se considera mejor Alcalde a sí mismo y frente al elector el que más subvenciones consigue.
    5. Se elimina la responsabilización política por el uso de los recursos: como Alcalde no «aprieta» fiscalmente a los contribuyentes pero tiene la habilidad de conseguir financiación por los despachos. Y el que da graciosamente la financiación, nunca le pregunta al Alcalde lo siguiente: ¿Usted ya obtiene todos los recursos que puede a través de sus impuestos locales…? ¿Qué nivel de esfuerzo fiscal por habitante existe en su localidad..? O dicho de otro modo, y como ejemplo, ¿aplica Vd. el Impuesto de Plusvalía? ¿Tiene Vd. el IVTM en niveles medios adecuados?

    ¿Qué sentido tiene que el Sr. Solbes dé en esta ocasión una propinilla adicional a los Ayuntamientos…?

    Y otro problema es el de las competencias de los entes territoriales, el sentido de las Diputaciones y la eficacia y eficiencia de las Comunidades Autónomas, pero eso es objeto de otro debate…aunque, evidentemente, relacionado. Al Consejero de turno no le llega el vecino diciendo que hace frío en el consultorio médico, le llega la queja al Alcalde que al final y viendo que si lo tiene que hacer el Consejero se pasa el invierno y aun no ha se ha solucionado el asunto, y sin tener que ver nada en el tema porque no es cosa suya, cambia la caldera a su costa. Y aun tiene que agradecer -si es que ha tenido suerte- a la Consejería de Sanidad la «ayudica» que le ha dado para algo que le competía en exclusiva a la misma. O, ¿seguimos comentando?

    Es una visión absolutamente pesimista porque lo que resulta evidente es que lo triste es no se quiere solucionar.

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