La tijera territorial y otros recortes convenientes

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Recorte en ItaliaA buen seguro que ilustres comentaristas de este blog, que con anterioridad ya han expresado su opinión sobre la reducción del mapa municipal o provincial, saltan a la arena con más autoridad que yo para comentar la propuesta del Gobierno Berlusconi y su extrapolación a una España con similares dificultades financieras a las que motivan el proyectado recorte en los despachos romanos.

Pero ya que guardo estrecha relación académica y personal con Italia, donde he estado hasta hace un par se semanas, me permito realizar alguna aclaración a los datos de prensa que han llegado a nuestro país, por si pudieran ser de utilidad. Y luego añadiré algo de mi exclusiva cosecha, lo que significa que es opinable y rebatible, naturalmente.

Italia, que este año ha celebrado el 150 aniversario de su unificación, tiene una vertebración administrativa relativamente similar a la que, con argamasa histórica bien variada, nos hemos dado por estos pagos. Cuenta con 20 regiones, lo que es casi lo mismo que nuestras 17 Comunidades Autónomas más Ceuta y Melilla. Más parecido aún, por no decir idéntico, es el número de municipios -8.094-, pese a la menor superficie del territorio italiano. Y en cuanto a las provincias, sí se aprecia disparidad numérica ya que duplican con creces nuestras 50. Allí existen, al día de hoy y mientras el Parlamento no diga lo contrario, 110.

La propuesta gubernamental aboga por suprimir, o mejor fusionar, aquellas provincias con menos de 300.000 habitantes, salvo que cuenten con una extensión igual o superior a 3.000 km2. Ello supondría eliminar realmente 29 demarcaciones y sus consejos provinciales (llamados Diputaciones hasta el final de la II Guerra Mundial), porque a las 37 entidades con menos de 300.000 pobladores habría que restar las 8 provincias cuyo territorio rebasa los 3.000 Km2. No obstante, desaparecerían algunas provincias emblemáticas donde existe sentimiento de pertenencia y cito, por proximidad sentimental, el caso de Piacenza, en la Emilia-Romaña.

El avance de lo que quiere hacerse con los municipios, indica que se busca una nueva división donde desaparezcan todos aquellos que no lleguen a las mil almas. Lo que recuerda el mandato del artículo 310 de la Constitución de Cádiz, a la hora de implantar necesariamente Ayuntamientos en los lugares que contaran con ese número de pobladores. Silvio Berlusconi pretende llevarse por delante a 1.968; guarismo peligroso por sus reminiscencias contestatarias en el mayo francés. De hecho prefiere hablarse –y es cierto que hay fluctuaciones a diario- “de unos 1.970 municipios afectados”.

Parece que alguna voz en el propio Gabinete era proclive a un recorte más severo. Recuerdo que, desde hace más de sesenta años, las provincias son entidades a extinguir en Sicilia y ahí siguen (aunque ahora la región pueda perder dos). En cuanto a los comuni hay opiniones en el sentido de que, una vez adoptada una decisión de tal calado, podría elevarse la cifra mínima de habitantes a 3.000 o, incluso, a 5.000. Pero tal medida crearía un problema nada baladí en el municipio de Campione d’Italia (traducido sería Muestra de Italia), de solo 2.270 vecinos y completamente enclavado en la Confederación Helvética, aunque perteneciente a la provincia de Como en la región lombarda.

También se ha planteado en estos días, sin duda malévolamente porque la respuesta era obvia, qué iba a pasar con el Valle de Aosta, región francófona de estatuto especial y que, en la jerga administrativa hispana, denominaríamos comunidad uniprovincial; ya que no llega a los 300.000 habitantes. La contestación ha sido inmediata: el Valle de Aosta no es una provincia; es una región indivisa regida por una ley constitucional y que no entra en las medidas de ajuste.

Como anécdota cultural, o sentimental que nos afecta a los españoles –y particularmente a los aragoneses- mucho habría que elevar el listón censal –hasta 15.000- para que desapareciera el Comune di Castenaso, en la provincia de Bolonia, donde está, en medio de una zona dominantemente agrícola, el lugar de la Madonna di Castenaso, que no es otra que la Virgen del Pilar, cuya advocación impuso allí hace no pocos siglos, un rector del Colegio de España. En esta iglesia del Pilar se casó, por cierto, Rossini, el autor de El Barbero de Sevilla, en 1822.

Y ya que hablamos de asuntos españoles. ¿Nos vamos a atrever aquí a hacer algo similar? No han faltado ya opiniones de todo signo, comenzando por los representantes de los pequeños municipios. De mano, recordemos que la Constitución de 1978, dejó la espinosa cuestión de las fusiones y segregaciones municipales en manos de las Comunidades Autónomas, con lo que habría que preguntarse si cabe –y entiendo que sí-, armonizar, en sentido lato, un umbral mínimo de población, territorio o recursos para todo el ámbito estatal. En cuanto a las provincias, cuyos límites originariamente fijados por un Decreto, hoy son esclavos de ley orgánica, es evidente que se requieren reflexiones serias –como aquí se han vertido en distinto sentido- y no apresuradas ante los terrores impuestos por los mercados. Pero es evidente que ese “nivel intermedio” no debe crecer; justamente lo contrario de lo que, aunque ahora en la nevera, se viene pretendiendo con el número de vegueries en Cataluña.

Lo peor no es que existan múltiples escalones, sino su disfuncionalidad, solapamientos, duplicidades, conflictos… Y todo hay que decirlo: las “liberaciones” de los políticos. Llevo algún tiempo interesándome por el número de ediles, diputados provinciales y cargos comarcales que solo viven de la política y las cifras marean. No es el chocolate del loro como pretenden hacernos creer los partidos políticos que facilitan, así, el modus vivendi, a no pocos afiliados. Hay, desde luego, metros de género para recortar… generosamente.

Pero lo dicho para los ámbitos locales territoriales vale también –y ahí mi opinión personal que en absoluto es nueva- para las universidades, que son infinitamente más caras que muchísimos ayuntamientos. En España sobran la mitad de instituciones académicas superiores. La docencia e investigación de calidad no se improvisa ni surge, como hongos, por poner unos edificios en un descampado travestido en campus. Y si ya es insostenible un conjunto de facultades sin alumnos y, que, paradójicamente, aunque se les inyecte dinero público, siguen ayunas de medios y de equipos punteros, aún es más impresentable el modelo político interno. Hay universidades con más vicerrectores que ministros tiene el Gobierno; centros con cuatro y cinco vicedecanos; departamentos con no menos subdirectores. Y mil momios más que otro día describiré. Naturalmente, aunque modesto, existe un complemento para todos esos miles de cargos que pueblan la docencia superior en España. La politización es tal que no es difícil oír hablar de mayorías y minorías en departamentos de tres al cuarto. Como si toda esa burocracia no pudiera simplificarse y profesionalizarse, quedando los cargos unipersonales como algo honorífico y, por qué no, simplemente rotatorio. La única remuneración, llegado el caso, debiera ser la reducción de docencia. Pero decir estas cosas, levanta ampollas. Y si no, que le pregunten a mi maestro, el profesor Sosa Wagner, cuando con valentía se atrevió a cuestionar en un gran ensayo, El mito de la autonomía universitaria.

Reflexionemos sobre los recortes necesarios, equilibrando sensatez y audacia. Pero pongamos todas las cartas encima de la mesa. Sin ningún tabú ni bula supuestamente expedida en nombre de la cultura, la calidad, la excelencia u otros velos del rey desnudo.

5 Comentarios

  1. Muchas gracias. Tan solo un matiz: las provincias españolas se crearon por una simple Circular, de noviembre de 1833, del entonces Secretario de Estado de Fomento Javier de Burgos (del efímero Gobierno de Cea Bermúdez).

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